Una vida como cualquier otra
Bebe, la española que musicalizó “Mujeres asesinas”, fue madre y procura desoír los mandatos de la fama.
A Bebe le repatea que la llamen por su nombre de pila, pese a que cualquier chiquillo podría encontrarlo en Internet. "Es sólo para mi gente más íntima, haces mal en publicarlo", se enfurece. Comparece en la entrevista con una cortinilla de colores que acaba de comprar para su nueva casita. "Por ahí, en medio del campo, no diré más".Tiene esta valenciana de alma y sangre extremeña un puntito huraño, para qué negarlo, pero también un fulgor de ternura en la mirada; y más aún desde que en marzo alumbrara a Candela, su primer retoño.Acaba de cumplir 32 años y recientemente presentó su segundo disco, Y., que publicó hace justo un año pero aún, entre el embarazo y su agenda impredecible, no había llevado a la ruta. Se dice "testaruda y con un puntito bestia, como buena taurina", pero transpira una sensualidad y predisposición al ronroneo que causa estragos entre los espíritus más gatunos.–Después de cuatro años sin actuar en Madrid, ¿siente más abstinencia o temor?–Demasiado "mono" no tengo, llevo bien lo de pasarme temporadas sin tocar. Me gusta mucho la música, pero no necesito eso que dicen del contacto con el público. Actúo poco para no convertirlo en rutina. El canguelo es bueno: te exige, evita que te duermas.–¿Cuál es la mejor lección que le enseñó Candela?–Que todo lo demás me importa un pimiento, se queda en un octavo plano. Me ha enseñado a adorarla y tomarme las cosas con más calma. Mi vida es ella.–¿Se ha vuelto más modosita?–Yo ya lo era a veces, aunque también pueda comportarme como un mortero. Procuro estar relajada, pero cuando hay que tirar la piedra, la tiro.–¿Su vida es un verso libre?–¿Verso libre? ¡Por favor, qué bonito! Yo no me tenía ni por verso. Por libre, sí: me lo inculcaron mis padres desde pequeña, me enseñaron a ser reflexiva, no tener miedo y mirar hacia adentro.–Da la impresión de que no siempre le gustó lo que veía.–¡Por supuesto! No soy un 10 y hay muchas cosas de mí que no me gustan, pero estoy aprendiendo a pulirlas. No me quejo, desde luego. Tengo mil motivos para ser feliz, sobre todo desde hace tres meses.–"Y." es un trabajo sentido, desgarrado, voluptuoso. ¿Autobiográfico?–Aaaaah. Eso lo dice usted, pero ¿qué más da? Siento las canciones hasta adentro cuando las canto, pero no importa si cuentan cosas mías o no.–En estos momentos, como madre, ¿sería capaz de escribir canciones tan sensuales como aquellas?–Ahora más, porque mis sentimientos son más fuertes que nunca. Puedo sentir un dolor mucho más bestia y escribir cosas más desgarradoras y explícitas que nunca.–Conoció el éxito como cantante y actriz. ¿Le tiene miedo a la caída?–Para nada. En la vida tienes que atravesar por picos y valles, eso te ayuda a aprender y valorar lo que te rodea. Hay que apreciar lo bien que se está en el suelo. Yo soy muy de tierra: desde abajo se ven muchas cosas.–Además de actuar y cantar, ¿en qué otras cosas se destaca?–Se me da muy bien regar las plantas, poner lavadoras y organizar la cocina. Son rituales maravillosos, como lavarle los pies a un amigo u organizar la ropita de mi niña chica. Soy meticulosa: duermo a mi niña y me embeleso doblándole la ropa y escuchando su respiración.–No es esa la imagen más común que tenemos de un artista en la soledad de su guarida...–El mito es que al cantante se le va la olla y vive en la parra, pero yo procuro llevar una vida normal y corriente, ordenada.–Despídase con un adjetivo que la defina.–Hippie no, desde luego. Ni bohemia. Librepensadora. Sí, ese me gusta.

