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La ñata contra el vidrio: cómo fue la convocante apertura de La Semana de los Café

El bar Sorocabana quedó chico para tanta expectativa, y muchos siguieron la primera noche de tango desde la vereda. Mirá fotos de la primera noche.

09 de junio de 2015 a las 08:15 p. m.
La ñata contra el vidrio: cómo fue la convocante apertura de La Semana de los Café
La vereda del Sorocabana se convirtió en una platea para seguir la primera cita de la Semana de los Café.

Con la bandeja en la punta de los dedos, bien arriba de la cabeza para no ocupar ni un centímetro más del estrictamente necesario, la moza traza con su cadera un pasillo entre la gente para alcanzarle el pedido a tres señoras que, elegantísimas, bien de peluquería, tienen la mejor mesa del bar Sorocabana justo frente al escenario.

Faltan 15 minutos para que largue la primera cita de la Semana de los Café, que regala noches de buen tango con artistas locales y porteños de primer nivel, y en el bar de la esquina de San Jerónimo y Buenos Aires no cabe ni un alma más.

"Yo entré a trabajar a las seis y ya estaba lleno", dice muy contenta Silvia, la moza, sin saber que el trabajo se le multiplicará hasta la vereda, donde recala la gente que ya ni siquiera puede entrar y disfruta del espectáculo con la ñata contra el vidrio.El cantor Dante Garello, uno de los impulsores de la iniciativa, va y viene con los últimos detalles. Están por ingresar los músicos del mítico Trío del Café Tortoni, con el maestro Mario Marmo a la cabeza, para sentarse en sus puestos y ponerle bandoneón, bajo y piano a casi dos horas de desamor hecho canción. De riguroso negro con zapatos rojos, llega taconeando María Fernanda Corda, tanguera también y locutora de la FM Tiempos Viejos, la radio que junto a la Agencia Córdoba Cultura organiza esta primera Semana de los Café.

Le toca a la cordobesa

abrir el fuego, y lo hace con un repertorio complejo y sin concesiones. Larga con

El Motivo

, de Roberto Goyeneche, colocando cada nota en su lugar, y alguien recordará que El Polaco estuvo varias veces en el mismo bar que ahora transpira tango por todos los ventanales. Eugenia elige cuatro temas que sostiene con oficio y que frasean algunas mesas de entendidos, como la que ocupan en el fondo del bar el grupo que viene desde la

, donde todas las semanas hay clases de tango.El aplauso da paso a Andrés Gastón, cantor local que con su estilo más arrabalero y canyengue hizo una gran carrera en Buenos Aires. Él asegura que el tango es como la vida y canta con emoción

Me quedé mirándola

y Trasnochando. En el final, todo el auditorio se lamenta con el artista en un coro efusivo y sentido: "Y hoy que vivo enloquecidooo... porque no te olvidé, ni te acuerdas de mí, Gricel, Griceeel...". Solo que él hace vibrar los vidrios, y se retira ovacionado.Le sigue en el programa otra cordobesa, Susan Yanet. Morena y sensual, dueña de unos agudos que quedan suspendidos en el aire, homenajea a Mariano Mores con

Frente al mar

y también hace cantar a todos con un clásico como

Balada para un loco

.

Plantada sobre la única baldosa que encontró libre, Amanda, vecina de barrio Panamericano, 74 años, 30 de empleada de comercio, pide un cafecito y lo toma con una mano mientras sostiene el platito con la otra. "Esta chica tiene una voz única...", se deleita, con el último sorbo. Resta todavía una hora de show pero ella seguirá de pie y nunca perderá la compostura ni el buen humor.

Desde Avellaneda, Buenos Aires, llega Carlos Morel y así como encendía con su vozarrón el rating de

Grandes valores del tango

, convierte al Sorocabana en un club de tango completo. Las señoras de la primera mesa le piden que cante

Desencuentro

. Él les dice que ese tangazo está en el repertorio del gran Carlos Rossi, el próximo cantor, y les retruca con

Tinta roja

. Aclamado, a puro valsecito peruano, hilvana ahí nomás

La flor de la canela

, y dialoga con el público, lo hace cantar, agradece, hace bromas ("Estas chicas piden más que un fiscal", se ríe con las mujeres de la primera mesa), y termina con un doblete rabioso,

La última

y

Pasional

.La noche cierra con Carlos Rossi, que es puro desconsuelo cuando canta el esperado tango de Cátulo Castillo. Rossi se baña en el aplauso de la gente, maneja la seducción sin culpas para interpretar

Rosicler

y

Flor de Lino

. Y cuando todo es un arrabal, se despide hasta la próxima con

Deseo

, el afiebrado tango de Guillermo Fernández. Chan chan.