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Esperando a Soledad

La séptima noche del Festival de Doma y Folklore anunciaba para la madrugada a la cantante de Arequito. En la primera parte pasó muy poco.

12 de enero de 2012 a las 11:53 p. m.
Esperando a Soledad
Las Voces de Orán celebraron 40 años desde su debut en Jesús María. // Facundo Luque

Noche fresca de un día soleado, la séptima del Festival de Doma y Folklore. Anoche, Jesús María comenzaba a vivir la recta final de su 47ª edición, con una programación que como número central tenía a Soledad, anunciada para cerca de las dos de la madrugada.

Atraídos por el espectáculo de la jineteada que todavía debía recuperar algunas de las montas suspendidas por la lluvia del martes, desde temprano las tribunas comenzaron a poblarse, mientras el movimiento en las inmediaciones del anfiteatro José Hernández hacía palpitar una noche con buena cantidad de público.

Para los que iban llegando, la caminata desde la Terminal de ómnibus hasta el anfiteatro marcaba un gradual pero efectivo ingeso al universo festivalero. Una “ruta del humo” señalada por parrillas llevaba desde los bares cercanos a la terminal donde los parroquianos demoran el vermú de la tardecita hasta los ojitos tristes de los ponys que se alquilan para una foto de otros tiempos. A lo largo del Paseo del Huerto está la gran feria, en la que es posible encontrar desde platería de muy buena factura hasta un par de zapatillas con las tres tiras peleadas entre ellas.

Los muchachos de La Huella, Revelación del año pasado, animaron la previa con repertorio bien cordobés, hasta que con puntualidad televisiva, a las 22.30, como una especie de big bang criollo, se cumplió el rito que daba origen a otra noche. Clarín, gritos y fuegos artificiales dieron paso a la jineteada. Enseguida, de vuelta al escenario, Vale Cuatro marcó el inicio formal de la brega cancionera para la tevé, que en su primera parte anunciaba actuaciones breves.

El conjunto salteño comenzó con El seclanteño, la baguala de Ariel Petrocelli y enseguida una zamba llevó a todos a Cafayate. Entonces, en las tribunas que mostraban pocos claros en las zonas altas, se elevaron los carteles de procedencia y las palmas. La noche fresca quería tomar la forma que a Jesús María le gusta cuando llegaron Las Voces de Orán, a 40 años del debut en el festival. Comezaron con la previsible “chicharra cantora” mezclada con irreverencia con el Himno Nacional y siguieron, previsiblemente, con chacarera y terminaron con otra chicharra, esta vez “la chocha”. Como chochos estaban los que sacudían palmas y tomaban fotos con el celular.

Los 4 de Córdoba, Los de Cabrera y Cuti y Roberto Carabajal, señalaban el rumbo de un programa que conducía a Soledad.

La convocatoria, lejos de otras. Transcurridas las seis primeras noches y con la séptima lejos de ser un récord de convocatoria, el festival se encaminaría hacia una de las taquillas más flojas de los últimos cinco años. Independientemente de la suspensión de la quinta noche, el ingreso de público viene siendo moderado desde la primera noche. La taquilla orilla las 60 mil entradas cortadas, sin contar las entradas anticipadas y, a este ritmo, la edición 47ª se encamina a superar por escaso margen los 100 mil tickets vendidos.

Menos subsidios. Durante las pasadas dos ediciones, los aportes de los gobiernos de Córdoba y de la Nación inflaron significativamente las arcas de la fiesta gaucha, tanto que permitieron alivianar la carga de los gastos y redundaron en mayores utilidades para repartir entre las 20 escuelas socias del Festival. En 2010 y 2011, las utilidades a repartir orillaron el millón de pesos cada año. Con la merma en la venta de entradas de este año y el menor aporte de los gobiernos centrales, habrá que ver cuánto reporta la venta de publicidad y los ingresos por exclusividades y la venta de los predios internos antes de saber si se podrán equiparar las precedentes utilidades.