Temas del día:

El corazón de la fiera: cómo fue el show acústico de Zakk Wylde en Córdoba

El icónico héroe de la viola mostró su versión acústica con predominio de baladas, probando su virtuosismo y sensibilidad. 

27 de agosto de 2015 a las 12:50 p. m.
El corazón de la fiera: cómo fue el show acústico de Zakk Wylde en Córdoba

Zakk Wylde es una bestia salvaje que se ganó el derecho de tocar con su viola el tiempo que se le antoje y en el formato que quiera: acústico, con un acompañamiento mínimo detrás, como un búfalo pastando tranquilo, haciendo del mástil de su instrumento una pradera por la que de golpe puede salir corriendo como si fuera una feroz manada en estampida.

Ese fue el plan de su presentación en la noche del miércoles en Espacio Quality, ante unas 800 personas que acudieron ante la presencia de un legítimo “guitar hero” del metal pero con corazón y fibra para otros géneros.

De hecho, el show desconcertó a muchos. En primer lugar porque fue completamente acústico (una picardía no poder ver si quiera su emblemática Gibson Les Paul Bull´s eye), y además porque no fue para nada concesivo: la mayor parte de la lista abordó baladas.

Imagen de la nota

Igualmente, sirvió para mostrar un costado de Wylde más cercano al de un guitarrista clásico que al de una estrella del heavy. La prolijidad con la que interpretó solos interminables en la acústica (pero con distorsión) fue majestuosa.

Todo comenzó con Losing your mind (de Pride & Glory), lo más cercano a un hit radial en su carrera, con la imponente estampa de vikingo motoquero de este gigante, acompañado de Dario Lorina, otro gran violero al que también le dio espacio para lucirse.

La originalmente arrolladora Suicide messiah (de Black Lebel Society) ya marcó el tono reposado que tendría la noche y Road back home sonó en plan balada ya con solos eternos de Wylde. El ex guitarrista de Ozzy Osbourne también se sentó al piano en varias ocasiones, como en Spoke in the Wheel, y en Machine gun man tiró una de las pocas "tribuneadas" de la noche, llevando su viola a la nuca en un gesto ya algo paródico que sólo se aceptan en figuras de su talla.

Por lo demás, predominó lo sobrio, como una escenografía discreta con tres banderas de BLS casi como si se tratara de un encuentro de una fraternidad de motoqueros, con los músicos sentados casi todo el show.

Imagen de la nota

Sold my soul fue una de las más aplaudidas, y In this river, Scars y Empty promises siguieron en esta tónica de baladas intercaladas con solos arrolladores, aunque hicieron algo monótono el show.

Igual, este velocista con corazón volvió a subir las pulsaciones sobre el final con The blessed hellride, My dying time (del último disco de BLS, Catacombs of the black Vatican) y Stillborn. Y no más. Esta fiera "auto domesticada" saludo, tiró un muy americano "que Dios los bendiga", hizo algunos gestos de gorila al golpearse el pecho y se marchó. Sólo le faltaba una Harley para salir a toda velocidad.