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Un punto de vista sobre el incidente de Chano Charpentier

Muchos usuarios de redes sociales justificaron la golpiza que sufrió el cantante de Tan Biónica. ¿Qué hubiera pasado si el que manejaba sin control era algún artista más afín a un ideario de rock callejero y no un emblema del pop liviano? 

09 de agosto de 2015 a las 02:30 p. m.
Un punto de vista sobre el incidente de Chano Charpentier

Manejar borracho y a contramano es una conducta tan estúpida como asesina. Y el que la lleve adelante merece que le caiga todo el peso de la ley. En la noche del miércoles, fue Santiago "Chano" Moreno Carpentier, cantante de Tan Biónica, quien protagonizó esa carrera demente, llevándose puesta casi una decena de autos, rebotando reiteradas veces contra el garaje de una vivienda y poniendo en riesgo las vidas de transeúntes y vecinos.

Un grupo de personas le propinó una golpiza a Chano, produciéndole heridas que obligaron a una internación y puntos de sutura. Además, deberá ser sometido a una operación. A partir de la también condenable actitud de quienes lo golpearon, empezaron las naturales tomas de posición en las redes sociales. De todas ellas, la que resulta relevante para este espacio es la que corrobora que en el rock argentino se acomodan los discursos según la cara del cliente.

Como "Chano" es el vocalista de una banda pop liviana, sale con actrices bellísimas de alto perfil (Celeste Cid, Juana Viale), protagoniza campañas publicitarias en carácter de mascachicle y, por sobre todo, le pone voz a la cortina musical de una fuerza política que se interpreta en las antípodas del progresismo, todo vale (todo valió) para justificar la agresión. No se trata de ponerse en el extremo de la corrección política y bregar por un inviable puritanismo humorístico. Es absurdo ponerle un límite a la tentación de ironizar sobre un suceso que compromete seriamente al chico listo y canchero. Nadie debe pedir permiso para crear un meme picante. No obstante, en algunos comentarios y/o posteos se percibió un nivel de intolerancia que asusta aun cuando no sorprende del todo.

¿Qué hubiera pasado si a esta locura asesina la hubiera protagonizado Pity Álvarez o algún artista más afín a un ideario de rock callejero? Los mismos que pedían que los puntos de sutura fueran en zigzag del labio inferior al superior para que “Chano” quede silenciado, la hubieran celebrado en nombre del desenfreno rocker, del honesto hábito de vivir en estado de alucinación. Bueno, a decir verdad, Pity ya pasó por situaciones similares y siempre se puso un manto de piedad, con la esperanza de una rehabilitación inmediata. Una rehabilitación inmediata que tarda en llegar y, al final, ni siquiera tiene recompensa musical.

Lo dicho, se acomodan los discursos en el rock, donde en este caso no se partió de un análisis moral de qué está bien y qué está mal sino del “bien merecido lo tiene por hacer una música tan chota”. Si de por sí es un razonamiento intolerante, tal condición se agiganta porque desde el rock, o cualquiera sea el tipo de expresión musical o cultural en las antípodas de Tan Biónica, tampoco se está proponiendo algo estéticamente superador. Por el contrario, la pauperización artística acompaña una pauperización de un pensamiento autónomo que, por ejemplo, tenga la saludable osadía de contradecir al ídolo. O de interpelarlo, si es que vale la pena. Por ahora, si éste dice “a” es “a”, y a la guerra se va por el “a”. Razonamientos del tipo, amalgamados con corrupción estatal y desidia empresarial, llevaron al colapso de Cromañón. Es oportuno recordarlo, la empatía viral que produjo el uso de bengalas, esa suerte de pensamiento único que planteaba que el rock era una fiesta que debía iluminarse con el fuego, fue un disparador importante en la tragedia- masacre de 2004.

Por el lado de Tan Biónica, la reacción tampoco estuvo acorde a la gravedad del caso. El comunicado que la banda acercó a los medios y al público en general habla de un accidente del que no se conocen los detalles (en rigor, al momento del posteo habían trascendido la cantidad de autos dañados y la paliza de la que había sido objeto "Chano") y, al final, expone un rosario de disculpas. Pero se privilegia a los patrocinadores por encima de quienes habían adquirido tickets para los shows más inmediatos, además de omitir cualquier señal conciliatoria con los damnificados por el despiste de "Chano".

Si había un momento para bajar el perfil y sosegar la condición de banda “bancada, inflada y todo lo demás”, era éste. Al dejarlo pasar, los Tan Biónica sugirieren que están inmersos en el mismo estado de necedad que aquellos que los lapidaron virtualmente.