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Una buena noche para los fieles cordobeses de Julio Iglesias

El cantante español actuó anoche en Córdoba ante un Orfeo que, si bien colmó media taquilla, estuvo lleno de alegría y complicidad. En el repertorio no hubo tangos. 

07 de octubre de 2016 a las 01:57 a. m.
José Playo
Una buena noche para los fieles cordobeses de Julio Iglesias
Foto: Sergio Cejas.

A las 21.45, en el escenario del Orfeo, aparecieron cuatro coristas despampanantes cuando echó a rodar el show. Inmediatamente salió de entre los telones la estrella de la noche: Julio Iglesias, el cantante romántico que atravesó con sus melodías y sus letras a varias generaciones de corazones tiernos.

Ante un público casi en su totalidad compuesto por gente de cuatro décadas para arriba, el español apechugó una lista de hits que hicieron brotar vítores, aplausos y flashes de máquinas de foto y celulares. Esa, de hecho, fue la gran molestia de la noche: los fogonazos blancuzcos a cada rato, merced a quienes se empecinaban en captar a un cantante con el flash de un teléfono a varios metros de distancia.

Pero de alguna manera, la necesidad imperiosa del registro estaba ligada a una empatía que el madrileño cultivó desde el minuto cero. La legión de seguidores pudo apreciar en dos pantallas gigantes cómo luce la estrella a los 73 años: gallardo, con la seducción como segunda piel, y con un bronceado puntilloso, ideal para destacar la blancura inmaculada de sus dientes.

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Se va la primera

Ya en complicidad tras los saludos de rigor, Julio Iglesias dijo a modo de preludio: “Decidimos pasar por Córdoba porque vine por última vez hace cuatro años e hice un concierto malísimo. Y me empeñé en volver a hacerlo y bien. Quería venir para decirles que me acuerdo de los días del Chateau Carreras, que me acuerdo de sus bellas montañas. Que me acuerdo de esta ciudad muchísimo: no saben la cantidad de novias cordobesas que he tenido yo”.

Tras la introducción sonó el primer set de la noche, encabezado por Amor, seguido de La gota fría, Mammy Blue y Échame a mí la culpa.

Acto seguido, en la pausa para el agua, el cantante bromeó sobre la edad y el sexo. Y de manera inexplicable enganchó el relato con la canción de corte lírico Carusso.

Foto: Sergio Cejas.
Foto: Sergio Cejas.

Segundo round

Con vitalidad suficiente para una hora y media de show, aunque con la voz acusando un tanto los años, Julio Iglesias también habló de la edad para escribir una canción de amor. Y lamentó ya no poder escribir temas como Abrázame, que fue el puntapié de la segunda tanda. Le siguieron en perfecto inglés Careless whisper, con el protagonismo momentáneo de un saxofonista. A continuación llegaron Me cansé de rogarle, Amanecí en tus brazos y El bacalao, para cerrar el set.

Tercer acto

El preámbulo del cantante apuntó otra vez al amor en todas sus formas: “Me encanta hablar de mi vida sexual porque ya no la tengo. Entonces como es un puñetero recordatorio, pues me alegro”, bromeó para empezar. Las carcajadas del público avalaron la segunda frase: “Me acuerdo de esos tiempos en los que hacer el amor era imprescindible y era como una especie de adicción, a lo Michael Douglas. Es decir, si no hacía el amor, no podía cantar, y si después de cantar no hacía el amor, me moría en la habitación. A lo largo de estos años ha ido disminuyendo todo; ahora si hago el amor, no puedo cantar. Y si me preguntan qué prefieres, cantar o hacer el amor, digo cantar, porque cuando canto estoy haciendo el amor”.

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Para cerrar la idea, y tras los suspiros correspondientes, la estocada final fue: “No se imaginan lo bien que lo paso cuando estoy cantando. Yo les tendría que pagar a ustedes”.

Tras el guiño comenzó a sonar La carretera, uno de los himnos de la década del '90. Luego siguieron Un canto a Galicia, tras la cual la gente comenzó a pedir Quijote. El hombre atendió el pedido. Luego vino la melódica Crazy, la entrañable Manuela y un aviso para quienes pedían a gritos distintas piezas de su discografía: "Voy a cantar todo, no se preocupen que no me voy de aquí hasta cantar hasta la Marsellesa".

Foto: Sergio Cejas.
Foto: Sergio Cejas.

Final del juego

Para la recta final, el repaso incluyó la canción dedicada a su hija, De niña a mujerNathalie, Me olvidé de vivir, Me va, me va, Ni te tengo ni te olvido, Let it be me (otra vez con saxo incluido) y, para cerrar la noche, la primera canción que escribió, cuando estuvo internado en un hospital tras sufrir un accidente automovilístico: La vida sigue igual.

Aunque no hubo bises, a la hora de caer el telón flotaba en el ambiente una sensación de pacto cumplido. Y a veces sólo eso es lo que cuenta.