Crónica de un concierto a muchas manos
Cómo fue "La noche de los pianos", el encuentro de músicos cordobeses que se realizó el domingo.
El piano Steinway estaba como apagado bajo el tenue resplandor opaco que atravesaba el salón del Centro Cultural Córdoba, donde se montó un escenario de ocasión porque la lluvia rondaba el parque Sarmiento, hasta que las manos comenzaron a llegar, de a dos en dos, otras tras otras, y encendieron las luces de la música.
Fue "La noche de los pianos", organizada por la Agencia Córdoba Cultura, y sucedió al final del domingo. El instrumento era uno (y lo había llevado el afinador Miguel Puch), pero eran varios: cada uno de los siete pianistas convocados a la original reunión traía uno en sus dedos y en su corazón.
La reunión concentraba un grupo de los músicos más notables, algunos con nombres ya esenciales. Cada uno tuvo su tiempo, algo así como su cuarto de hora, pero la reunión de todos los momentos, de los distintos temperamentos y estilos, no sólo consiguió un resultado bueno, sino ciertamente bello.
Tras las palabras de Mario Luna, fueron pasando de a uno. cada uno presentaba al que seguí, y en el momento del pase de posta, compartían una breve improvisación a cuatro manos. El orden fue: Fernando Rivarola, Guillermo Di Pietro, Juan Carlos Ingaramo, Juan Cruz Peñaloza, Mingui Ingaramo, Luis Lewin, Juan Carlos Tolosa y Germán Nager.
Tocaron músicas propias y de otros autores, pero todas vistas a través del cristal de cada registro sensible. El lugar en el que finalmente se concretó no fue el más adecuado, entre otras cosas por las dificultades para el sonido, aunque “el Turco” pudo sacarlo adelante.
Fueron más de dos horas de una muestra compartida con un sentido de amistad entre los artistas, y en las que cada uno pudo ofrecer una versión comprimida pero intensa de sí mismo.

