Pedro y Pablo: Reunión en La Falda
El dúo vuelve a La Falda, para celebrar los 40 de uno de los discos seminales del rock nacional. Miguel Cantilo contextualiza y recuerda.
Poco más de 40 años pasaron desde la salida de Yo vivo en esta ciudad, el disco de Pedro y Pablo que alcanzó estatura de clásico y debe estar entre los 10 fundamentales del rock nacional. Casi tanto como lleva de vida esa lectura criolla del género que, entonces, era importado.Honrar esas canciones (ahí aparecieron Marcha de la bronca, Catalina Bahía, Dónde va la gente cuando llueve y Yo vivo en una ciudad), es para Miguel Cantilo una cuestión natural, aunque en virtud del número entero haya decidido además armar un show con Jorge Durietz y una banda a la altura de las circunstancias. Eso es lo que pasará este domingo en La Falda.Claro que hace 40 años, la música popular que no era folklore ni tango coqueteaba con el rock y las letras críticas o, como decidió encasillarlas una sociedad que miraba de costado al hippismo, "de protesta". El punto podría sugerir cierta pérdida de vigencia."Creo que la gente da el veredicto sobre el envejecimiento de las canciones. Que todavía se las recuerde, que se las cante, indica que han llegado a la madurez con cierta dignidad. Es evidente que mantienen pocos puntos de contacto con la sociedad en la que vivimos ahora, pero fueron en cierto modo precursoras, así que llegan bien", dice tranquilo Miguel, en un atardecer con fondo de chicharras en San Marcos Sierras.A favor de aquellas composiciones, seguro, juega la profundidad de haber sido alumbradas en una época en que el rock y la poesía tenían más puntos de contacto que hoy. Cantilo reconoce, también, que lo que hicieron fue tomar la posta de algo que ya existía. "Ya existía Moris, por ejemplo. Él nos abrió la cabeza. Yo venía escuchando mucho a Bob Dylan, y cuando conocí a Moris me pareció que era el Dylan argentino: crítica social, protesta y caricatura de la sociedad de su época. También estaban Facundo Cabral, Miguel Abuelo, con un estilo juglaresco que rozaba lo teatral. Y vale la pena también mencionar a María Elena Walsh, a propósito de su partida: ella abrió una canilla a la canción irónica y crítica, su poética sutil y culta nos alimentó intelectualmente. Visto así, no inventamos nada", señala.Y el dato geográfico de la juntada del domingo no es menor. Ahí mismo, en una de las primeras ediciones de La Falda Rock, Cantilo llegó con Punch para mostrar de qué iba lo que se escuchaba en Europa y Nueva York. Demasiado adelantado. Hubo crítica y proyectiles y unos años después, de nuevo con Pedro y Pablo, llegó la consagración y el reconocimiento. "Siempre digo que todo lo que nos pasó después en La Falda borró esa mala primera experiencia. Hubo artistas que incluso llegaron a ser agredidos físicamente: Miguel Abuelo, David Lebón, María Rosa Yorio, Fontova...era una pequeña fracción del público y casi te diría que le dio un color propio. Del otro lado de la balanza, Cuchi Leguizamón, Nacha Gevara o Dino Saluzzi se mezclaban con Spinetta, García y el rock. Es curioso, pero eso implicaba más apertura que la que se puede llegar a ver hoy en un festival del género", cierra Cantilo.

