Calle 13, atrévete
Un post sobre por qué el grupo boricua no es tan revolucionario como se jacta.
Hay un amigo al que admiro. Se llama Gustavo y desconozco su apellido. Lo admiro porque es un melómano apasionado, propietario de un sello independiente (Ultrapop), y curador de un bar donde le permite tocar a consagrados outsiders y a bandas en ascenso (Ultra). También lo admiro porque es un blogger incisivo del tag "rock" pese a que no tiene blog. ¿Que cómo es eso? Simple, envía un correo electrónico a todos sus contactos con textos oportunos sobre los temas en boga. Acaso desconozca la noción twittera de trend topic. Recuerdo textos de Gustavo (que alguna vez me puso en escena a The Breeders) sobre un diálogo imaginario o no con Nick Cave, una reflexión sobre lo incómodo de ver a algunos artistas en arenas o estadios que desnaturalizan su expresión (Belle & Sebastian, por ejemplo). Todos muy bien escritos, divertidos pero profundos. Sin embargo, ninguno generó tanta agitación como el que escribió sobre Calle 13, movido por la indignación de escuchar que los boricuas se burlan de Sony aun cuando Sony los edita sin filtro. Lo tituló "Carta abierta a Calle 13", y comienza con una sugerencia. "Calle 13, leé lo que Ian Mackaye de Fugazi le contaba a José Bellas en el suplemento Sí del diario Clarín de 1996 ó 1997: 'Las bandas que firman para multinacionales no son bandas de punk rock, porque decidieron tomar ventaja de un sistema que aboga por el negocio. No estoy diciendo que sean mala gente o malos grupos: simplemente le hacen juego a corporaciones que contratan bandas como si fueran billetes de lotería. Van a tirar muchos a la basura, pero quizás con uno consigan dinero'". Y entonces Gustavo, también conocido como el hippy, va al hueso: "Calle 13, deberías dar el paso elegante y renunciar. Son gente joven e inteligente, tienen toda la vida por delante: el paso sabio luego de esta etapa de aprendizaje es que renuncien a todos sus trabajos con empresas oligopólicas. Calle 13, quiero aclararles que veo en ustedes un talento inmenso, actitud sincera, letras filosas, capacidad de razonamiento racional, la cátedra y la calle, y por sobre todo juventud, entendida como adjetivo".Posteriormente, Gustavo les plantea a los boricuas que "una cosa es tratar de cambiar el sistema desde adentro haciendo política y otra muy distinta haciendo música. O arte". "No entiendo si están cambiando la conciencia de la gente o si simplemente dejan calmada la cabecita de una gente que es un segmento de mercado que necesita escuchar ese discurso todo el día. ¿Otro ladrillo en la pared? Si vas a hacer la revolución hacela. Punto", sugiere. El texto de Gustavo tiene un punto de inflexión (Punto y aparte, lo titula) en el que asegura que toda transformación no se puede realizar sin sangre. "Si hacés que tu arte sea una postura política, asunto superválido, como artista debés ser consecuente de su búsqueda artística y utilizar las herramientas adecuadas para tal fin. No te gustan las multinacionales globalizadas y querés cambiar eso, comenzá por no trabajar con ellas. Querés que todo el mundo vista Adidas: saqueá el depósito. Hagan los show en el Luna Park solos o con una productora independiente. Cobren entradas a no más de 50 pesos. Vendan los discos a 25 pesos. Comercio justo, amigo. Andá y tocá en Lugano. Todas las tardes en un barrio del conurbano. Gratis. O por 20 pesos. Y ayudá a pregonar y conseguir las bases socioeconómicas necesarias para que se haga la revolución", detalla este factótum del underground. Luego exige: "Pero no me cobres 200 pesos por un concierto para decirme lo que tengo que hacer si vos no lo vas a hacer. Y menos si dormís en el Sheraton". Hacia el final, Gustavo se encarga de no quedarse en la mera observación e insiste con seguir el modelo Fugazi. "Calle 13, te cuento: hay una banda, la única que yo conozco (que tuvo reconocimiento de la crítica y de la gente), que siempre tocó en EEUU, su país de origen, a 5 dólares la entrada. Y un poco más caro en los países en los que tenían que tomar avión. En sus conciertos trabajan con productores donde todos comparten riesgos y utilidades al 50%. Y te vende los discos a 8,75 dólares, seas un fan o seas Wal Mart. Si les compras un disco por correo, te lo venden a 8,75 dólares. Si sos un supermercado y le querés comprar 200.000 CDs, te los venden a 8,75, porque sería injusto de otra manera. Comercio Justo. La banda se llama Fugazi, coherencia artística y política. El sello, Dishord. Calle 13: yo no voy a hacer la revolución (por ahora) pero nunca dije que iba a hacerla (y menos para ganar dinero)".Por último, el texto exalta el buen criterio con el que Residente y Visitante entraron en la industria. Gustavo destaca que "lo hicieron con fuerza y energía, entrega y estrategia. Estuvo bien cómo utilizaron la industria, con Santa Olaya, para corromper el sistema de star system, ese maravilloso mundo pop, comercial. Pero ahora que ya lo lograron hay que dar el salto: la independencia total. Y conquistar el mundo. Calle 13: estamos acá para ser sus socios en las condiciones que nos indiquen: lo que nos digan suscribiremos: sabemos que será un trato justo".
"Calle 13: atrévete", es el cierre. Un cierre que nos exime de mayores comentarios.

