El capricho de Efraín
Una nueva entrega de la serie de microficciones. En esta oportunidad, un relato de José Luis Bigi.
El de ese año fue un invierno particularmente violento. Las chinitas y los geranios murieron ahogados por el rocío y la escarcha. –¿¡Qué ganaste no comiendo, ah?! ¡Te moriste! Por lo menos dos talles más chico tendría que haberlo pedido, pero no lo hay tan angostos. Los que van para tu anchura son tan cortitos que no entrás. Porque para colmo eso. Sólo a vos se te podía ocurrir ser tan alto. Y te lo dije, tu flacura va en aumento. Comé, te vas a enfermar. Pero sos tan caprichoso, nunca querés escucharme. No me vas a decir que no te lo advertí. Hubiera querido ponerte el traje azul, quedás muy elegante con el traje azul. Pero ahora te queda horrible. Y todo por la flacura, por no comer. Mirá, mirá cómo lloran los chicos. Te tienen lástima de tan flaco que te ven. Ni por ellos fuiste capaz de alimentarte. Por mí no tenías que hacerlo porque últimamente, desde ayer, me daba lo mismo que comieras o que no comieras. Ya estaba cansada de insististe con que comé y comé y comé... Tendrías que haberlo hecho por ellos, son tus hijos, tu familia. Pero siempre te importó más el sindicato. ¿Y de qué te sirvieron tantos días de hambre? Porque a mí no me engañás, querido, no, yo sé que tenías hambre. Moriste de hambre como van a morir esos siete muchachos que, por tu culpa, por imitarte, se han puesto a ayunar. ¿Y para qué? ¿Te pensás acaso que un capricho así de estúpido iba a importarle a tus padrones o al gobierno? Por supuesto que no. Tu hambre es tuya y a nadie le importa. Porque los periodistas esos que venían todos los días, venían para sacarte fotos y vender más diarios, que eso es lo único que les importa. Lo mismo ahora. Te sacan fotos para que todos vean cómo estás de flaco. Das lástima y los diarios que tienen fotos que dan lástima se venden más... ¡Y no pude ponerte el traje azul! ¡Te ves tan feo en pijamas! Esta mañana los periodistas me dijeron que era mejor no afeitarte, que así se te nota el hambre, se te ve bien lo demacrado de la cara. Igual, yo sigo pensando que más gordito y afeitado te hubieras visto mejor. ¿Te imaginás, Efraín, con unos quilos de más y el traje azul? Entonces sí que me hubiera sentido orgullosas. En cambio ahora, me da vergüenza que te vean.... ¿Por qué lo hiciste, Efraín? ¿Por quién? El cementerio sin flores y escarchado se veía muy pobre. Pero eran muchos los que integraban el cortejo fúnebre que se desplazaba lentamente entre los mudos cipreses siguiendo el féretro que contenía los despojos descarnados de Efraían. Y también fueron muchos los que, con palabras emotivas despidieron los restos. Y cuando todos, salvo Daniela y los hijos de ambos, se habían retirado, el silencio se quebró con el ruido de un geranio rojo que florecía regado por dos lágrimas de Daniela, mientras el canillita de la plaza central gritaba: "Los cesanteados fueron reincorporados".El autorJosé Luis Bigi (Córdoba, 1947) publicó las novelas El muladar y Un guacho apellidado Paz, el libro de cuentos De Efraín, Luisito, Arminda y otros, y las obras de teatro Periplo y Una historia cotidiana, Blog: deloqvi.blogspot.com.

