Temas del día:

Déjenlos reinar

Por Carlos Schilling. Ganó un largometraje histórico, enfocado en la figura de un monarca, algo así como una especie en extinción.

18 de febrero de 2011 a las 05:46 p. m.
Déjenlos reinar
Carlos Schilling

El Oscar sigue vivo pese a que la industria y la Academia hicieron lo imposible en los últimos años para enterrarlo sin firmarle antes el certificado de defunción. El reparto de los premios en esta edición volvió a tener un carácter ecuménico. Nadie quedó del todo decepcionado y nadie del todo conforme. Lo mejor  sigue siendo la alfombra roja, donde las estrellas miran de frente a las cámaras y se exhiben como lo que son: criaturas brillantes y deseadas por el mundo que los observa desde el otro lado de las pantallas.Mucho se habló de la cirujía rejuvenecedora practicada sobre la venerable anatomía de una ceremonia que ya cumplió 83 ediciones. Hubo cambios, sí, conductores más jóvenes, los atractivos Anne Hathaway y James Franco, que no innovaron demasiado en el estilo de conducción del evento. Hubo también homenajes y tributos destinados a provocar lágrimas voluntarias y bostezos involuntarios. En ese punto, daba la sensación de Kirk Douglas se iba a quedar en el escenario hasta cumplir 95 años.Claro que las leyes de la Academia a veces se parecen a las de la física. Cada acción provoca una reacción. En las dos máximas candidatas a Mejor Película, se notaba este doble movimiento. Por un lado, Red social, centrado en un fenómeno tan actual como Facebook; por otro, El discurso del rey, un largometraje histórico, enfocado en la figura de un monarca, algo así como una especie en extinción.Finalmente los jurados se inclinaron por el título ingles. En el año de la boda del príncipe Guillermo, El discurso del rey se convierte así en la primera película sobre la realeza británica que obtiene el principal Oscar (algo que no había conseguido La Reina, con Helen Mirren). Pese a que retrata la vida de un monarca tartamudo, sin dudas supera en glamour a su contricante y pone en evidencia el poder de atracción que sigue teniendo una historia bien contada y bien actuada.El discurso del rey tuvo un gran impacto en los Estados Unidos, donde los actores ingleses son venerados hasta por la forma de respirar y donde todo lo relacionado con la monarquía del otro lado del Atlántico genera expectativas. En la Argentina, un país donde todo lo inglés provoca urticaria, en cambio, la recepción fue más moderada. Por ejemplo, no llegó al tope de las más vistas y la semana pasada quedó detrás de El rito, Desconocido y El cisne negro en materia de venta de entradas en Córdoba.La gran pregunta: ¿merece el premio? Si se tienen en cuenta los criterios tradicionales de la Academia, un tanto convencional en sus valores estéticos y éticos, la respuesta es afirmativa. Pese a sus patrones clásicos y a su falta de riesgo, el filme de Tom Hooper tiene momentos de alta intensidad y una sutil ambigüedad en la manera de mostrar la relación entre el rey (interpretado por Colin Firth) y su fonaudiólogo (Jeffrey Rush) que la hacen digna de verla más de una vez.