Miradas opuestas a Slash
Dos críticos de VOS analizan la presentación en Córdoba del ex guitarrista de Guns N' Roses.
El peso de la leyenda, por la cabezaPor Germán Arrascaeta Me sorprendió que hubiera opiniones divididas en torno al show de Slash. Es que para mí resultó algo tan categórico. Una banda ajustada y sobria, con manierismos angelinos pero con onda; un cantante medido, que no acudió a fantochadas de ningún tipo para acercarse al registro de nadie; y, sobre todo, un protagonista que se asumió leyenda y sale a revalidar tal condición. Si a la enumeración le sumamos volumen ensordecedor, ya está, no hay mucho más que decir. Quizá yo sea fácilmente impresionable, no sé. Slash venía a presentar un disco de colaboraciones. Una movida similar a las de Santana aunque sin haberse cebado tanto a la hora de complacer. Porque si bien tiene a Fergie y al cantante de Maroon 5, Slash (tal el nombre del registro), mantiene en alto ciertos estándares rockeros.Como sea, en la previa se veía como una movida incómoda anclar en ese antecedente inmediato para el ex miembro de una banda decisiva, que no puede desembarazarse de un repertorio al que se acude como a los santos evangelios del rock salvaje y de alcantarilla. Pero Slash logró atender todos los frentes de un modo muy natural. Es cierto que el show contó con algunos efectismos, con un Slash desbordante en su condición de guitar hero. Pero hubo una jam que lo mostró, además, en una versión volada sin precedentes. Pero por otro lado, si vas a ver a Slash y te cansan los solos de viola, sos la Gata Flora.Apetito por la discreciónPor Pablo LeitesNada ni nadie va a quitarle a Slash su parcela en el parnaso de los guitarristas tocados por la varita de algún dios rockero. La biblia Les Paul siempre lo tendrá entre los profetas dilectos del hard rock, por el riff de Sweet child o'mine, por los 33 millones de copias vendidas de Appetite for destruction y por ser el yang de los Guns n' Roses. Verlo emerger en el escenario del Superbowl 2011 para los Black Eyed Peas es la última gran confirmación: Saul Hudson es la estampita de toda una generación de violeros. Y "¡The one and only: Slash!", como lo presentó entonces will.i.am, bajó la semana pasada a Córdoba. Celebremos. Sin embargo, quedó la sensación de que a los 45 todavía se es demasiado joven para solamente sacar a pasear laureles conseguidos. Cierto, puede decirse que la lista de temas fue armada a pedir de boca de un fan de la banda con más agite de la década que va de 1987 a 1996, pero también que lo del martes fue apenas eso. Acostumbrado a estar al costado, haciendo su trabajo de ladero eficiente (también lo fue en Velvet Revolver, la mamá de las mega-bandas), lo que muestra Slash es la ausencia de novedades, y de algo fundamental para cerrar un buen número en vivo: carisma. Y la banda no es de Myles Kennedy, es suya.Con poco artificio, sin pantallas gigantes en una arena de las dimensiones del Orfeo, hay que decirlo: exceptuando los momentos de cuelgue virtuoso y blusero, lo que vimos fue discreto. Digno, pero discreto.

