Temas del día:

Fermín

Una nueva entrega de la serie de microficciones. En esta oportunidad, un relato de Pablo César Flores.

29 de enero de 2011 a las 08:00 p. m.
Pablo César Flores
Fermín

Desde niño jamás logré que jugara conmigo, salía y siempre lo mismo: intentaba descubrir formas extrañas entre las piedritas, rostros escondidos entre las nubes, manos deformes entre las ramas de los árboles... Apagó el despertador de un manotazo. "¡Qué sueño, cómo no es domingo, qué rápido se me paso la noche!", exclamó.Sentía que afuera el viento peleaba con los árboles, arrojándoles tierra, papeles y cuanto objeto se le cruzara por el camino. Un rato más, pensó. Los ojos le pesaban como dos puertas forjadas, no sentía el cuerpo. Alcanzó a soñar en segundos que fueron eternos algo que jamás recordaría. Escuchaba el tirano pulso del reloj que no se detenía.La batalla era intensa. Despegarse de las sábanas le costaba horrores, pero al fin la responsabilidad pudo más que el cansancio. Unos cuantos improperios y culminaba con Fermín higienizándose.Rutinariamente lo primero que hizo fue poner la pava para tomar unos mates y prender la radio para escuchar el informativo de las 6. Todos los días lo mismo, entre que se vestía y se arreglaba engominándose el cabello cano, el agua empezaba a hervir furiosamente. Fermín Chávez se sentó y preparaba su desayuno mientras el noticiero vomitaba todo lo que había sucedido y sucedía en nuestro bendito país. Pobre gente, pensó. Arremetió un sorbo de mate quemándose toda la boca, inmediatamente destapó la pava, fue entonces que un humo denso y muy blanco comenzó a salir adquiriendo misteriosamente la forma de un genio (como aquellos de los cuentos de las Mil y una noches) que no terminaba aún de desperezarse.La cocina se oscureció, los pisos mostraban un mármol brillante, todo el ambiente adquirió un matiz oriental mientras una voz muy gruesa dijo: "Amo aquí estoy para serviros, pide cuanto quieras y te lo concederé"; Fermín Chávez como un niño no saliendo de su asombro le pidió varias cosas titubeando, entre ellas un Mercedes Benz gris con chofer para que lo condujera todos los días a su trabajo, el amor de su amada, que llenara su biblioteca con todos los clásicos, que en su living luciera espléndido el Guernica de Picasso...Oh!!! Fermín déjate de hablar estupideces se dijo así mismo y tapando la pava tomó varios mates más.Presuroso se puso el sobretodo, ya se le hacía tarde, el tren pasaba a las 7 en punto. Acomodó sus cosas y raudamente partió hacia sus obligaciones cotidianas.Lo menciono nuevamente: yo no sé si Fermín inventó o vio otras de sus formas tantas veces descubiertas o si soñó despierto aquella mañana y habló con un genio imaginario o si dialogó con un genio verdadero y fue conducido a su trabajo por su chofer en un vehículo gris. Sólo sé que en todo el mundo se habla de la misteriosa desaparición de una de las principales obras del pintor español Pablo Picasso, sé también con certeza que a partir de aquella mañana Fermín no tomó más el tren de las 7 para ir a trabajar...