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La trama de la impostura

El español José Ovejero ganó con “La invención del amor” el Premio Alfaguara 2013. La novela narra la curiosa historia de un hombre que decide inventarse un amor y así reinventarse a sí mismo.

21 de julio de 2013 a las 01:00 p. m.
Gustavo Pablos (Epecial)
La trama de la impostura

Un hombre está en su ­departamento de madrugada, después de una reunión con amigos y una amante ocasional, algo cansado, ebrio y bastante melancólico, cuando lo sorprende una llamada telefónica, y al atender una voz masculina le dice que Clara ha muerto. En lugar de decir lo que diría cualquier persona en una situación semejante, que no conoce a ninguna mujer que se llame así, que se ha equivocado, le sigue la corriente al hombre que le comunica la noticia.

Con esta sola escena en su cabeza, José Ovejero encontró la punta del ovillo de una historia que finalizó tres años después y que con el título La invención del amor ganó el Premio Alfaguara de Novela 2013. "No era mucho más que ese comienzo lo que tenía en la cabeza, y avancé a la par de mi protagonista, con el interés por saber quién era esa Clara y ver qué relación se podía establecer entre los dos -comenta-. Lo que más me costó fue encontrarle el tono a la narración, pero una vez que lo encontré las cosas salieron más o menos rápido".

El autor quiso averiguar y asistir a los cambios que se producirían en el protagonista y narrador (un hombre de 40 años, socio de una empresa de construcción e inmerso en un melancolía recubierta además por la de una generación y un país) una vez que comenzara a inventar la relación con esa mujer desconocida. Motivado por la curiosidad Samuel se moverá hacia adelante, no temerá los desafíos de esta extraña apuesta y, contrariando todas las convenciones del amor romántico -es decir, ubicándose bien lejos de los tópicos y las idealizaciones-, en un momento de su vida en que se encuentra desahuciado, sin creer nada, busca inventarse un amor. Y será Carina, la hermana de Clara, a quien conoce en el velatorio y con quien empieza a encontrarse, la testigo de la confidencia de sus invenciones sobre esa relación que nunca existió pero que de a poco comienza a cobrar vida a través de sus palabras.

"En mis novelas anteriores, como La comedia salvaje o Un mal año para Miki, que son más exuberantes, más desbordadas y menos contenidas, el amor aparecía de manera más indirecta, mientras que ahora lo puse en el centro de la narración y de la vida del protagonista y narrador", señala Ovejero.

Con una prosa muy cuidada, por momentos más especulativa, reflexiva, y en otros más poética, este narrador en primera persona nos va metiendo paulatinamente en la trama que da lugar a la invención de ese amor y también a su propia reinvención, ya que de esta historia Samuel extrae el entusiasmo necesario para que su vida tome un nuevo giro.

"Era una novela que podía virar fácilmente hacia el absurdo, hacia algo disparatado, y por eso precisamente me interesaba mucho que todo el contexto de la historia estuviera muy claro, que la descripción de la ciudad fuese realista, que los personajes tuviesen un empleo reconocible, es decir, teñir todo de cierto realismo para que las cosas más absurdas estuvieran ancladas en la realidad -reflexiona Ovejero-. Y también me tocó trabajar mucho para que los distintos pasos que se fueran dando sean verosímiles. Me tenía que poner en el lugar de Samuel y hacer que sus mentiras parecieran verdades".

Salidas-El personaje está entrado en los 40 años, ¿fue una decisión aleatoria o también hubo un intento suyo de reflexionar sobre la crisis de una generación y de una época? -El tema de los 40 años me interesaba, porque si bien Samuel es una persona que ha tenido problemas con sus amores en el pasado, tampoco está todo perdido, todavía tiene tiempo de rehacer su vida. Lo mismo sucede con la elección del lugar, Madrid, y de la época. Quería que también apareciera representada la crisis que vive el país, que es muy profunda y en todos los aspectos. Sentía la necesidad de vislumbrar un rescoldo, una salida, algo que requiera invención e imaginación, porque en situaciones de estas características la rutina y los lugares comunes quitan dinamismo y movilidad. Existe el riesgo de quedarte en la comodidad, en lo que resulta conocido aunque no termine de satisfacer. La cuestión fundamental en los dos casos es el tema del entusiasmo, y de qué manera lo que se da al nivel de un personaje también pueda darse al de una ciudad y una sociedad.

La mujer de mi vida

Por Rogelio Demarchi

Pasaste los 40 y seguís soltero porque te cuesta horrores comprometerte con una mujer. Entonces, en plena madrugada, cuando atendés el teléfono, y alguien te pregunta si vos sos vos y te dice que tu amante ha muerto, no decís que hay un error, sino que aceptás la confusión porque no querés ser vos, sino el otro: ese con el que te están confundiendo y que ha estado en los últimos tiempos comprometido con dos mujeres a la vez; porque para poder tener amante, hay que tener esposa. De modo que anotás los datos del velatorio, das las gracias, y a la hora señalada te presentás con el rostro arrasado por la pena y un ramo de flores entre las manos.

Ese es el increíble comienzo de La invención del amor, la excelente novela de José Ovejero (Madrid, 1958) que obtuvo el Premio Alfaguara 2013. Pero sólo el comienzo, porque luego de despedir a esa mujer que nunca ha tenido, Samuel se enrollará con cuanta persona sea posible para intentar descubrir quién ha sido la muerta y por qué ha valido la pena ser su amante; por ejemplo, con su hermana y su marido.

Cuando todas las piezas del rompecabezas finalmente encajen, ya no será el mismo, ya no podrá volver a ser el que era, ese que cuando el juego está por comenzar confiesa: "El mayor enemigo de la felicidad no es el dolor, es el miedo. Para estar realmente vivo tienes que estar dispuesto a pagar un precio por lo que obtienes. Y ahí es donde yo fallo. Me estoy volviendo perezoso; me cuesta pagar para obtener y tiendo a conformarme con lo que me sale gratis, es decir, con poca cosa".

El doble objetivo de Samuel será saber ser un otro al que no conoce y poder dar cuenta de cómo era con él una mujer a la que tampoco ha conocido jamás, lo que significa llevar a la práctica y hasta las últimas consecuencias la teoría de que es imposible conocer a un ser humano, que todos somos astutos camaleones que nos vamos amoldando a cada relación para obtener lo que necesitamos (afecto, compañía, aprobación, dinero, lo que sea), y que por lo tanto todos mentimos y al mismo tiempo, para que haya reciprocidad, nos dejamos engañar.

En una palabra, Ovejero ha sabido montar una cruda y muy realista historia de amor, cuyo protagonista central es un varón, que interpela al lector.