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Terror revolucionario

24 de septiembre de 2010 a las 06:20 p. m.
Antonio Oviedo / Especial
Terror revolucionario
Pierre Michon ganó en 2009 el premio que otorga la prestigiosa Academia Francesa.

Con Vidas minúsculas y Rimbaud el hijo , Pierre Michon (1945) corrobora la observación de Paul Valéry sobre la versatilidad de la novela: "Son suyos todos los desvíos". Ocurre algo similar con Los Once (galardonada en 2009 con el Gran Premio de Novela de la Academie Française), una singular modalidad narrativa que, utilizando la ficción biográfica hasta expulsarla de sus cauces, se alimenta de los inciertos avatares de la historia. Los Once es el título de un gigantesco cuadro ("elogiado" por Michelet en su Historia de la Revolución Francesa ) que pintó por encargo François-Elie Corentin a partir de enero de 1794, en pleno auge del Terror jacobino. La cifra alude a los integrantes del Comité de Salvación Pública, quienes empujaron a sangre y fuego un ahondamiento cualitativo en todos los órdenes de la Revolución.Tras la drástica expulsión de los girondinos (encabezados por el duque de Orleans, primo del rey, habían incluso firmado la ejecución de Luis XVI), los partidarios de Robespierre y Saint-Just, apoyados por la aguerrida plebe de los sans-culotes , llevaron el proceso revolucionario a su máxima incandescencia: la dictadura de los comités jacobinos.Sus torbellinos de indescriptible furia concentran en poco más de un año del gobierno de los Once su lapso más sombrío y urgente. En ese contexto, el jacobinismo, fenómeno central, según François Furet, de la Revolución en todas sus etapas, perdura como "núcleo misterioso" de una experiencia difícil de conceptualizar. Corentin, representando en su retrato a los once protagonistas del poder jacobino (Billaud, Carnot, Prieur Duvernois, Prieur, Couthon, Robespierre, Collot, Barère, Lindet, Saint-Just y Saint-André, en ese orden), todos de pie ante una mesa, ha captado instantes repletos de sofocante dramatismo. Allí están los ortodoxos, la derecha revolucionaria y la extrema izquierda: el jacobinismo los alberga a todos, pero cada uno desconfía de los demás. Los que encargaron la obra le sugirieron al pintor que acentuara la definición de ciertos rostros (Robespierre, Saint-Just, Couthon) para cuando la situación cambiara… La densa teatralidad de esos cuerpos, bañados por un claroscuro que evoca a Caravaggio y también a Tiepolo, entran a la historia con esta "obra maestra" exhibida "actualmente" en el Louvre rodeada por una plancha de cristal blindado… Y con ella culmina la "biografía" del inefable Corentin, mejor dicho, Corentin pertenece a la narración literaria de una vida que, según Michon, pintó en las páginas de Los Once la imagen adusta, rembrandtiana, de los conspicuos miembros del terror revolucionario.