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Historias de juguetes perdidos

Se publicó un diccionario que repasa la industria de esos inolvidables objetos de la infancia.

06 de enero de 2011 a las 11:40 a. m.
Historias de juguetes perdidos

Los tiempos cambian pero, en un día como hoy, los chicos (bueno, los no tan chicos también) siguen dejando zapatos y pastito, que antes amanecían con un balero y ahora con flamantes celulares. Sin embargo, hay juguetes que resisten el paso del tiempo. Eso al menos cree Daniela Pelegrinelli, autora del libro Diccionario de juguetes argentinos, que recopila la historia de la industria del juguete en el país y, por extensión, la de la infancia de varias generaciones. Quizá el secreto de Toy Story 3 para emocionar a los más grandes fue contar cómo se transforma esa relación con los juguetes cuando uno se convierte en adulto: ¿se tiran, se regalan, se atesoran, se coleccionan? "Hay juguetes arcaicos que nunca mueren: las bolitas, el trompo, el yoyó, la taba; las mismas muñecas tienen cuatro mil años", cuenta la autora, que prefirió repasar su historia.El libro es el fruto de un trabajo de muchos años, recopilando información con fabricantes de juguetes, diseñadores e  industriales, pero que ha dado en la fibra emotiva de lectores de muchas edades. "Es casi un anecdotario de la infancia", añade Daniela. Por eso es, también, un repaso cronológico por lo que pedían los niños de cada década, en un día de Reyes como el de hoy.HistoriaLa industria del juguete en el país despega en la década del 40, en la época de la sustitución de importaciones y las políticas de la infancia y entrega masivas de juguetes del peronismo. Entonces, se fabricaban muñecas de pasta (las de porcelana eran menos comunes) varios tipos de hojalata litografiada, autitos y camioncitos, trombos, baldes, tambores, trencitos de madera. Ya había muñecas con mecanismos de sonido para la voz y todo tipo de rodados (triciclos, monopatines, kartings).

En la década de 1960 irrumpe el plástico y con él todo se transforma: los juguetes pueden mojarse, romperse, doblarse. "Es paradójico, pero los juguetes más frágiles se guardaban mejor porque eran más caros, tenían más valor, se obligaba a los niños a tratarlos con cuidado. El plástico duraba más, pero era más fácil de reponer", añade la autora.La lista seguro se roba una lagrimón de algún nostálgico, porque con el plástico ingresaron los Rasti, los camiones Duravit, los autitos Buby, Mis Ladrillos, y las muñecas con marca de nombre propio: Marilú, Gracielita, Rayito de Sol. Y la infaltable y longeva y nunca suficientemente ponderada, pelota Pulpo.  Con la TV, la publicidad y el merchandising se diversificó la oferta y, sobre todo, la demanda. Según la autora, el paso del tiempo otorgó contenido simbólico a esos objetos y, sobre todo, les dio longevidad. Tanto que los juguetes con mecanismos, por más elementales que sean, sobrevivieron el paso de la tecnología. Cómo aburrirse con el Cerebro Mágico, la Pista Hípica Costa Azul o el Ludomatic. "Los juguetes nunca dejaron de ser productos atravesados por el mercado. Pero nosotros como sociedad hace rato decidimos que vale la pena jugar", finaliza la autora.Diccionario de juguetes argentinos De Daniela Pelegrinelli Editorial El Juguete Ilustrado, 308 páginas El precio sugerido es de $ 140 y, en las librerías cordobesas confían en que el libro llegue muy pronto.