Ellos
Una nueva entrega de la serie de microficciones. En esta oportunidad, un relato de Julián Rodríguez.
¿Cómo llegue aquí? Echado en un suelo completamente sucio, tapado apenas por una manta fría y húmeda, en una maldita habitación que da la impresión de ser de un metro por un metro. Estoy acostado en esta habitación mugrienta, contando cuántas gotas de suciedad caen del techo a cada hora y sacando la diferencia entre hora y hora mientras espero su llegada.No puedo creer que le haya creído. Hasta ayer era un hombre normal, caminaba hacia el trabajo, cuando vi un cartel (maldito cartel) que decía: "Madam Stalamac. Vidente"Entonces me atacó la curiosidad y entré.Era un lugar lúgubre con un fuerte olor a sahumerios. Allí, una anciana mujer me dijo que Ellos llegarían. Me dijo que no tenían rostro, que eran asesinos a sangre fría y no les importaba nada. Me disponía a irme cuando la anciana mujer me dijo:–Una última cosa, cuando Ellos lleguen, llama a este número.Me dio una tarjeta y me fui. Luego, en la calle la leí. De un lado tenía un número de teléfono, del otro, instrucciones en donde me indicaban que consiguiera una habitación pequeña, esperara a que Ellos vinieran y, cuando llegaran, la llamara.Lo más difícil fue conseguir la habitación; en esta ciudad son casi inexistentes. Hasta que finalmente llegué a un barrio como los que se muestran en las películas de pandilleros. Allí una mujer fofa y de cabellos que alternaban su natural color negro con algunas canas me ofreció esto.Mi vista iba desde la ventana hacia la puerta y de vuelta a la ventana.En uno de esos viajes visuales encontré en la ventana una sombra. Se veía su movimiento leve, como si no tuviera apuro alguno por hacer lo que estaba por hacer. De repente vi cómo daba un paso atrás. ¿Qué sucedía? Otro paso adelante y luego uno más hacia atrás. No podía entender nada hasta que vi la sombra de la señora fofa que retiraba lo que al parecer era una manta.De pronto comenzaron a oírse ruidos. Esta vez eran Ellos, estaba seguro. Comencé a gritar "son Ellos, son Ellos, están aquí", para advertir a la casera.Seguí gritando mientras buscaba el teléfono; al encontrarlo, marqué el número de la tarjeta, no calmado pero si callado, y llamé.Sonó una vez. Dos veces.Tres veces.Antes de que sonara una cuarta vez, me atendieron.–Llegaron, están aquí –dije antes de que ella pudiera hablar.Ella cortó sin siquiera decir una palabra.Tiré el teléfono hacia la puerta, que en ese momento comenzó a moverse, como si trataran de abrirla.Mi corazón comenzó a latir a una velocidad que habría dejado en vergüenza a la mejor Ferrari y con una potencia que molería granos si quisiera.Mi pecho comenzó a dolerme tanto que tuve que cerrar los ojos, justo en el momento en que algo o alguien entraba.Luego todo se apagó...Nunca se supo qué sucedió luego en esa habitación, ni quiénes eran Ellos.El autorJulián Rodríguez nació el 22 de enero de 1995. Pasó a 5° año del Instituto Secundario Brigadier San Martín. Participó en el "Concurso Ana Frank, recordar para no olvidar", en la Universidad Blas Pascal.

