Albert Plá: Artista del universo
Albert Plá ofreció show en el que las canciones son una excusa para un performance singular.
Entre el mingitorio de Duchamp, las primeras páginas de Opera Aperta, un paquete de de sedas siempre listo, interés por los hongos y ese aire de marginalidad europea que tan bien aparenta ser la reserva de inteligencia del mundo moderno, Albert Plá es un naif transgresor; un juglar que perfora canciones con historias tan inverosímiles como bien armadas; un cantante en el que la declamación es más importante que la entonación; un actor bien temperado. Como Palito Ortega, pero desde otro lugar, Plá es un cantante político.El jueves, en la sala Carlos Giménez del Teatro Real, el catalán presentó La diferencia, un unipersonal que además de ser el nombre de su último disco, es un show hecho de ocurrencias que encadenadas se encolumnan en canciones que desbordan en historias que estiradas y superpuestas resultan jubilosos murales de la discordia humana.
Vestido como un esclavo salido de una historieta de Asterix o como una especie de Carlitos Chaplin del Mester de Juglaría, y cobijado en una americana de luces atentas a secundar significados, Plá desplegó hiperconstrucciones en las que la guitarra fue un mínimo pincel –a veces distorsionado– y la palabra y sus posibilidades de relación, por sentido, asonancia, disonancia o consonancia, el punto de partida de lógicas sorprendentes e inesperadas. Con idea teatral del tiempo y una vocecita del tímido que al final se revela bipolar, Plá cantó canciones que fueron mucho más allá de las estrofas, las rimas y otros expedientes de la forma y la formalidad musical. El inevitable destino de héroe del sargento Pérez, el corazón que se le escapa del pecho y se va por ahí, el pucho que caído de la cabeza rodante de Carlos Cuesta va incendiando a los Estados Unidos, una salida que comienza temerosamente con una cerveza en el bar del pueblo y termina algunos días después en otro lugar y con excesos de todo tipo, entre algunas canciones de amor entendido casi como enfermedad, fueron las caudalosas excusas que le permitieron hablar de sí mismo, bajar a cantar entre el público, aceptar de no gustarse y reconocer que a veces tiene malos pensamientos. Y preguntarse cuál es la diferencia entre el bien y el mal.Con la misma naturalidad con que el mismo manejó las luces, pulsó la máquina de humo o disparó las pistas que lo acompañaron en algunos temas, Plá se prendió un porro en escena y volvió varias veces sobre la "tuca" durante el espectáculo, con el cuidado que el ceremonial indica. Al final, después del aplauso sostenido de una sala llena, llegaron los bises y más aplausos de un público cómplice, contento de haber recibido lo que había ido a buscar: canciones desde otro lugar. La diferencia. Albert Plá****Canciones de Albert Pla. Espectáculo del jueves 18 de marzo en el Teatro Real.

