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Bruno Gelber sigue enamorado de su piano

El pianista ofrecerá dos funciones en el Teatro del Libertador, el 16 y 17 de septiembre. Dice que sigue amando "a ese señor con el que me casé a los cinco años, y que me sonríe todos los días con sus dientes negros y blancos".

11 de septiembre de 2016 a las 02:10 p. m.
Bruno Gelber sigue enamorado de su piano

Siempre hay amabilidad, camaradería y humor en las conversaciones con el pianista Bruno Gelber. No se trata de una pose ni de una ráfaga arbitraria para resolver una nota: el espíritu es genuino. Niño prodigio, estudioso incansable y hombre de dedicación exclusiva a su pasión por el piano, el artista pisará otra vez suelo cordobés para deleitar a los amantes de la música el 16 y el 17 de septiembre, en el Teatro del Libertador San Martín. Esta vez, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Córdoba.

–El año pasado le tocó a Beethoven y a Schumann; ¿de quién es el turno esta vez?

–Voy a hacer una obra distinta, porque no toco lo mismo siempre; es el Concierto Nº1 de Brahms, un concierto espectacularmente divino, un concierto joven de Brahms enamorado. Lo toqué por primera vez a los 17 años en el Colón, y nos abrió las puertas de todas partes, como es un concierto muy difícil y muy profundo, era raro ver a una persona tan joven en esas aguas tan densas.

–A esa edad, ¿lo tomó como un desafío?

–No. Yo estaba enamorado de ese concierto, me producía un sacudón enorme, una palpitación cuando lo escuchaba y lo quise estudiar, se lo propuse a mi maestro de entonces y me dijo que de ninguna manera, porque Brahms se había portado muy mal con Schumman teniendo un amorío con su señora. Pero no fue un touch and go de joven, fue un profundo amor que tenía Brahms por Sarah, la mujer de Schumann.

–¿Es factible captar esa sensibilidad con el oído promedio?

–Sí, por supuesto: es un concierto apasionado, ardiente, denso como es Brahms. Él no es alocado al estilo Chopin, pero tiene una especie de divismo que es impresionante.

–Entrando en los oídos promedios, ¿cómo cree que se lleva la gente joven con este tipo de música?

–Ser joven hoy significa un sinfín de tentaciones, de dispersión; yo admiro a la gente joven que se focaliza en algo que les gusta porque la tentación de la distracción está al servicio de ellos cotidianamente. Aquellos que tienen la suerte de recibir el don del talento, lo sienten y buscan un medio de expresión.

–En su concierto del año pasado había mucha gente joven. El prejuicio dictaría que es raro para una música asociada con oídos mayores.

–No todo es tan cartesiano, las cuestiones no son siempre correlavitas; hay gente grande que es muy apasionada y muy divertida y hay gente joven que es aburrida como un corcho. El que tiene la suerte de tener el juguito del amor y la vocacion, y que está dotado para las cosas y sabe sentirlas y sabe honorarlo, no tiene edad. No digo esto porque esté grande, pensé lo mismo toda mi vida. Y a esta edad no se cambia de opinión tan fácilmente.

Amores y dolores

–¿Hay cosas de la edad que lo tengan preocupado?

–Tengo mis achaques de la poliomelitis (sufrió la enfermedad cuando niño y le dejó secuelas en las piernas), pero mi cabeza y mis dedos andan. Sigo haciendo mis ejercicios de yoga, sigo concentrándome y sigo enamorado de ese señor con el que me casé a los cinco años, y que me sonríe todos los días con sus dientes negros y blancos, y le soy fiel desde entonces.

–¿Qué opinión le merecen los músicos de Córdoba?

–Tengo un alumno cordobés que es una maravilla, se llama Nacho Seia, tiene 23 y es un espectáculo; cuando toma clases, a veces no necesito terminar de explicarle las cosas porque ya las siente, hay comunión fuera de la música. Eso no es absolutamente indispensable, porque hay gente que puede tener mucho talento y hasta que se pone de acuerdo sobre algo, cuesta. Hubo directores y solistas en mi vida que tuve ganas de matarlos, pero hay que saber disentir sin ofuscarse. A usted una frase musical le puede decir una cosa y yo interpretar otra, es lo mismo que en la escritura. Y pueden ser válidas las dos, depende de que realmente sea una cosa absolutamente convincente, que tenga sentido y que tenga validez musical.

–¿Cómo se decide a tomar un alumno?

–Creo que mi misión en la vida ha sido brindarme, a través de un concierto, de una clase; es muy lindo despertar a alguien a la vibración musical, tocarle el centro vital de la emoción a alguna persona, porque a veces no es que no lo tengan sino que lo tienen poco sacudido, y me encanta eso. Hay gente que tiene mucho talento.

–¿El talento es todo lo que hace falta?

–Ocurre algo tremendo hoy día y es que la gente joven quiere las cosas, no ahora, sino ayer. Hay que tener la sabiduría de saber esperar que las cosas vengan. Usted está estudiando un pasaje y no le sale hoy, ni mañana, ni en la semana; bueno, le saldrá en el mes. O en dos meses. Cuando toqué el concierto de Rajmáninov fui leyendo la parte más intrincada durante diez días, hasta que la saqué, y eso que lo conocía perfectamente, pero para poner los dedos en las notas que deben ser, es difícil. La paciencia es un don.

Cuestión de talentos

–¿Qué se necesita para ser un buen intérprete?

–Es necesario tener muchos talentos: primero, de saber focalizarse en una cosa. Me pasa a veces con algún alumno –que los saco volando–, que me dijo que creía tener una tentación enorme para estudiar dirección orquestal. Le dije que está muy bien, pero en Japón, para ser director de orquesta le exigen cinco instrumentos. Logicamente un director tiene que saber darle indicaciones a las cuerdas, a los vientos, a la batería; tiene que tener nociones de saber qué le dice a un músico, y no pedir cosas imposibles para el instrumento. Es necesario tener vocación férrea pero hacia una cosa, porque no se puede hacer todo lo que uno quiere hoy día, nunca fue posible. Hay que saber qué de todo es lo que a uno le es indispensable como medio de expresión.

–¿Influye la edad para ese aprendizaje?

–Usted tiene una obsesión con la edad, yo no.

–Lo menciono porque usted comenzó a una edad bastante poco frecuente.

–Yo quería la música tanto a los cinco años como la quiero ahora. Y viví la música. Mi vida es mi tarea, lo que me importa es prepararme para mis conciertos y después, si me queda tiempo, vivo el resto. Pero ser un artista consagrado conlleva una cantidad de tiempo, es muy celoso el quehacer de un solista. Le cuento una cosa que no sé si la va a entender: el Concierto N1 de Brahms, cuando lo toque en Córdoba, no lo volveré a estudiar, y en 20 días no lo sé más. Yo estudio todos los santos días de Dios. Horas. La parte física tiene que estar no sólo en forma para mover los dedos bien, sino que el hecho de que se acuerde dónde van los dedos en una obra.

–Es decir que no puede tocar de memoria.

–Yo tengo en mi repertorio 45 horas de música que a lo mejor no es tanto, pero no significa que pueda tocar las 45 horas seguidas, es decir que no las tengo presentes todo el tiempo. Eso es lo difícil y si es sacrificado cuando uno hace las cosas con amor, hay que aprender que todo en la vida tiene un precio y hay que saber los pro y los contra y hay que saber sopesarlo para saber si uno es capaz.

–¿Cómo ve a los músicos cordobeses que lo acompañan en esta oportunidad?

–La orquesta de Córdoba está espléndida, no lo digo para quedar bien con su director, realmente están maravillosos.

Para ver: Bruno Gelber y la Orquesta Sinfónica de Córdoba se presentan el viernes 16 de septiembre y el sábado 17, a las 21, en el Teatro del Libertador. Entradas en boletería y en Autoentradas.