Libros sí, cacareos no: un punto de vista sobre Argentina y la Feria de Guadalajara
El problema no es la filiación política o el origen porteño o provinciano de los autores que viajarán a México, sino que el seleccionado tenga a los mejores.
Las ferias del libro de corte internacional acostumbran invitar a un país en particular para cada una de sus ediciones. La literatura es una excelente manera de poner en contacto a los pueblos. Ayuda a mostrarse y a conocerse mutuamente. Por eso, el invitado piensa muy bien qué va a hacer, qué va a llevar y mostrar, de qué cosas quiere hablar.
Bueno, así tienden a comportarse los demás; no nosotros. A los argentinos nos cuesta tanto pensar y organizar una estrategia para relacionarnos con el resto del mundo que ha dejado de interesarnos. Hacemos, por supuesto, como que nos interesa y nos preocupa, para guardar las formas. Cacareamos entonces dos minutos sobre cuestiones secundarias, y después nos abocamos a otra cosa.
En marzo, la Argentina viajó como invitada al Salón del Libro de París porque se homenajeaba a Julio Cortázar, que vivió allí desde 1951 hasta su muerte, en 1984, y de cuyo nacimiento se conmemorarán 100 años a fines de agosto. Quienes criticaron a la delegación oficial, encontraron dos motivos "fuertes" para impugnarla: casi todos eran escritores alineados con el Gobierno nacional; y casi todos eran de Buenos Aires, el "interior" casi no tenía representación.
Hace exactamente un mes, cuando la Argentina anunció oficialmente el programa de actividades que desplegará como invitada de honor a la próxima Feria del Libro de Guadalajara (29 de noviembre al 7 de diciembre), se repitieron aquellos motivos pero de una manera muy curiosa.
Primer motivo: Magdalena Faillace, directora de Asuntos Culturales de Cancillería y a cargo de la presentación de la propuesta, afirmó que ahora no se podría debatir sobre la “kirchnerización” de la delegación que se había conformado porque “invitamos a escritores de un ámbito muy plural”.
La politización del Estado es un mal que en la Argentina tiene tranquilamente más de 50 años y goza de muy buena salud. En cualesquiera de sus tres niveles, el Estado no es “El-Estado”, sino un instrumento al servicio del gobierno de turno. Eso quiere decir que no nos representa a todos ni nos da trabajo a todos, sino a “los del palo”. Todos los que han gobernado, hasta en la comuna más pequeña y perdida del interior, han actuado de ese modo.
Por eso, esta discusión se repite periódicamente: lo mismo pasó en 1997, presidencia de Menem, cuando la Argentina fue invitada a Guadalajara.
Ahora, con todo, llama la atención que el Gobierno se protegiese de las críticas de esa manera, dándonos a entender que habían convocado a escritores radicales, a algunos peronistas opositores y a quienes apoyan a Macri o a Carrió.
¿Se imaginan una selección de fútbol armada de este modo? Director técnico busca arquero comunista, por ejemplo, para cumplir con la cuota que les corresponde a los camaradas.
Segundo motivo: una editora cordobesa se quejó por carta de la discriminación del interior y habló de "desplazamiento cultural", de la provincia en particular y del interior en general, porque "hay muchos autores destacados en Córdoba y en el resto de la Argentina que no existen para nuestro Estado nacional".
A lo largo de todo el mundial de fútbol, entre todas las discusiones que tuve que escuchar sobre el funcionamiento de la selección, no hubo una sola que hiciera centro en el lugar de nacimiento de los jugadores. No escuché a catamarqueños o a fueguinos reclamando que Sabella y la AFA habían dejado afuera a sus cracks.
Por si no queda claro: ni la ideología política que oriente sus votos ni la provincia donde hayan nacido son dos variables válidas para seleccionar a los mejores escritores argentinos que se han de ofrecer al país que nos invita y nos abre, en consecuencia, un espacio importante dentro de
su evento cultural para promover la difusión y la lectura de nuestros autores.
En Guadalajara, se calcula que participarán unos 650 escritores de todo el mundo. El 10 por ciento, 65, serán argentinos. Qué importa si son tucumanos o sciolistas, lo que debiera importarnos es si son buenos escritores y ahí te quiero ver.
No es fácil definir qué cosas hacen que un escritor sea bueno. Porque los valores que definen la “buena literatura” cambian con el tiempo y dependen de factores no sólo literarios, sino también sociales, culturales y políticos. Y porque estamos hablando de una delegación para una feria del libro, donde la literatura no es sólo un arte sino también un formidable negocio.
Pero, aunque sea difícil, es necesario. Por cuestiones de espacio, se me ocurre una pregunta orientativa para evaluar la próxima delegación y discutirla con un poco más de seriedad: ¿les diríamos a los mejicanos o a quien sea que estos son los 65 escritores argentinos vivos (ver acá la nómina) que vale la pena conocer y leer?

