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Crónicas en penumbra: la conmovedora dimensión Fernando Cabrera

El cantautor uruguayo protagonizó a solas con su guitarra un despojado y extraordinario concierto. El sábado, en el salón de Actos de la UNC.

19 de noviembre de 2018 a las 06:49 p. m.
Crónicas en penumbra: la conmovedora dimensión Fernando Cabrera
Fernando Cabrera y su guitarra. (Gentileza Juan José Coronel)

Puede susurrar un acorde con la púa, una a una las notas, y hasta suspirarlo si la caricia es con los dedos; o puede aferrar la canción a un tono resonante, rasgado con firmeza; algo así sucede con las notas: alguna puede demorarse redonda y gorda hasta sostener incluso varios versos, o muchas, derramarse una tras otras salpicando el rumbo del tema.

Eso que hace Fernando Cabrera con la guitarra se parece a la manera en que su canto toma las palabras: tira de ellas, las despliega, la estira, las aspira, las llena de aire, las apaga…

Toda la puesta de sus canciones es despojada, mínima, a veces tan mínima que le basta el silencio o una caja de fósforos para sostener todo un transcurrir poético cantado.

En las palabras parece que se juega la mayor parte del destino artístico de este compositor uruguayo tan multiplicado por otro músicos, que es la mayor muestra de reconocimiento que pueden darle sus pares.

Es que ha conseguido un finísimo y singular punto de observación para identificar sentimientos y destellos de la existencia urbana en la marea de los días, del amor y sus naufragios, la soledad y la celebración de las cercanías con las que se comparte la vida (como la muy bella

Buena madera

, canción para su hermano carpintero).

Pero en la maravilla de la densidad artística de Fernando, la música y la poesía forman parte del mismo amasijo y atraviesan las canciones una detrás de los pasos de otra y viceversa. No es que lo despojado de la música es sólo para resaltar la palabra. “Las pocas notas también ocupan un gran espacio. No hace falta tocar 100 notas. Una sola, en su justo lugar y con la expresividad necesaria, vale como una orquesta entera”, nos dijo antes de venir a Córdoba.

El sábado se presentó en el Salón de Actos del Pabellón Argentina. Con una pequeña disposición escenográfica como un resalto de calidez para su presencia solitaria, el lugar volvió a sentarle justo para su profundo intento de comunicación. Esta vez, además, le agregó sabrosos comentarios, algunos de verdades espesas y otros de chispa encendida.

Presentó algunas de los notables temas de su nuevo disco:

Malas y buenas

,

El trío Martín

,

Alarma..

. Pero también  hilvanó un repertorio abundante de sus canciones queridas, como que casi no faltó ninguna:

El tiempo está después

,

La casa de al lado

,

Agua

,

Dulzura distante

,

Imposibles

,

Te abracé en la noche

...

El público de Cabrera no sólo no aplaude cuando reconoce una de sus canciones favoritas ni tampoco arrebata las manos sobre el final de cada tema. Es un saludable modo de estar en sintonía con el artista

Acaso las sensaciones entre la gente que se conmovía en las butacas parecían también mínimas por fuera,. Pero eran gigantes pecho adentro.