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Pablo de Santis: el arte de regresar

Pablo De Santis llega a Córdoba para participar en el Primer Festival de Literatura. El autor de "El enigma de París" ofrecerá un taller y una conferencia.

13 de agosto de 2011 a las 05:15 p. m.
Pablo de Santis: el arte de regresar

"La concentración, la sorpresa, el juego, la identificación, el secreto y la universalidad". Esos son los seis lados de la ficción según Pablo De Santis, el escritor y guionista de historietas que llegará esta semana a Córdoba para participar en el Primer Festival de Literatura de Córdoba, un evento de dos días –jueves y viernes– organizado por la red de centros culturales europeos (Eunic). De Santis, un autor central de la literatura contemporánea argentina, participará en dos actividades del festival: el viernes a las 10 en el Instituto Goethe (Hipólito Yrigoyen 646) ofrecerá un taller sobre la narrativa en literatura y la narrativa en historieta, y el mismo día a las 19.30 dictará la conferencia "Los seis lados de la ficción". "Tomé la figura del cubo como ayuda para hablar de aquello que para mí es una ficción –explica el autor de Los anticuarios –. Esto nació sobre todo de mi curiosidad al ver que algunos textos surgidos de otras disciplinas (el periodismo, una anotación en un diario personal, una anécdota que oímos) podían convertirse en perfectas ficciones. Quería pensar cuál era la clave de esta transformación". –¿Cuál de esos lados puede ser el más débil en algunas ficciones? –La concentración, es decir la economía, el modo como un relato reduce el mundo para que entre en una página, es el más discutible. Porque aun lo aleatorio, lo que está de más y que el sentido común nos ordenaría borrar, tiene una necesidad en una obra literaria: simular que no se trata de literatura, que es apenas el discurso acumulativo y caprichoso de la vida. Una y otra vez la literatura se propone no parecer literatura. –¿A cuál recomendarías prestar más atención a la hora de escribir? –Tal vez el secreto, esa sensación que nos da la buena literatura de que no se ha dicho todo lo que podía decirse, y que en ese vacío está la clave profunda del relato. –Hablando de ficciones. Borges escribió: "Cuentan que Ulises, harto de prodigios, / lloró de amor al divisar su Itaca/ verde y humilde. El arte es esa Itaca/ de verde eternidad, no de prodigios". ¿Qué lugar ficticio contemporáneo podría ser también la definición del arte o la literatura? –Nunca leí, o al menos no recuerdo, esas líneas de Borges, que son lindísimas. Pero la idea del regreso al hogar es una perfecta metáfora de la literatura. En su Minima Moralia, habla Theodor Adorno del momento en que el niño vuelve al hogar después de las vacaciones, y todo le parece nuevo, porque las habitaciones y los muebles aparecen alejados de las rutinas y obligaciones. El arte bien puede ser ese regreso que hace nuevo lo familiar, desconocido lo conocido. También me gusta mucho un artículo de Chesterton donde cuenta cómo fabrica teatros de papel, con un San Jorge y un dragón, y como el arte es en esencia ese recorte: hacer pequeño lo que es grande. –¿Te interesa la polémica cuando se discute un canon? –Por temperamento soy completamente ajeno a las polémicas, a las discusiones. Soy de las personas que se distraen con facilidad. El Feng Shui de la ficción –¿Qué tiene la escritura para historieta que no tiene la escritura narrativa? –Para escribir historieta hay que tener muy presentes las imágenes, elementos visuales que concentran la acción pero a la vez la psicología de los personajes. La historieta nos recuerda a los escritores la importancia de las escenas. A la crítica argentina, fascinada exclusivamente por los elementos puramente verbales y la reproducción de tal oralidad o tal otra, le vendría bien una mirada a la importancia de la imaginación, de encontrar argumentos nuevos, imágenes poderosas. Hay algo maravilloso en la historieta que es la transformación de lo que uno escribe a través de la mirada del dibujante. Cuando uno escribe una novela, esta permanece tal cual una vez publicada; pero en la historieta todo se transforma. Yo he contado además con dibujantes extraordinarios como Juan Sáenz Valiente y Max Cachimba. La historieta nos enseña además una lección de humildad: El Eternauta es una historia imaginada por Oesterheld, pero es también, en la misma medida, ese ícono dibujado por Solano López. –¿Qué es lo que más te cuesta en el cambio de registro entre narrativa e historieta? –Si bien empecé a publicar historietas antes que relatos o novelas (tenía 21 años cuando gané con Max Cachimba el premio de la revista Fierro), es algo que me cuesta mucho escribir. Hay que describir cada cuadrito, hay que imaginar todo. Me equivoco con frecuencia y soy muy lento para escribir historietas. Un guión no es una historieta: es un laborioso manual de instrucciones para hacer una historieta. –¿Qué es lo que no se puede enseñar en un taller literario? –Nunca di taller literario, apenas participé en un par de cursos o seminarios breves, pero pienso que lo más difícil de transmitir es la hospitalidad, ese elemento casi invisible que hace que entremos o no en un universo de ficción. El Feng Shui de la ficción, que hace que un lector se sienta cómodo o atraído en un espacio hecho de palabras.Taller y conferenciaEl viernes a las 10, en el Instituto Goethe (Hipólito Yrigoyen 646), Pablo De Santis dictará un taller sobre la narrativa en literatura y la narrativa en historieta. El mismo día a las 19.30, en la Casona Municipal (General Paz y La Rioja), dictará la conferencia "Los seis lados de la ficción".