Griselda Gambaro: "Nunca pedí permiso"
La dramaturga y narradora Griselda Gambaro recibió ayer el Premio 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba. En charla con VOS habló de la escritura y 'La persistencia', obra que pone en escena un elenco local, bajo la dirección de su discípulo y prologuista Silvio Lang.
Es tiempo de reconocimientos para Griselda. Menuda, sencilla, vital, a los 84 años mira hacia adelante y siente pudor por los premios. Su obra atraviesa conflictos innombrables, con una escritura austera, nacida en soledad.
La dramaturga y narradora argentina recibió ayer el Premio 400 años de la Universidad Nacional de Córdoba, y esta noche habrá en Documenta una función especial de su obra La persistencia.Gambaro fue distinguida en un acto sencillo, presidido por la Rectora Carolina Scotto y las autoridades de la Facultad de Artes, en el auditorio del Cepia. Cipriano Argüello Pitt, director y profesor, realizó la presentación y valoró la obra de Gambaro porque permitió pensar otras formas dramáticas.
Luego de recibir el Premio, la dramaturga dijo: "Con cuáles palabras y sentimientos agradecer una distinción como esta", y se refirió enseguida a la incógnita que enfrenta todo escritor al confrontar su obra con el paso del tiempo.Con respecto a la tradición e historia de la Universidad Nacional de Córdoba, señaló: "Si pienso en esta Universidad, sé que el tiempo ha construido, con ella, una metodología pedagógica, inserción en la sociedad, la transmisión del saber, una manera de estar en el mundo. Yo también tengo una manera de estar en el mundo y una ética de la responsabilidad. Con ustedes comparto el mismo latido, el mismo proyecto de una Argentina equitativa, pensante y capaz".-Escribió "La persistencia" (2004) después de leer el caso del acto terrorista checheno en una escuela (la masacre de Beslan). ¿Suele ocurrir que la creación surja del contacto con una noticia?
-No sabría decirlo con seguridad. Ya hace tantos años que escribo piezas de teatro que si me pregunto el origen de la mayoría no lo recuerdo. Sí recuerdo de algunas y siempre ha sido diferente. Por ejemplo, recuerdo El campo (1968). Tuve un sueño. Yo estaba en un campo de concentración. Lo sabía pero no había ningún dato exterior que me lo dijera. De ahí nació un cuento, "El trastocamiento", que dio origen a la pieza de teatro. Otros son hechos que voy viviendo que por causas misteriosas para mí misma cuajan en determinada escena que necesito escribir.-Aparece la escena como una intuición.-Es un montón de causas, un proceso complejo que se simplifica en ese acto que impulsa a escribir una obra. Así como recogí el dato del periódico, de manera precisa. Lo que más me chocó fue el escarnio y la muerte de los niños, enfrentados al discurso occidental y cristiano de amor y cuidado, cuando al mismo tiempo, en el fondo no hay ninguna consideración por ellos.
-A propósito de esa víctima aludida en "La persistencia", ¿piensa en los niños a menudo?-Sí, sobre todo de nuestro país. Todavía se ven los niños descuidados, que viven en la calle, que se drogan con paco. Los adultos pasamos de largo y, por lo menos en Buenos Aires, no hay una instancia gubernamental que se detenga en el por qué están ahí y en cómo los salvamos de esa situación. Lo que se hace es poco en relación a la intemperie de esa infancia.
-La obra tiene un espacio emocional violento, trágico. ¿Resuena allí la Argentina de la década de 1970?-No. Siempre escribo sobre algo actual. Pocas veces me remito al pasado como pasado. Escribí obras que de manera tangencial hablan de la dictadura pero siempre es el presente el que me interesa cuando escribo. No lo hago apelando a un recuerdo. Es una vivencia actual, una cosa enquistada en el hoy.
-¿Qué es lo que persiste?-Diciéndolo a grosso modo, la guerra, y no sólo la que practica Estados Unidos en Irak o Afganistán, sino las guerras constantes del maltrato, la crueldad y la violencia. Pocas veces podemos respirar.
-¿Recuerda cómo fue aquel momento de la prohibición de la novela "Ganarse la muerte"(1976)?-Yo era bastante despistada. Nunca pensé que una obra concebida en la soledad de mi habitación entre cuatro paredes podía provocar semejante reacción. No me di cuenta pero estuvo muy bien que hubiera pasado porque habla de la potencialidad de un texto. Para mí fue una sorpresa. No llegué a enterarme de los considerandos del informe de la Side, que eran muy exhaustivos. Señalaban que era una obra contraria a la familia y una serie de juicios de tipo moral. En la última edición de la novela está ese estudio y es interesante porque se contrapone muy bien con el texto de la novela. Fue muy bien leída desde un punto de vista reaccionario, marcada en lo que consideraban amoral y subversivo. Tuve temor. Había una atmósfera de paranoia bien justificada. Tardé seis meses en preparar el viaje a Barcelona. Me quedó el recuerdo de las calles de La Plata, con los militares y los tanques. Incluso, los guerrilleros, de haber sido culpables, hubieran pasado a ser inocentes por la desmesura del castigo y las desapariciones.-Fue más lejos que la pesadilla de \'El campo\'.-Fue terrible. Salen todos los días noticias y uno no deja de admirarse por la crueldad, por lo perverso.
-Una vez dijo que hay que buscar las claves de nuestro tiempo. Habló de la infancia y la guerra, ¿cuáles otras?-Es difícil decirlo porque uno está inmerso en esas claves. Hay que ser un sociólogo de mente aguzada o un filósofo. Me siento incapaz de determinarlas, salvo: una economía cada vez más feroz, la acumulación de la riqueza; la avidez por los bienes de la naturaleza (agua, petróleo), el consumismo que nos hace tanto daño.
-Hasta que aparece una intuición que las sintetiza en una obra.-Sin pretenderlo, sin deliberación. Creo que ningún autor puede decir 'voy a escribir una obra que hable de la injusticia, o que sea sentimental o política. Se da o no, con la primera imagen. Uno no se puede proponer nada. Es lo que he descubierto después de escribir toda mi vida. En realidad uno escribe lo que uno es, sin partido tomado, creativamente. Una se debe dejar fluir y debe ser lo más honesta posible en el trabajo.-¿Hay una batalla cultural en Argentina?-Los enfrentamientos culturales son tan chiquitos, tan mezquinos. Hay que preocuparse por hacer el propio trabajo y si trasciende, mejor. Me interesa que esa obra sea útil, que sirva y aporte algo: un sentimiento nuevo, una percepción distinta a quien lo usa. Por lo general no soy de discutir ni imponer mi punto de vista. No me parece necesario. Me puedo indignar ante ciertas posturas, pero ¡qué trabajo, combatir!-¿Está devaluada la palabra 'compromiso\'?-Supongo que sí. Pasa como con la palabra 'feminismo\'. Hay gente que se avergüenza de usarla, mujeres que dicen 'no soy feminista\'. Compromiso, ¿con quién me confunden cuando la usan? ¿Con un viejo PC, con un socialista pasado de moda? Hay una confusión. Si somos feministas, lo hacemos por unas razones muy válidas aún. Si tenemos compromiso, no es una palabra vacía, es una responsabilidad moral para algunos. Para otros será un fastidio. Para muchos, una responsabilidad ética. ¿Para quién escribimos? ¿Por una cuestión narcisista? ¿A quién le interesa lo que quiero expresar? Yo tengo que expresar pensamientos que tengan un significado para el otro. Y para eso tengo que salir de mí misma, usar mi experiencia, pero no ponerla por delante como una verdad absoluta.
-¿Fue difícil abrirse camino como dramaturga?-No lo registré en ese momento porque nunca pedí permiso. Es contradictorio porque soy una persona tímida. No advertí que hubiera inconvenientes por mi género. Lo he pensado después. Cuando estrené El desatino, tuve una respuesta en contra, por parte de mis colegas masculinos. Me pregunté si era por hacer teatro distinto al realismo costumbrista, o porque era la única mujer que aparecía con ese discurso.
-Mucho después empiezan los reconocimientos.-Estuve muy separada de los autores de mi generación, por causas políticas, porque se pensaba que yo no hablaba de la sociedad argentina, ni me interesaba. Con la dictadura se supo dónde estaba cada uno y se limpió el malentendido. A partir de entonces, así como en Teatro Abierto, tuve una buena relación con mis colegas.
El presente creativo la ocupa en varios libros para chicos y adolescentes. También, una versión de Ibsen. A propósito de su relación con otro maestro, Anton Chéjov, en Penas sin importancia (1990), señala: "Es una obra que me gusta todavía. Uno de mis cuentos habla sobre la muerte de Chéjov. Es un ser que quiero mucho. Ya no es un escritor. Es una criatura que, no sé quién, si Dios, nos hizo el regalo de que existiera".
"Me siento demasiado premiada –añade–. La Universidad de Córdoba es particularmente querida. En este país 400 años es una proeza, luchando con los alumnos, por la autonomía, en el Cordobazo. Provoca afecto. Es como una quiere que sean las instituciones del saber, un saber comprometido y volvemos a usar la palabra".
La persistencia. Función especial: sábado a las 21.30 en DocumentA, Lima 364. Con la autora, el director Silvio Lang. Elenco: Marcos Cáceres, Julieta Daga, Rodrigo Fonseca y Rafael Rodríguez.Griselda Gambaro (1928) es autora de obras teatrales, novelas y cuentos. Es una de las voces más intensas y reconocidas del campo cultural argentino. Se exilió en Barcelona entre 1977 y 1980. Entre sus obras se destacan Ganarse la muerte, Antígona furiosa y Después del día de fiesta.

