Duelo y adiós
Con "Lost" se termina un programa, un fenómeno televisivo y una historia emotiva.
Sabíamos que iba a pasar algún día, Lost se terminó. "The End" se imprimió al final de un episodio y, por una vez, la vocecita de la productora Bad Robot se tomó un minuto de silencio al final del capítulo. Y ya.No hay prácticamente nada nuevo para escribir sobre la serie y un final del que mucho se ha hablado ya en blogs y sitios y redes y mails y notas y revistas y chats. Pero escribir por última vez sobre el programa más importante de la TV en lo que va de este siglo es un deseo atravesado más por la emotividad que por el deber periodístico. Un capricho que funciona como duelo.
En este caso, entonces, el spoiler es doble: lo que sigue no es un completo comentario del último capítulo pero si no lo viste, por las dudas, no sigas leyendo; y nada de lo que sigue se dispone a desmembrar cada aspecto de la serie, sino que es un antojadizo texto final, una oda de fan que demora la última página del libro que leyó por seis años. Porque, como en las buenas novelas, lo principal que lograron los creadores fueron personajes con los que desarrollamos vínculos emotivos. Hasta la exasperación y la ira que puede despertar Ben Linus respondió a eso. Y así, la despedida respetó esa idea y priorizó un adiós lento de sus personajes, como un barco que se aleja de la costa mientras nosotros nos quedamos con los pañuelos blancos en el puerto (moviéndolos al viento en señal de adiós, pero también sonándonos los mocos).No todos fueron con justicia tratados por los guionistas, es verdad, se podría señalar que dos entrañables como Sayid y Sawyer tuvieron escenas finales un poco mezquinas, o que Walt brilló por su ausencia (probablemente, el niño de entonces tiene hoy 20 y pico, altura de jugador de básquet y barba tupida), o que de repente Miles, que nunca fue tan importante, se robó demasiadas líneas de diálogo de la final. O que, o que.Se podrían señalar esa y varias cosas más, pero ¿acaso no tuvimos una última imagen de una Kate arriesgada, un Locke empecinado, un Sawyer en acción, un Jack héroe pero que también da un paso al costado, un Hurley glorioso, un Desmond inspirado y trascendente? Muchos fans alterados se sintieron "estafados" cuando descubrieron que la línea de tiempo paralela de esta sexta temporada no tenía ninguna función en la misma historia. Pero se olvidan de algo: su función fue mostrarnos una última imagen de cada uno de los losties felices, redimidos. Un lugar y tiempo en el que los culpables son inocentes, los que se aman están juntos, los crueles son solidarios. Una última imagen de su felicidad posible, que es también la nuestra aunque sepamos que la realidad es otra.
En lugar de entregarnos una lista de respuestas que aclare los interrogantes y teorías, como un examen multiple choice corregido con lapicera roja por un profesor, los guionistas sugirieron el final, aclararon algunas dudas, dejaron otras ("Cada pregunta no hará más que llevarte a otra", dijo la madrastra de Jacob), pero pusieron un definitivo, digno y emotivo punto y aparte a esta narración, que nos recordó lo que importa: una historia bien contada y unos personajes que sentimos cerca. ¿Qué responderemos dentro de 20 años cuando alguien nos pregunte de qué trataba Lost? ¿De una isla, unos náufragos, del destino, de la ciencia versus la fe, de la muerte y la vida, del bien contra el mal? ¿O nos pondremos a hablar de Jack, Kate, Locke, Sawyer, Hurley, Charly, Desmond y Penny? ¿O recordaremos cómo se detenía el mundo cada vez que nos juntábamos a devorar un capítulo nuevo? Islas y series de ciencia ficción y mística hubo y habrá muchas más, pero será difícil hallarlas habitadas por seres como estos. Eso que Locke (y al final también Jack) pedía a gritos se cumplió: creímos en ellos.

