Gol de escritor: Como si se detuviera el tiempo
Hoy, un relato del escritor cordobés Kike Bogni.
Chicoana(Salta). Julito despierta agitado. Cuenta que en el sueño cumplía el deseo y se encontraba con el goleador de la selección, al que le suplicaba que no jugara la final del mundial si no aparecía sano y salvo el Yoni. Era mi maestro, se lo llevaron los milicos, dice que gritaba en el sueño y el goleador se le borroneaba de tantas lágrimas. Oberá (Misiones). Cada tres segundos Susana murmura que el fútbol es la droga de los pueblos. Andrés le pregunta dónde quedó la tenaza y apoyado en el lavatorio, mirándose al espejo, se interroga: ¿Cómo será el fútbol en Tierra del Fuego?
Malargüe(Mendoza). El pintor le comenta al dueño del departamento que el Turco se demora porque está triste. Se probó en la capital y quedó pero en el viaje de vuelta chocaron y perdió la pierna. Después cayó preso y, para el pintor, salió por cómo jugaba. Hay que ver las cosas que hace con una gamba sola, dice y sigue lija en mano. Avellaneda(Buenos Aires). La mamá de Tania toma siete pastillas antes de ponerse la gorra de lana celeste y blanca y salir hacia el estadio. Pregunta si marcha todo bien y saluda a Fernando, que envía un mail firmado con seudónimo y lo titula: ¿Maradona o Messi?
Villaguay (Entre Ríos). Manuela interrumpe el lustrado de los botines, se besan con Vane y la abraza. Luego le dice: mi goleadora. Se acomodan, hacen y miran de nuevo los goles por televisión.
Plaza Huincul (Neuquén). Marina y sus hijas revenden entradas para la promoción y Luis se ríe con lágrimas en los ojos y grita que no se hagan problemas, que hay cosas peores que ser hincha de ese club inundado de amargos.
Simoca (Tucumán). Don Arrieta y Goyo Fernández se reencuentran frente a la casona que en otra época fue la unidad básica. Segundos después se retan a terminar el partido que suspendieron cuando se agarraron a las trompadas en la cancha de atrás cuarenta años atrás. Charata (Chaco). Federico llora. Después de dos días en cama con fiebre acepta regresar a su trabajo, aunque su equipo haya descendido de categoría. Dos casas más allá Marcos crea en su casilla de correo una categoría nueva: amigos del fútbol.
Buena Esperanza (San Luis). El psiquiatra que atiende desde su retiro al máximo ídolo del fútbol nacional cuenta cómo fue el día que jugó descalzo contra el clásico rival del neuropsiquiátrico privado, hasta derrotarlos por tres a uno con la zurda endiablada, perderse en el cañaveral y acurrucarse de nuevo, como un bebé.
Quemú Quemú (La Pampa). Manu duerme en una reposera al lado de la boletería, ocupa el primer lugar de una fila de más de siete cuadras. En la sala de profesores, Carina levanta la voz y dice que el fútbol, como otras cosas, es una cuestión ideológica.
Rosario(Santa Fe). Seis hermanos con camisetas rojas juegan contra siete con camisetas azules entre los escombros del baldío que está frente de la casa. Se ríen a coro porque Ramón erró la patada mientras la mamá de los seis mira por televisión que el partido se suspendió, que el papá de los chicos cuelga del tejido y le grita a la policía que tire, nomás.
Jachal (San Juan). El Zurdo va al reencuentro de Tere después de años de esperar que el padre de ella fallezca. Pero ella necesita una prueba de amor y el Zurdo no recuerda en qué lugar estaba la cancha con arco de cactus que fuera el escenario principal de sus relatos.
Choele Choel (Río Negro). Juanjo acepta la bicicleta que le ofrece el abuelo y se hace hincha del club que su papá odia. El hermano mellizo también acepta la bicicleta pero se hace del mismo equipo que su papá. A él solo le interesa jugar el mundial en la pley.
Libertador San Martín (Jujuy). El Banana Garro pinta el frente de su casa con los colores de la camiseta de su club; donde se casó, donde bautizó a su hijo.
Quimilí (Santiago del Estero). Cucuyo sube al colectivo, le deja una pelota de fútbol al chofer, entrega pelotas a todo el pasaje y explica que con la compra de la misma hacen un aporte a la asociación que organiza el primer mundial de solos y solas. A la vez, aclara que con las colectas sostienen tres comedores y hogares de día para las víctimas de la soledad.
Villa del Totoral (Córdoba). Nicolás arma equipos en los barrios donde hay dos reglas para que se respeten: seamos compañeros y pasemos la pelota.
Saladas (Corrientes). Tito envuelve los cien gramos de jamón cocido y coincide con López que en domingo de elecciones es como si se detuviera el tiempo. No hay fútbol. Y se preguntan si será por eso que flota en el aire cierta extrañeza; como si fuera una soledad de abrazo de gol.Kike Bogni es escritor y cordobés. Publicó Caramelo de ajo, A la final y Orsai che!, entre otros. Lleva adelante el proyecto "Fulbazo", colección de cuentos, y es uno de los impulsores de la feria Libros Son.

