Cineclubes: llevan sus firmas
Cuatro destacados filmes de autor se proyectan esta semana en distintas salas cordobesas. Sobresalen las recientes y fundamentales “Cosmópolis” y “The master”, que podrán verse en el Hugo del Carril.
No es fácil detectar la personalidad de una película. Todos los jueves llegan títulos que se parecen entre sí. Suenan igual, se ven parecido; sus poéticas parecen salidas de una línea de ensamble industrial, como si fueran autos producidos en serie. Hay excepciones, como la notable Titanes del Pacífico de Guillermo del Toro.
En el circuito independiente, las firmas proliferan: cada plano lleva una estampa, un nombre, la huella de un hombre. Un plano de Cronenberg o de Paul Thomas Anderson se reconoce en segundos. Cada gran director tiene una idea de cine y una idea de mundo: la puesta en escena no es otra cosa que un ejercicio de articulación del registro fílmico con una idea, el cruce de una sensación con un concepto.
¿Vale la pena volver a ver Cosmópolis, la última película de Cronenberg? Muchos la han visto en DVD, pero en 35mm y en una sala de cine tiene una fuerza extra (ordinaria). Su adaptación del libro de Don DeLillo es grandiosa: su protagonista viajando en una limusina sintetiza el poder abstracto del capitalismo y la subjetividad propia de ese orden económico, abstracción absoluta y sintomática que a los pocos minutos de metraje es interceptada por el sonido de lo real. El pasaje en el que el personaje de Robert Pattinson, al ver a su novia en un taxi, abre la puerta de la limusina para que ella suba, es la entrada de la realidad (sonora) a un espacio sellado e inalcanzable. Y es la marca de un autor. Va del jueves 25 al domingo 28, en el Cineclub Hugo del Carril (Bv. San Juan 49).
Lo mismo se puede decir del genial Paul Thomas Anderson. Nadie en Argentina pudo ver The Master en 70mm, pero verla en 35mm permite verificar la textura de un filme magnífico. Su tema: el delirio estadounidense en clave mística y religiosa. El retrato del fundador de una religión y una psicoterapia sin rigor científico alguno, Ron Hubbard, es un examen brillante de las relaciones de poder en el seno de una relación maestro-discípulo o paciente-terapeuta. El modelo narrativo se apoya en la inestabilidad y lo indeterminado. En ese sentido, el uso que Anderson hace de la música es magistral, pues refuerza la desorientación general y el delirio como fondo de la psiquis de sus personajes. Los planos secuencia (por ejemplo, cuando el personaje de Joaquin Phoenix corre desesperadamente y se sube a un barco) denotan precisión narrativa y rigor formal, y un arte del encuadre y el movimiento en el registro. Podrá verse del jueves 25 al domingo 28, también en el Cineclub Hugo del Carril.
Reclusión parisina
Quien haya visto una película del surcoreano Hong Sang-soo (En otro país), reconocerá los zooms, las repeticiones narrativas, la breve yuxtaposición entre la vida onírica y la vida diurna. Noche y día es el primer filme de Hong en París. Para quienes han detectado su costado nouvelle vague, este aterrizaje en la capital de la cinefilia era un destino predecible. Como en tantas otras películas de Hong, un artista, bastante narcisista pero también amable, se recluye en París tras un problema vinculado a las drogas que tuvo en Corea del Sur, donde su esposa lo espera. La cotidianidad parisina no implicará un gran cambio de concepto para Hong: su personaje, como suele suceder, se sentirá atraído por otras mujeres, y tomar y comer serán acciones fundamentales. La especialidad de Hong, la desavenencia erótica y amorosa entre hombres y mujeres, organiza la totalidad del filme, como sucede en toda su obra. Se proyecta el miércoles 24, a las 20.30, en Cinéfilo Bar (Bv. San Juan 1020).
Curiosidad infinita
La última película del grandioso director holandés Johan van der Keuken, Las vacaciones prolongadas, no podría ser otra cosa que un viaje. El cineasta que supo hacer de la cámara una extensión de su propio cuerpo en movimiento viaja a Brasil, Nepal, Bután y a los Estados Unidos. Para van der Keuken viajar y filmar eran acciones indistintas, pero sus películas siempre tuvieron dos rasgos reconocibles: una curiosidad infinita y el reconocimiento exacto de hasta dónde una cámara puede tocar lo real. Se exhibe el Jueves 25, a las 20.30, en el Cineclub La Quimera (Teatro La Luna, Pasaje Escuti 915). l

