Agustín Pereyra Lucena, carta a un amigo que se fue
El escritor Marcelo Scelso dedicó unas sentidas palabras al genial guitarrista que falleció la semana pasada.
La semana pasada falleció el guitarrista y compositor Agustín Pereyra Lucena, músico argentino nacido en Buenos Aires que se convirtió en uno de los máximos referentes de la música del Brasil y Latinomericana.
Su partida fue lamentada por los músicos de todo el Continente, quienes disfrutaron de la obra de Pereyra Lucena, tanto en solitario como junto a grandes artistas.
El escritor cordobés Marcelo Scelso le dedicó algunas palabras al artista, con quien trabaron una gran amistad durante años.
“Querido Agustín: lo siento, siento que seas el primero, querido amigo. La muerte me deja sin tu música, solo, con mis palabras.
“¡La vida es esto que nos ha pasado, brindemos por ella! Nacimos con pocos días de diferencia. Nuestras familias se conocían en una ciudad que por entonces parecía pertenecerles. A fines de los años 1960 viniste a Córdoba con el “Mono” Izarrualde. Nos quisimos a primera vista.
“Te descubrí como una parte mía que había perdido y era indispensable. Largas conversaciones, recitales, interminables noches de música y palabras en aquella época de oro, nuestra época dorada, mientras tocabas maravillosamente y yo escribía apoyando los cuadernos en la falda.
“En tus horas de vigilia, entre las cuatro de la tarde y las seis de la mañana, hablabas de bossa nova y contabas algunos cuentos bastante buenos y otros tan malos que daban risa.
“Insistías en cuestiones minúsculas, detalles que reiterabas una y mil veces: un sabor, un arpegio, los zapatos del vecino; siempre con una ironía profunda y feliz. En los años duros compartimos el “Abraxas” en el Oosterdock de Ámsterdam.
“Te recuerdo, evitando cualquier trabajo rudo, para cuidarte las manos, transando con las mujeres nórdicas sin conocer el idioma, sin cambiar un ápice, como si aún estuvieras en Buenos Aires.
“Nos vimos en Madrid y en aquel hotelito del barrio latino, en París. Riéndonos, bebiendo algo de más, tomándonos la vida en serio, hablando de música y poesía. Regresamos, aunque una parte nuestra se quedó en Europa. Vos para seguir tu vida de intérprete y eximio compositor, yo para retirarme en el campo.
“Tuvimos mucha suerte. Que Mónica fuera tu amiga, que Charlie continuara nuestra amistad, todos te agradecemos que hayas sido su maestro. Fuiste un artista nato, el único hombre que conocí cuyo pensamiento exclusivo era la música, una de las presencias más importantes de mi vida, alguien a quien extrañaré diariamente”.

