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Miguel Cantilo: Canción ilustrada

Miguel Cantilo publicó “¡Qué circo!”, libro en el que recuerda la historia del rock argentino y expone su desencanto presente. También editó “Cantilenas”, su 22º disco.

19 de enero de 2012 a las 06:47 p. m.
Miguel Cantilo: Canción ilustrada
Miguel Cantilo revisa 50 años de rock y cultura popular en “¡Qué circo!”.

No es extravagante suponer, como lo hace Sergio Marchi en el prólogo del nuevo libro de Miguel Cantilo, que el cancionero del ex Pedro y Pablo comparte espíritu con sus libros. Así, páginas y discos se unen, al menos en lo que concierne al apartado "denuncia", ya que su flamante ¡Qué circo! (el cuarto que publica) se dedica a evaluar 50 sinuosos años de rock y cultura popular, a la vez que deschava a fariseos y falsos profetas de un género que para Cantilo ha caído en desgracia.

¡Qué circo! recupera la lucidez revoltosa de himnos como La marcha de la bronca o Gente del futuro, pero enfocada ahora hacia el propio bando del artista, el de los hacedores de canciones, aunque más precisamente hacia los productores e intermediarios. "El rock en otros países ha tenido idas y vueltas, pero no ha retrocedido tanto como acá", dispara Cantilo. Y agrega: "Eso pasó porque nunca hubo una producción acorde al nivel de los creadores. Por el contrario, ese lugar lo tomaron personas que se encargaron de sacar provecho económico y descuidaron lo artístico, complemento que sí se dio en la música brasilera, por ejemplo".

“Nunca hubo productores –añade–. Los músicos se producían a sí mismos, fijate en los grandes discos, el primero de Almendra, el primero de Manal. El rock salía con un gran abandono de producción artística y también ejecutiva, no se buscaba editar fuera del país o en el extranjero. Por eso se disolvían los grupos, se iban a vivir afuera, las regalías eran miserables”.

Cantilo explica que, cuando esa producción llegó, el rock intercambió ensoñación utópica por realismo (económico) a corto plazo. “El rock perdió calidad al comercializarse y transformarse en un negocio de masas, que resulta redituable para intermediarios y productores que hacen su negocio con festivales y contrataciones masivas de grupos convocantes. Esto no contribuye al salto cualitativo, a la evolución de la música. Los grupos masivos le dan salida a una música sin riesgos. Buscan una fórmula, un estatus”, añade.

A pesar del desencanto, Cantilo ve una salida posible en la cantidad de artistas que actúan en los “márgenes”, entre los que rescata a Lisandro Aristimuño, Arbolito, Los Tipitos y La Banda Inestable. “Uno no descubre nada, lo que es bueno es bueno”, sentencia.

Y por si quedan dudas sobre su cruzada, Cantilo deja en claro que lo suyo no es un ajuste personal: “Lo que yo digo en el libro no es un invento, es lo que pasa, lo que yo he recibido de la gente común, de la calle, que te lo dice permanentemente: ‘¿por qué ya no hay buenas canciones?’ ‘¿Por qué las letras no dicen nada?’ ‘¿Qué pasó con el rock?’. Y cuando eso te lo dicen no críticos especializados sino el tipo que te carga el tanque de nafta, el mecánico, el peluquero, entonces es para ponerse a pensar”.

Tal vez, el cambio de época también tuvo que ver con la mutación de aquello que se conocía por “rock”. En la década de 1980, la irrupción de Miguel Cantilo y Punch generó toda clase de reacciones violentas, entendibles en un contexto que acababa de emerger de un largo período de represión. “Nosotros vinimos con una propuesta demasiado extranjera, ahora es sencillo hacer reggae o ska, incluso hace diez años, porque la gente ya tenía acceso a discos de Marley, de Tosh”, señala Cantilo.

Y remata: “Hoy día es muy fácil ser rebelde, transgresor, porque no tenés una barrera de censura que haga de eso algo valioso. Para no caer en ese molde que ya no sorprende a nadie, lo que queda es pelar calidad, trabajo, superación”.

Otro cantarLlama la atención que, coincidiendo con la salida de ¡Qué circo!, Cantilo acaba de editar su disco número 22, Cantilenas, que también ostenta cierto aire revisionista: en él se alternan canciones nuevas con composiciones inéditas del pasado, incluso anteriores a Pedro y Pablo. "La conexión que puede tener el libro y el disco es que en aquella época se escribían canciones bajo una determinada postura y mística que se ha ido perdiendo. La función de Cantilenas es rescatar esa magia, la de los Gatos, de Almendra, incluso el folklore ancestral", revela.

Paradójicamente, esa mirada atrás se alimenta de una inquietud (musical) presente, que Cantilo asocia con el único accionar válido de todo cantautor: “Mi lugar es escuchar música permanentemente y hacer una cadena entre eso que escucho y me gusta y lo que le transmito a la gente”.

"Estoy todo el tiempo buscando, y no sólo aquí, viajo mucho y traigo música de afuera, de ahí me vienen las ganas de seguir escribiendo canciones, de seguir publicando discos –apunta–. Escuchar cosas nuevas justifica que el rock siga siendo la música más importante del planeta, tal vez una de las más vigentes entre las expresiones artísticas del nuevo siglo, y que me parece lamentable que en nuestro país haya caído tan bajo". Datos útilesMiguel Cantilo presenta ¡Qué circo! y Cantilenas este viernes a las 21.30 en El Recodo del Sol (Belgrano 1300, Unquillo). $ 50. Mañana lo hará en Kachay Kukuy (San Marcos Sierras) y el domingo en Cielito Lindo (Calle Bonnier a 200 mts. de Ruta 14, Los Hornillos).