Confiar en Fito Páez, esa es la cuestión
El músico presentó su disco “Confiá” en la Vieja Usina ante tres mil personas. Hubo muchos hits y también algunos retos para el público.
Luego de cerrar los festejos por el Bicentenario argentino, Fito Páez llegó el viernes a la Vieja Usina cordobesa para mostrar en vivo su último disco de estudio, Confiá. Y hay que confiar en Fito porque, si bien el título suena demasiado optimista para los tiempos artísticos que corren, estamos hablando de un músico sobresaliente que cuenta con discos y canciones memorables, algo que quedó claramente demostrado en las tablas de la Usina.Es que el músico decidió estrenar sólo algunas canciones nuevas bajo la fórmula "dos temas viejos, dos nuevos" hasta la mitad del show, momento en que se dejó llevar por una catarata imparable de hits. Eso sí, antes se las agarró con el público y soltó un "nos portemos como gente adulta, vinimos a conectarnos y para eso hace falta silencio".La mala onda le brotó cuando la audiencia insinuó entonar un tímido "olé, olé, Fito", mientras Páez intentaba primero ofrecer una intro sentida en el piano y luego explicar cómo entendía hoy su tema Tumbas de la gloria, a casi 20 años de haberlo compuesto.Así fue que Fito canceló el relato (en los festejos del Bicentenario dijo que era una de sus favoritas porque incluía "los acordes de Piazzolla, la poesía de Cadícamo, los tonos menores de McCartney y la influencia de Charly García") y, luego de descargar su notable malhumor, hizo lo que mejor le sale: materializar con belleza, destreza, furia y concentración, el repertorio que lo consagró como un clásico de la música popular argentina: La rueda mágica, El amor después del amor (junto a Claudia Puyó), Polaroid de locura ordinaria y Ciudad de pobres corazones. Una atrás de la otra. Entonces ya había razones para confiar.Folis Verghet La noche comenzó con Folis Verghet, un exquisito extracto de La la la, el tremendo disco que Fito concibió junto a Luis Alberto Spinetta en 1986. Siguió con Tiempo al tiempo, Confiá, una versión power de El chico de la tapa, Llueve sobre mojado, La nave espacial y la balada London town (ambos del disco nuevo), 11 y 6 y Circo Beat.Al frente de una banda impecable, detallista y obsesionada hasta en los mínimos arreglos (en la que además de los Killers Burritos se destaca Dizzy Espeche, el guitarrista de Emmanuel Horvilleur), Fito luego se despachó con El diablo de tu corazón, un tema editado en el año 2000 y que supo anticiparse a la debacle nacional que llegaría el año siguiente, con un Páez que por entonces podía salirse un rato de su burbuja para meterse de nuevo en el caldo social.Naturaleza sangre mostró que el rosarino también se mueve como pez en el agua en etapas turbulentas (lo grabó luego de su ruptura con Cecilia Roth) y después ofreció fieles versiones a las originales (algo poco frecuente últimamente) de Un vestido y un amor y Al lado del camino. En los bises le dedicó Giros a Rubén Juárez y concluyó el recital con Dar es dar y Mariposa tecknicolor, otro clásico atrás de otro.Esa fue la receta de la segunda parte del concierto, ecuación que lo llevó como en otras oportunidades a romper los geniales microclimas que generan sus canciones más celebradas. La esperanza de A rodar mi vida se contradice notablemente con la rabia de Ciudad de pobres corazones, y sin embargo estaban pegadas en la lista.Igual, eso no resta a la hora de lograr efectividad en el público. Por eso, hay que confiar en Fito. Hay que confiar en él.

