Amarillo, color ambiguo
Un post sobre las derivaciones de las crónicas de Mala Rodríguez en The Roxy y Calle 13 en el Personal Fest.
Ni el tema insignia de Coldplay ni el color del submarino Beatle. Amarillo es un texto de un periodista que cuenta los hechos con objetividad (como mi compañera Juliana Rodríguez en el ¿show? de Mala ídem) o los interpreta según su modesto parecer (como yo mismo en el de Calle 13 en el Personal Fest). Ese color se le ha adosado a esas crónicas en los comentarios al pie en VOS.com.ar y en las respectivas redes del sitio. Pero en realidad, un texto es amarillo cuando imagina una situación o exalta con fines morbosos algunos detalles de ella.Las circunstancias del primer caso. Un show programado a las 21.30 empieza varias horas después; y cuando empieza, la artista principal se retira al toque porque su micrófono no suelta nada, mientras entre el público reina la impaciencia y el calor reinante es insoportable. ¿Es amarillo narrar eso tal cual pasó? ¿Es amarillo reparar en el fastidio de la gente que exigía que le devuelvan el precio de la entrada? Obvio, el hecho tiene derivaciones posteriores, cuando se empiezan a buscar los responsables de tanta improvisación. Que el técnico de sonido lo había traído la misma artista, que los organizadores de la fiesta alquilaron un lugar que, supuestamente, garantizaba una estadía confortable de la gente y demás. Pero al momento del show, lo que pasó fue lo que se contó. Las circunstancias del segundo caso. Calle 13 sale a comerse la audiencia en el Personal Fest, a pocos días de suspender un concierto en Comodoro Rivadavia porque el precio de la entrada era alto. Con ese antecedente, cualquier persona por fuera del éxtasis (ya no espectador promedio y/o analista de música popular) podía observar lo contradicción de que supone no bajar a la Patagonia por una cuestión tan comprensible, pero sí tocar a sus anchas en un festival patrocinado por una multinacional. No obstante, la euforia general y la bella prepotencia de Calle 13 hacen prever en la cabeza del cronista que esta observación "crítica" consumiría no más de dos líneas. Comienza el show. Todo suena impecable, los vocalistas están afiladísimos, la banda en Punto G. Irreprochable. Y llega el momento de Ven y critícame, cuando Residente se enoja con los periodistas que cortan y pegan del Wikipedia. Desconcertante, por lo menos. Porque si algo tiene Calle 13 es buena prensa; y no sólo eso, también tiene prensa responsable. Es decir, entrevistas realizadas por comunicadores avivados y bien documentados, que supieron ver su fenómeno en tiempo real. Es como dijo un colega en su cuenta de Twitter: "Ser millonarios, discurso progre y aceptado, cogerse todas las minas, gustarle a todo el mundo... Ni Dios es tan impune como Calle 13". OK, es su momento de escena y René pueden petardear con lo que quiera. Le asiste ese derecho como al cronista el de poner sobre el tapete eso de que se quejan de críticas mordaces cuando, a decir verdad, casi ni se ponen de manifiesto. El único texto no funcional a Calle 13 se lo leí al dueño de un sello independiente. Al toque lo sumé al blog (podés leer la interpretación aquí) porque lo que planteaba no era una desacreditación absoluta a Calle 13 sino una invitación a ser consecuente con lo que expresa. Y daba un ejemplo concreto: Fugazi. No es amarillo interpelar a los artistas.Todo bien con los comentarios al pie. Son los lectores desacralizando el poder que los periodistas teníamos antes de la proliferación de las redes. Me parece perfecto ese proceso de democratización de opiniones. Sólo abogo por un tono más sereno como para empezar un debate serio. Porque, personalmente, no encuentro nada más apasionante que discutir sobre música.

