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Tres mujeres, tres chelos y una ventana

El trío Gazzo-Menta-Vicente (Ailin Gazzo, Eugenia Menta, Marcela Vicente) presenta este viernes en Cocina de Culturas su original propuesta expresiva para abordar música de raíz folklórica. La trastienda de un encuentro.

08 de abril de 2016 a las 04:00 p. m.
Tres mujeres, tres chelos y una ventana
Tres mujeres, tres chelos, y una ventana al alma.

Cuentan que la mañana en que las tres se encontraron por primera vez a solas a la luz suave de una ventana que daba a la primavera de barrio Cofico, se sentaron con sus violonchelos dando las caras de sus corazones, y que apenas se pusieron a afinar un estremecimiento las hizo temblar. Tanto, que hubo lágrimas que rodaron despacio.

Es que ese sonido, esa voz de tan profunda calidez que amaron casi desde que aman la música, de pronto se multiplicaba a sí mismo y podía abarcar solo todo el mar de las sensaciones.

Sí, un universo de chelos es posible, fue el mensaje que cruzaron las miradas de Eugenia Menta, Ailin Gazzo y Marcela Vicente, hace siete meses. Pero ese no era el único desafío, sino también que ese universo sea capaz de cantar una versión de la música popular argentina desde su sensibilidad.Ese camino que se echó a andar el trío hace siete meses llegará este viernes 8 de abril a a una estación señalada. Será a las 22, en Cocina de Culturas (Julio A. Roca 491): la décima presentación en vivo de la propuesta marcará un momento de su primera madurez.

El espectáculo se llama Ventanas: "Como las ventanas que nos devuelven paisajes, y no son más que la esperanza de un horizonte entero", dicen ellas. Y habrá varios talentosos músicos invitados: Jorge Martínez, Marco Cordero, Ana Robles, Santiago Oso Almada, Alejandro Colombatti, Dante Ascaíno y Mauro Ciavattini.

La punta del ovillo es Eugenia Menta, que se abrazó al chelo desde que a los 11 años lo tomó para reemplazar al piano, y que lleva tiempo en los escenarios: integra la Orquesta Provincial de Música Ciudadana desde poco después de su creación, participa del cuarteto de cuerdas Numen, y ha grabado dos discos en dúo con Dante Ascaíno, guitarrista.

A partir de un taller de estilo, tango y folklore que ella dictó, terminó de verse clara la idea cuando hizo contacto cercano con sus alumnas: “Encontré en Ailin y Marcela un especial interés por encarar cuestiones vinculadas a nuestras raíces folclóricas”.

Ailin Gazzo había identificado desde pequeña el sonido del chelo y su emoción frente a él, pero en Villa las Rosas, en el valle de Traslasierra, pudo acceder a clases de violín a través de una profesora que llegaba allá cada dos semanas.

Cuando terminó el secundario, se vino a Córdoba dispuesta y a encontrarse finalmente con el violonchelo. "Entonces, tomé clases con Eugenia, y luego empecé a estudiar para la licenciatura en violonchelo, en la escuela de Música de la Universidad Nacional, que aún estoy cursando".Para Marcela Vicente, su primera ilusión eran el contrabajo. Fue a la escuela musical Collegium desde los 3 años, y a los 8, cuando debía elegir un instrumento, cayó en la cuenta de que era muy pequeña para treparse a un contrabajo.

Entonces, entre las propuestas de los distintos profesores, se dejó tentar por la del violoncello. “La mirada que me acercó Santiago Gómez fue decisiva. Me mostró las distintas posibilidades del instrumento, no sólo en la música académica sino también en la popular”.

Eugenia Menta, Ailin Gazzo y Marcela Vicente.
Eugenia Menta, Ailin Gazzo y Marcela Vicente.

Color y seducción

Eugenia dice que lo que siempre la conmueve del sonido que brota de las cuatro cuerdas del chelo “es la hondura de su sentimiento. Es algo que tiene que ver con cada uno, como una sintonía del alma”.

Ailin cuenta que le basta con verlo para sentir emoción. Luego, aparecen los recursos expresivos: “Abarca muchos rangos, va desde lo grave a lo agudo con una calidez muy especial, por eso es que se puede meter entre las hendijas de tantas músicas”.

Y Marcela apunta: “Por ahí sólo se conoce su canto cálido, que es parecido a la voz humana, pero puede ser vestido de muchas maneras sin dejar de ser. Abre una gran variedad de recursos: acordes, percusión, puede sonar como bajo, como guitarra…”.

No son demasiados los antecedentes de tríos de violonchelos. “Siempre aparece como un color, y la música popular no suele estar al frente, ser la voz principal”, sostiene Eugenia.

Cuentan que al momento de hacer fluir la música por sus manos no hay roles estancos, sino que el protagonismo melódico y los otros elementos como los bajos pasan de una a otra aún en una misma canción.

Por eso, es decisivo para la identidad de la propuesta el aporte que hacen los arreglos, en la mayoría realizados por Jorge Martínez (pianista, integrante del Damián Torres quinteto, del trío MJC, entre otras cosas). También han colaborado Juan Arabel, Dante Cordero, Dante Ascaíno y Sebastián Tello. El repertorio incluye autores como Horacio Guaraní, Juan Falú, César Isella, Ana Robles, Rubén Rada.

Y si la voz del violonchelo se parece a la humana, ellas, por su parte, se atreven a presentar las suyas y asumir el canto, toda una novedad frente a la gente.

La originalidad del trío no se agota en que se trata de tres violonchelos, sino que además, son tres mujeres, una conexión que tiene su propio imaginario. “Sí, siempre se habla de la sensualidad que genera el chelo en manos de una mujer. Quizá todo empieza con que tiene la forma de un cuerpo de mujer. Pero el sensual es el chelo (aunque no tanto cuando hay que cargarlo en la espalda con el colectivo lleno)”, dicen y ríen.

La misma ventana da ahora a una mañana lluviosa de otoño de barrio Cofico. Ailin, Eugenia y Marcela tocan sus violonchelos como si tocaran sus corazones. Sí, es como ellas dicen: la vibración se multiplica hasta abarcar todo el mar de las sensaciones. Y ellas se sienten como en la burbuja de una ola que llega mansa hasta la orilla.

Ventanas. Eugenia Menta, Ailin Gazzo y Marcela Vicente se presentan en Cocina de Culturas (Julio A. Roca 491) con el espectáculo Ventanas. La cita es mañana a las 22.