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Piano y sonrisas: cómo fue el show de Regina Spektor en Geba

Regina Spektor dio anoche en Geba un show cálido y juguetón ante 8 mil personas, mientras el frío acechaba. Vino a presentar su sexto trabajo, “What we saw from the cheap seats”.

07 de abril de 2013 a las 04:42 p. m.
Piano y sonrisas: cómo fue el show de Regina Spektor en Geba
Foto: Rodrigo Pucheu

Pálida, bajita y sonrientemente enigmática: así se presentó Regina Spektor ayer ante un poblado y friolento Geba en Buenos Aires, en un concierto de una hora y media sobrio y sin estridencias en el que la voz de la protagonista de la velada ofició de refugio cálido, juguetón y ligeramente aterciopelado ante la baja temperatura reinante. Voz a la que acompañó el piano de matices clásico-pop que tocaba la misma Spektor, y una contenida formación "de cámara" que incluía batería, chelo y teclado.

“El frío es divertido”, dijo Spektor en un momento del show, quien debe haber soportado temperaturas mucho más cruentas durante su infancia moscovita, aunque en el recital tomaba agua mineral, nada de vodka. Y lo de “divertido” no era gratuito: la cantante lució todo el rato de lo más feliz sobre el escenario, incluso en los lapsos más introspectivos: con su voz (y esa boca de proporciones insospechadas, que se estira y estira cada vez más frente al micrófono) Spektor crea toda una sala de juegos en la que se celebran repeticiones, susurros, recitados, in crescendos amenazantes, percusiones vocales, silencios y falsetes de niña.

El disco que la artista vino a presentar esta vez a Argentina (su primera visita fue en 2010) es What we saw from the cheap seats (2012), presente en buena parte del repertorio. Así, en el show (en el que Spektor estuvo casi todo el tiempo de perfil, sentada al piano) destacaron temas como el r&b de cuna How, el misterioso collage de Oh Marcello y ese hit crepuscular a lo Cat Power que es Ballad of a politician; pero también sonaron las más conocidas Ode to divorce, Fidelity, On the radio y Better.

En el límite de la dulzura, al borde de lo empalagoso ("Comí tanto dulce de leche que no puedo respirar", confesó la cantante al principio del show), Spektor recurre al contrapunto, a la tensión: All the rowboats (con esos estampidos marciales) y Blue lips llegaron oportunas para mostrar un lado más sombrío de la artista; pero fue sólo una ilusión: unos momentos más tarde, mientras cantaba Hotel song, Spektor se tentó y soltó una contagiosa y tímida carcajada, no quedándole otra que reanudar la canción.

El cierre con la agridulce y autorreferencial Samson apuntaló la melancolía redentora de Spektor, su capacidad de exorcizar historias dolorosas de la mano de melodías tan ancestralmente angustiantes como radialmente confortables. La tristeza amorosa, el pasado emigrante, el frío, pueden ser divertidos. De eso se trata, en definitiva, el pop.