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Lauren Groff: Brilla con luz propia

Lauren Groff es la joven revelación de la literatura estadounidense. En castellano se consigue su novela "Los monstruos de Templeton".

17 de junio de 2011 a las 05:51 p. m.
Rogelio Demarchi
Lauren Groff: Brilla con luz propia

Especial Una nueva estrella ilumina el firmamento literario. Es Lauren Groff (1978, Cooperstown, Estado de Nueva York), finalista del Premio Orange para nuevos escritores en 2008 con su primera novela, Los monstruos de Templeton , que le valió un contrato para ser traducida a diez idiomas y el elogio de autores consagrados y tan diferentes como Lorrie Moore y Stephen King. Mientras en Estados Unidos ya ha publicado su segundo libro (un volumen de cuentos) y se espera la salida del tercero (otra novela), los lectores argentinos pueden disfrutar la edición española de Los monstruos de Templeton , a cargo de Salamandra: 400 páginas de una narración 22 exquisita, que apuesta fuerte y casi no comete errores, y que hace pensar en esa súper etiqueta literaria que atemoriza a más de uno y señala a "la gran novela americana". Sólo pueden aspirar a ese título aquellas novelas que expresen el espíritu de la Nación, en un momento dado o desde un determinado punto de vista. Por eso mismo debe tratarse de un "gran relato" que abarque un amplio segmento de la historia nacional. Y no sólo se trata de extensión, sino también de complejidad. Y todo ello sólo puede lograrse en clave realista. Y tiene más chances de alcanzar la gran corona quien escriba una novela de aprendizaje, de formación (eso que suele designarse como bildungsroman ). Los monstruos de Templeton tiene todo eso. Es la historia de un pequeño pueblo del Estado de Nueva York, Templeton, desde fines del 1700 hasta comienzos de 2002, lo que quiere decir que las Torres Gemelas ya están en el suelo: "El invierno posterior al atentado contra Nueva York, el país estaba triste, gris, en un tris de precipitarse al apocalipsis. El mundo que yo conocía se hallaba siempre a punto de acabar; éramos frágiles; yo lo era. Hubiera bastado un suave codazo para que me despeñara en caída libre". Ese yo que narra, entonces, es el espejo de todo un país.Templeton es la versión ficcional de Cooperstown. Admite Groff: "Mi Templeton es a Cooperstown lo que una sombra al árbol que la produce, una silueta que cobra la textura del suelo en que se proyecta". Y ese juego entre ficción y realidad no es nada ingenuo: "La ficción consiste en contar la verdad mediante mentiras", escribe Groff, con la seguridad de quien se pasó mucho tiempo meditando el asunto.Y como Cooperstown no es un pueblo cualquiera para Estados Unidos –es el pueblo de James Fenimore Cooper (1789-1851), uno de sus grandes novelistas, autor, entre otras recordadas novelas, de El último mohicano –, Templeton también tendrá su escritor famoso, su archivo histórico, y como si no bastara con ello será la cuna de uno de los deportes más populares: el béisbol. Hay, al menos, otro juego literario a tener en cuenta: así como William Faulkner incluyó en ¡Absalón, Absalón! un mapa de Yoknapatawpha, el libro de Groff se abre con el mapa de Templeton. Pero esta mujer va mucho más allá: en casi todos los capítulos, colo-ca retratos de sus personajes (fotos, pinturas), y va reescribiendo periódicamente el árbol genealógico de su protagonista. Se busca un padre La novela comienza así: "El día que regresé a Templeton sumida en la desgracia, el cadáver de un monstruo de quince metros de largo emergió a la superficie del lago Glimmerglass". El misterio que encierra esa primera oración es múltiple. Quien narra –quien regresa– deberá contarnos quién es, de dónde viene y por qué vuelve abatida, qué es Templeton para ella y cómo es que un monstruo habita las aguas de su lago, cercano a la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Ella se llama Willie, tiene 28 años, viene de Alaska, donde participaba de una investigación arqueológica en busca del primer hombre que habitó Norteamérica, y vuelve angustiada porque se ha implicado en un triángulo amoroso con el jefe de la investigación, que además de ser casado dirigía su tesis doctoral, lo que quiere decir que su vida amorosa y su vida académica se han ido juntas al infierno. En Templeton, en la casa familiar, la recibe Vivienne, su madre, una enfermera de 46 años y un largo y rico pasado hippy en el que se destacan el amor libre y las drogas, lo que contrasta, y mucho, con este presente en el que está en pareja con un pastor baptista, a cuya comunidad religiosa se ha integrado hace poco. Como el pastor sanciona el sexo fuera del matrimonio, entre él y ella nada de nada. Vivienne es descendiente del pionero fundador, lo que hace del pueblo casi un bien de familia: "Mi madre y yo manteníamos una relación extraña con el pueblo, pues éramos los últimos vestigios de su fundador, Marmaduke Temple, y descendientes directas del gran novelista Jacob Franklin Temple, cuyas novelas leíamos todos los años en el instituto".A la religión no le gustan las mentiras, y Vivienne le ha mentido a su hija. Le ha dicho, desde pequeña, que no sabe quién es su padre; que tiene que haber sido uno de los tres muchachos con los cuales tenía sexo en la comunidad hippie de San Francisco, pero vaya ella a saber cuál. Pues bien, en este retorno intempestivo, la joven conocerá la verdad. Su madre le dirá que es un hombre del pueblo, también emparentado con el viejo Marmaduke. Pero no le dirá su nombre. Ella deberá descubrirlo, y estudiar una y otra vez el árbol genealógico e ir sacando a la luz todos los secretos familiares escondidos en cartas, diarios íntimos, las novelas del querido antepasado y otros documentos. Y varios de esos secretos podrían ser clasificados como secretos de Estado.En medio de eso están el fantástico monstruo del lago, el Templetonia portentum , "un animal único en la historia del planeta", y los fantasmas de la casa. Y muchos testimonios que durante casi 200 años registran la presencia de ambos. No falta nada, ni siquiera la gran amiga y los viejos compañeros del secundario. Los monstruos de TempletonLauren GroffSalamandra$ 95