Temas del día:

Gol de escritor: Modesto astro

Durante el desarrollo de la Copa América publicamos 12 relatos de autores latinoamericanos, tanto voces nuevas como consagradas de la literatura del continente. Es el turno de México y del escritor Curiel Rivera

14 de julio de 2011 a las 04:51 p. m.
Gol de escritor: Modesto astro

Recuerdo mis tiempos de futbolista estrella. La juventud me reventaba en los tendones y la banda derecha del campo se abría a la pujanza de mis botines como un mar de promesas blancas y verdes. Sembraba el terreno de defensas caídos, de zagueros rivales que habían intentado en vano derribarme por medio de sucias y antideportivas estratagemas. Ante el arquero boquiabierto, aterrorizado, cosechaba siempre el triunfo de un quiebro con la cintura, de un suave golpeteo que agitaba elásticamente las mallas y levantaba el rugido unánime de las tribunas. El pecho se me henchía de emoción. Y de medallas. Las cadenas televisivas se apuñalaban entre sí para obtener en exclusiva una entrevista, no dudaban en sacarse los ojos con tal de que mis codiciadas plantas pisaran las alfombras rojas que me tendían al pie de los platós. Protagonicé anuncios de publicidad millonarios. Uno de ellos, por ejemplo, consistía en hacer malabares con los muslos y una pelota mientras bebía un yogur light. La idea era que los mozalbetes del planeta entero, al imitarme, se parecieran felizmente a mí. Más tarde, algunas empresas incurrieron en prácticas desleales para explotar mi imagen, por lo que debieron pagar una indemnización a través de mi representante. Fue muy lamentable. En el draft de jugadores siempre estaba en la cumbre. Al cambiar de equipo los derechos de transferencia se iban a la estratosfera. Gané campeonatos nacionales, internacionales e intergalácticos. Desportillé travesaños de acero como si se tratara de frágiles ramitas de eucalipto; seduje las redes de las porterías más encopetadas, aquellas que se habían labrado la reputación falsa de ser imbatibles. Fui coreado, ovacionado, palmeado, cubierto a besos, vitoreado, lamido, bañado en champán y otros líquidos menos glamorosos que me caían de las gradas. En los recorridos triunfales, me cargaban en hombros, dentro y fuera del estadio. Y lo mismo me subían a autocares descapotables, desde cuya barandilla saludaba a las multitudes, que me aupaban a las fuentes de Cibeles y Neptuno, emblemas escultóricos de mi grandeza que después eran apedreados por mis seguidores, pobrecillos, no sabían contenerse. Distinciones honoríficas, nombramientos nobiliarios me llovían igual que el granizo. Hasta me gané un doctorado honoris causa por la Unam. El presidente me alababa tanto que me confundió con un nuevo héroe de la patria. El alcalde de Nueva York me entregó las llaves de la ciudad. Nacionalidades de abolengo, y otras de países emergentes o incluso en proceso de formación, me fueron concedidas con generosidad espléndida sin que yo las solicitara. Cada vez que atendía el teléfono (móvil o fijo), había una princesa heredera, una actriz de moda, una infanta desquiciada, un abanderado del colectivo gay, una Miss no sé qué dispuesta a afinar los detalles de nuestro próximo enlace matrimonial. Los twitteros me hicieron objeto de su devoción. Facebook colgaba mis fotos y videos, y me consideraba parte de la gran familia internauta. Sí, fui un astro. El sol me envidiaba al ponerse detrás del horizonte. Sin embargo, entre la infinidad de placeres mundanos de aquella época, el que hasta la fecha más disfruto sigue siendo el más modesto. Reconozco que el soplo nervioso e indómito de las piernas me ha abandonado. Pero todavía soy capaz de acariciar ese inefable sueño de inmortalidad junto a otros veteranos. La pequeña pradera pintada de cal. El aroma de la tierra recién regada dilatándose en nuestros vetustos pulmones. Y luego... la esfera en movimiento, y tras ella la danza grácil de barrigas y rótulas protegidas por soportes de ortopedia. ¡Sople sin miedo el silbato, referí! (si aún le queda aire).El autor. Adrián Curiel Rivera (Ciudad de México, 1969). Doctor en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Madrid. En 1999 publicó el libro de relatos Unos niños inundaron la casa; en 2000, en España, la primera edición de Bogavante (reeditada en México en 2008); en 2003 Mercurio y otros relatos y Madrid al través (reeditado en Argentina en 2008); en 2004 El Señor Amarillo; en 2006 el ensayo Novela española y boom hispanoamericano; en 2008 la novela de ciencia ficción A bocajarro y en 2010 Los piratas del Caribe en la novelística hispanoamericana del siglo XIX. Ha sido incluido en numerosas antologías.