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Un policial amarillo

"Seda roja" es la primera novela distribuida en el país del chino Qiu Xiaolong. El protagonista es un policía experto en literatura.

04 de marzo de 2011 a las 07:49 p. m.
Rogelio Demarchi
Un policial amarillo

Shanghai, segunda mitad de la década de 1990. La China comunista ha sido seducida por el capitalismo. La ciudad se transforma vertiginosamente y sin vergüenza. Las viejas residencias obreras del centro son derribadas para levantar rascacielos lujosos y sus antiguos ocupantes son trasladados a la periferia, cuando no son estafados por los intermediarios. Donde estaban sus humildes restaurantes, ahora están las cadenas internacionales, como la cafetería Starbucks y la omnipresente McDonald's. En esa zona, al amanecer, un viejo capataz jubilado descubre el cuerpo sin vida de una joven y bella mujer, apenas cubierto por un qipao rojo, esa antigua vestimenta mandarín que la Revolución Cultural prohibió por considerarla símbolo de la vida burguesa y que en la Shanghai de fin de siglo ha vuelto a ponerse de moda entre los nuevos ricos.Así comienza Seda roja , la novela que presenta en la Argentina al escritor Qiu Xiaolong y su personaje estrella, Chen Cao, inspector jefe del Departamento de Policía de Shanghai. El título hace referencia al vestido, única prenda que portan las víctimas que a partir de entonces son encontradas todos los viernes, durante tres semanas. Chicas jóvenes, asfixiadas, sin signos de haber sido agredidas sexualmente.Qiu nació en Shanghai en 1953 y allí vivió hasta 1966, cuando se trasladó a Estados Unidos, donde trabaja como docente universitario. Alrededor de Chen ha creado una serie de novelas policiales. Seda roja es la quinta. Las anteriores han circulado en España y alguna ha llegado a la Argentina como libro importado. A partir de mediados de 2011, la Editorial Tusquets tiene pensado publicar tanto relatos nuevos como los anteriores (como es de rigor en estos casos, en la medida que funcione).Chen ha estudiado literatura en la Universidad, es traductor y poeta. Y en Seda roja cursa un Master en Literatura Clásica China, y su primera investigación gira alrededor de la representación de la pasión amorosa en una serie de relatos clásicos. ¿Qué hace trabajando como policía, con el cargo de inspector jefe, además, de una brigada de casos especiales? A principio de la década de 1980, comenta al pasar, "era el Estado el que asignaba empleo a los licenciados universitarios". No es la única crítica al sistema comunista. En realidad, la novela incorpora un conjunto de personajes de distintas edades, condición social y estudios, y ese coro (Chen incluido) transmite desencanto: el comunismo chino ha convertido a la cruda realidad en un secreto y al pasado en una suma de errores bienintencionados, de modo que el sacrificio de los viejos es visto por los jóvenes como un síntoma de ingenuidad política.En ese contexto, el asesino serial a quien persigue Chen es casi de su misma edad. Ambos rondan los 40 años, lo que quiere decir que sus infancias fueron más o menos traumatizadas por la Revolución Cultural, esa exótica revolución contra la revolución que lanzó Mao y en la que alguien podía ser condenado a muerte por haber sintonizado la BBC en su radio. Y los muertos fueron muchos millones de chinos.Hacerlos miembros de una misma generación le permite a Qiu reescribir aquella máxima del policial según la cual entre criminal y detective debe existir una relación especular, reescritura que incluye entre líneas al autor: las fechas de su biografía y la mención de la Revolución Cultural en la dedicatoria de la novela a su hermano piden que veamos a Chen como su alter ego. Y Chen se lo retribuye y no defrauda: como detective, es un excelente crítico literario, casi un académico.