Temas del día:

Spinetta, García, Indio: El triunfo del fetiche

Sobre el cierre del año se publicaron discos que no resisten un download, por la estatura del artista o el preciosismo de la edición. Son caros, pero imprescindibles para fans y/o coleccionistas.

28 de diciembre de 2010 a las 06:14 p. m.
Germán Arrascaeta y Juan Carlos Carranza
Spinetta, García, Indio: El triunfo del fetiche

OK, nos resignamos a pensar que la música en sí misma ya no es negocio y que pasó a la historia la ansiedad irrefrenable por escuchar un disco puntual. Pero sobre el cierre del año, algunos músicos legendarios reivindican al objeto por sobre su disolución virtual, lo tangible por sobre el download circunstancial. Saben ellos que la adoración del objeto, su aprehensión, todavía pesa en algunos corazones.

Quizá haya algo de estrategia de supervivencia en ediciones como El perfume de la tempestad (Indio Solari), reediciones como Kill Gil (Charly García), en documentos inabarcables como Spinetta y Las Bandas Eternas o en arrebatos de megalomanía de diseño como el que contempla Bravo (Sabroso). Aun así, la eficacia de la movida hace pensar que todavía prevalece "el grado de dificultad" para hacerse de tal o cual fetiche. El gesto es retro, en algún punto, pese a que ciertos desafíos son nuevos. Como pagar una entrada para conseguir Algún rayo, de La Renga, o resignar gran parte del aguinaldo para "importar" desde Buenos Aires la caja de Spinetta. A continuación, el relevamiento crítico de cada uno de los nuevos "chiches".Lo que se ve es lo que hayQuienes seguimos desde cerca la trayectoria de García, vamos armados de la esperanza. Si hiciéramos una comparación futbolística, podríamos decir que hoy el bicolor se parece al burrito Ariel Ortega, el ídolo riverplatense, del que uno espera siempre que meta sus quiebres de cintura y deje desparramados a los rivales: pero eso pasa pocas veces ya. Con Charly, queremos que ocurra el milagro de escuchar los himnos a los que nos tenía acostumbrado en los '80 y '90. Quienes tienen esas expectativas, es obvio que saldrán defraudados, porque García hoy es esto: "Lo que ves, es lo que hay...", como él mismo dice. Aún así, su música tiene el valor que de una trayectoria y Kill Gil es el producto de esa evolución, o el lugar al que García quiso o pudo llegar. Básicamente, Kill Gil es el mismo disco que se filtró a la web, hace dos años, pero presentado como corresponde a una versión terminada, con el plus de un DVD en el que se puede escuchar (y leer las letras de) las canciones y mirar las pinturas, montajes y dibujos del "Picasso del rock argentino", en Dolby Sorround 5.1. El CD tiene 11 canciones grabadas en estudio, algunas ya publicadas en otros discos, como Happy and Real (Tango 4, 1991; e Influence, 2001) y Transformacion (Serú Girán \'92). En Nueva York contó con la asistencia de Andrew Oldham en estudio, legendario productor de los Rolling Stones, quien en notas periodísticas no se cansa de elogiar a García: "Hay muy pocos artistas en el mundo como él: Pete Townshend, Keith Richards, Jimi Hendrix, Bob Dylan, John Lennon, y nadie más. De hecho, encontré en su forma de trabajo muchas similitudes con la manera en la que trabajaba Lennon", dice.Vamos al grano. Como en casi todos los inicios de sus discos, Charly le pone pimienta. No importa es lo que era Demoliendo hoteles a Piano Bar; Necesito tu amor a Parte de la religión; Están muertos a Cómo conseguir chicas; o Dileando con un alma a Rock and Roll yo. King Kong es un tema cuya melodía irremisiblemente nos retrotrae a su disco La hija de la lágrima. Pastillas, Los fantasmas y Telepáticamente asoman como lo mejor del álbum. La última de estas canciones dedicada a Herbert Viana, de Los Paralamas, cuando tuvo el accidente aéreo.La versión del tema de John Lennon Watching the wheels (Mirando las ruedas) está edulcorada y es mucho más breve en relación a la que circuló por Internet, lo cual se hace más digerible. En Corazón de hormigón canta Palito Ortega y parece que fuera un tema pensado para él. Merecía un lugar en el disco, porque nadie se esforzó tanto para sacar a Charly de su convulsiva agonía. En fin, después de siete años, Charly García editó un disco que le permite salir a jugar el campeonato del rock y no preocuparse por los promedios del descenso.

Jugar entre extremosPrimero, el ego está licuado. En ningún lado dice "Indio Solari" ni mucho menos "Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado". En El perfume de la tempestad, el tercer disco del ex cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, las responsabilidades están acotadas a los créditos, donde el generador del todo se hace llamar Caballo Loco (no parece una cita a Neil Young) y los músicos están aludidos sólo por sus nombres de pila.

Como si el misterio que el calvo vocalista cultiva en su cotidianidad fuera exaltado en esta obra de 11 temas y resonancias apocalípticas. Es una mirada válida, pero también puede imponerse aquélla que supone que en la opacidad está el egocentrismo. Sólo el solista sabe qué quiso hacer con la omisión, pero está claro que en esta nueva apuesta refuerza ese montaje biónico y marcial de sus precedentes. En los extremos están los tópicos: antes del tema de apertura (Todos a los botes, con sabor sefaradí) se oyen a cerdos insaciables y luego de Una rata en los geranios (un mid tempo, con estrofa monocorde para reforzar un estribillo tanguero, melancólico) nos taladra una tormenta de proporciones. De la ambición porcina a la hecatombe total, sugeridas en esos extremos, media una serie de cuestiones "malparidas" que Caballo Loco enumera con maestría.

Veamos. No es Dios todo lo que reluce es un trip hop devenido en ensayo teológico post crucifixión. Satelital, un movimiento new metal sobre conceptos tan arbitrarios como fuego amigo o mísil inteligente. Torito muerto es otra cifrada historia tumbera, que retoma la comparación entre caballos que pasan a la historia sin galopar de La gran bestia pop. Pero es una mirada sobre el show bizz, muy caústica, la que se impone por sobre todos los males de este mundo. Se trata de Vino Mariani, que no sólo gana por lo que expresa sino por cómo lo acompaña. Es lo más directo (¿más pop?) de este disco sombrío y abusivo de la viola del genial Baltasar Comotto. El tema se permite algunos "oh oh oh" y tiene una mirada incisiva sobre la franela de una industria que refulge aun cuando se cae a pedazos. Solari se ríe desde su pedestal de artista independiente convocante de todos los dependientes de la escena, que resuelven sus cuestiones mientras un dj atronador hace de las suyas.Una "caja feliz" por donde la mire o escuche

Es la "cajita feliz" para cualquier spinetteano que se precie de tal: tres CD, tres DVD y dos libros de fotos de Eduardo Martí. Todos, enfocados en esa histórica revisión de diciembre de 2009 en Vélez Sársfield conocida como Spinetta y Las Bandas Eternas. Lo que parecía utópico sucedió esa noche, que un Luis Alberto Spinetta que siempre miró hacia adelante amparado en el "mañana es mejor" se permitiera revisitar su pasado sin histerias. Almendra, Pescado, Invisible, Jade, Los Socios del Desierto, sus zigzagueos solistas, homenajes a terceros. Todo fue recreado con los socios indicados a partir de una lista de 51 temas que demandó casi cinco horas de concierto. Y un producto que contemple semejante esfuerzo productivo no debía remitirse a una edición ordinaria, cualunque. Mucho menos en un caso como éste, en el que un pequeño productor (Pablo Mangone) fue el encargado de trabajarle la cabeza al "Flaco" para que cobrara forma esa idea loca de representarlo todo al día de hoy. Spinetta podría haber entregado toda la faena a un sello con espalda. Pero eligió ser grato con Mangone y le permitió distribuir el producto cultural del año, cuyos libros de fotos transmiten un profundo respeto por el repertorio (García habla de música para mirar, aquí hay fotografías para escuchar) y sus discos transmiten el inmenso tsunami sensorial que nos avasalló aquella noche. El valor agregado por sobre todo: los textos de Spinetta sobre cada banda e invitado, y el documental sobre el backstage de más de 40 minutos.Spinetta y Las Bandas Eternas no se consigue en disquerías cordobesas. Los interesados en la compra de esta caja monumental pueden llamar al (011) 4381 9444 o escribir a [email protected].