Vicentico por dos
Opiniones encontradas sobre su último disco solista, titulado “Sólo un momento”.
Un disco de grandes momentosDaniel SantosYa nadie puede atreverse a discutir a Vicentico. Su carrera solista, sumada a la trayectoria al volante de los Cadillacs, lo posiciona como uno de los grandes, grandísimos autores del rock argentino y latinoamericano. ¿Es más que Andrés Calamaro? Depende. El Salmón nada a veces contra la corriente, mientras Vicentico se deja llevar por un fluido de composiciones absolutamente natural y mágico. Nadie puede discutirlo, aunque no todos comulguen con su obra.El primer álbum desde que se alejó de Los Fabulosos Cadillacs fue muy bueno, pero los momentos que fue descubriendo disco a disco (Los Rayos, exquisito; Los Pájaros, genial) se coronan en Sólo un momento, un puñado de grandísimas canciones un poco menos latinas y más profundas. No reniega de su costado romántico (si algo no caracteriza a Vicentico es ser prejuicioso con géneros y estilos), de su perfil de artista creativo e inquieto que sabe actuar frente a los sentidos. Te emociona, te interesa, te enamora, te divierte, te irrita. Que un disco logre eso habla de un artista que consiguió conectar con la gente a través de grandes canciones pop: Ya no te quiero, La carta, Sólo un momento, Morir a tu lado, Luca y Rey del rock & roll son sólo algunos de los temas del último álbum.El apresurado reencuentro de Los Fabulosos Cadillacs, cinco años después de su despedida y una gira argentina y latina, no detuvo el crecimiento del Vicentico solo. Al contrario. Se tomó un tiempito para volver, para pensar cómo hacerlo, sin repetirse y sin soplarse. Sólo un momento es una gran demostración de grandeza.Seguimos con la marcha del hitazoPablo LeitesHace muchísimo más tiempo que los 11 años que acusa el calendario, La marcha del golazo solitario se convertía en el manifiesto de una banda de rock que buscaba ser popular de acuerdo a sus reglas. Por supuesto, fue interpretado como una aventura extraña y poco accesible.Vicentico, con Sólo un momento, parece querer ubicarse en el extremo más diametralmente opuesto al último y mejor disco de los Cadillacs. La docena de tracks que conforman su cuarto álbum solista (producido por Quechorro López, como dice Rada) pide, implora atención de la manera más plana y directa.
Los arreglos simples y las letras lineales y de fácil lectura ("No creer en nada es creer en todo" es la frase más traslúcida que se puede encontrar) son el blanqueo de que Fernandez Capello tiene todavía en la cabeza la idea de convertirse en el "Montaner oscuro" de la música nacional. Y para eso recurre a cierta memoria emotiva, no sin algunos golpes bajos.Cobarde podría encajar en la métrica de Resistiré (y como casi todo en Sólo un momento, suena a tema de una novela de Pol-Ka); Escondido es una cita con castañuelas a la música mejicana; Luca es el homenaje más raro a Prodan que se recuerde, pero suena a The Cure después de una lobotomía, y la versión de Sabor a nada empieza con arreglos Babasónicos, pero ni bien entra la sección rítmica se convierte en la que hubiera hecho César Banana Pueyrredón. Se salvan Sólo un momento y El rey del rock & roll.No está mal buscar la masividad, pero es mejor que parezca un accidente. Por mucho menos, Los Tipitos fueron prácticamente expulsados del Olimpo rockero.

