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Regina Spektor, indie muñeca rusa

La artista nacida en Moscú y radicada hace dos décadas en Nueva York conmovió con su musicalidad en el primero de sus shows porteños.

07 de octubre de 2010 a las 04:14 p. m.
Agencia Télam
Regina Spektor, indie muñeca rusa
REGINA. La joven artista nacida en la ex Unión Soviética encantó desde el piano.

Regina Spektor, una rusa criada en Nueva York y venerada en Estados Unidos y Europa, debutó este miércoles en Argentina con el primero de dos recitales a sala llena en el porteño Gran Rex, en cuyo escenario exhibió la seductora naturalidad con que encarna influencias musicales varias.Sin posturas de engreimiento rockero y con una austera elegancia, la artista desarrolló casi toda su actuación desde un piano de cola que fue su plataforma para lanzarse a un universo sonoro que disfruta dejando entrever cuánto adeuda a lo clásico, al pop, al jazz y al rock.Si las teclas del piano envuelven cada sentido pasaje de la velada, la impecable voz de Regina (nacida en febrero de 1980 en Moscú y afincada desde 1989 en Estados Unidos) hace el resto desde una delicada musicalidad que no busca disimular que su acentuación del inglés no es la de un natural de los países sajones.Con la excusa de presentar su quinto álbum Far (publicado el año pasado), Spektor llegó por primera vez a Buenos Aires y aunque la demora de casi una hora en el inicio del recital podría haber caldeado los ánimos, su sola presencia fue un bálsamo de calma y fascinación para el público que llenó la sala.Desde las 22.25, con el pelo suelto y ataviada con una remera floreada en tonos violetas, y una falda negra, la muchacha ocupó su lugar en el piano y entregó 19 canciones casi sin pausa pero sin exhibir el más mínimo cansancio.The Calculation, Eet, Folding Chair, Machine, Laughing with, Two Birds y One More Time With Feeling, fueron la banda sonora de una puesta que compartió con el violín de Joseph Brent, el cello de Yoed Nir y la batería de David Heilman y que sumó una iluminación tenue y otros haces lumínicos disparados por una bola de espejos colocada en el piso en el medio del escenario.En medio del repertorio intentó balbucear unas palabras en castellano pero dijo que sólo sabía decir gracias, perdón y perro, pero a nadie le importó, incluso chicas y muchachos aprovecharon alguna pausa musical para gritarle cosas como "marry me" ("casate conmigo") o el más común "I love you" ("te amo").Sin modificar su actitud relajada, eficaz y de bella musicalidad, la creadora siguió con una rutina que, sólo alterada por el hit Better, también incluyó otros títulos menos conocidos como Sailor y On the radio. Del piano de cola al piano eléctrico ofreció Dance Anthem of the 80s, se quedó sola en el tablado y entonó a capella Silly eye-colour generalization.En la continuidad del concierto se calzó una guitarra eléctrica amarilla para Bobbing for apples y el rockero That time, pero enseguida el cauce de la fusión amable la devolvió al piano desde donde abordó, entre otros, Aprés moi, Human of the year y, sumando una percusión sobre una silla que efectuó con su mano izquierda mientras tocaba las teclas con la derecha, Poor Little rich boy.Con Man of a thousands faces llegó el cierre formal del repertorio, pero todos sabían que varios de los platos fuertes que preparó en su breve pero poderoso camino, no podían faltar. En solitario con su piano regaló Samson y otra vez en cuarteto cerró bien arriba con Us, el hit planetario Fidelity y el rítmico Hotel Song que cantó sin además tocar ningún otro instrumento.Regina Spektor entregó 90 minutos de una música delicada que bien puede escucharse como el resultado de estos tiempos plagados de información sonora y que ella traduce desde una personalidad etérea y contundente que volverá a exhibir esta noche en el mismo teatro del centro porteño.