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El crítico literario como mutante

Josefina Ludmer revisa los modos de abordar la literatura en "Aquí América latina", su primer libro en 10 años.

08 de octubre de 2010 a las 05:36 p. m.
Gustavo Pablos
El crítico literario como mutante
Josefina Ludmer es una de las críticas literarias más influyentes en el campo cultural argentino.

"Post-autonomía", "imaginación pública", "fábrica de realidad", "realidadficción"", son algunos de los conceptos que encontramos al ingresar en las páginas de Aquí América latina. Una especulación. En cierto modo, cada nuevo libro de Josefina Ludmer orienta los caminos de la crítica y reclama que los demás piensen, al menos en algunos puntos, a partir de sus postulaciones. Y no es un dato menor el hecho de que alguien arroje una pista sobre la mesa, y a partir de ese momento, por adhesión, rechazo o continuidad de las ideas, muchos críticos –y por qué no, lectores- piensen –y se piensen- a partir de esa diferencia. Una diferencia que, en algunos casos, es bastante opuesta al estímulo que le dio origen. No caben dudas de que estamos ante un "barajar y dar de nuevo", ante un gesto de innovación no sólo por los efectos que produce sino por los presupuestos con que una investigadora construye y alimenta su posición de crítica literaria y cultural. Es que las intervenciones de Ludmer suelen ser radicales, y en esa radicalidad uno puede encontrar una fuerte marca de originalidad y una plataforma fecunda para la discusión.  Después de 10 años sin publicar libro, su retorno, como todos los anteriores, señala una ruptura no sólo con el estado de la crítica sino con sus propias formulaciones. Así como El género gauchesco. Un tratado sobre la patria surgió de la revisión, en cuanto actitud, de los presupuestos de Onetti. Los procesos de construcción del relato, y que una década más tarde El cuerpo del delito. Un manual, reformuló las posiciones planteadas en sus libros anteriores, con su nuevo libro sucede lo mismo. En esta ocasión lo que entra en crisis son aquellos conceptos que se ubican –tradicionalmente- en el centro de la crítica literaria (y también de la crítica de arte: autor, obra, estilo, representación, etcétera), y por eso pensar y situarse en un más allá de ellos implica aceptar e intentar comprender la profunda mutación cultural del presente. Uno de los movimientos que señala Ludmer al principio de su libro es el de "imaginación pública", al que califica como "un trabajo social, anónimo y colectivo de construcción de realidad" y que también denomina "fábrica de realidad". Este movimiento borra la separación entre imaginario individual e imaginario social y, por lo tanto, lo público es "lo que está afuera y adentro, como íntimo público". La "imaginación pública" fabrica realidad pero no discrimina entre realidad y ficción porque su régimen es la realidadficción, y por eso la ficción estaría en todos lados y sería imposible distinguir entre "realidad" y "ficción". Y lo que se propone Ludmer es precisamente especular entrando en esa "fábrica de realidad" a través de algunas obras latinoamericanas de los últimos años pero ya no para leer "literariamente" (siguiendo los criterios de autor, obra, estilo, escritura, sentido) sino "a través de la literatura". La primera parte del libro, Temporalidad, es un diario de lecturas escrito durante 2001. En esta sección relata una serie de encuentros con críticos, investigadores y escritores, y lo hace en un registro entre el relato y la reflexión breve y leve. Mientras que la segunda parte, Territorios, está orientada a un análisis que puede calificarse, de alguna manera, como "más convencional". Ambas secciones, con modalidades e inflexiones singulares, ponen en escena una manera diferente de habitar y de transitar los discursos literarios, y de preguntarse de qué modo se producen en el presente y se integran al mundo. Algunos de los autores que la llevaron a pensar estas nuevas categorías son Horacio Castellanos Moya, Fernando Vallejo, Perla Suez, Héctor Libertella, César Aira, Diamela Eltit, Martín Kohan, entre muchos otros. Y el motivo es que en sus obras –o en algunas de ellas- se puede percibir una desmarcación que conduce a una puesta en tensión de algunos de los presupuestos que orientan la producción y la lectura literaria.