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David Byrne, con la “bici” y la palabra

David Byrne observa el mundo desde su bicicleta y narra sus impresiones. Crónicas vivas y alegatos contra el urbanismo despersonalizado.

29 de abril de 2011 a las 03:05 p. m.
David Byrne, con la “bici” y la palabra
A pedalear que se acaba el mundo. Byrne alerta sobre los beneficios de usar la “bici” como medio de transporte alternativo. Eso, entre otras cosas.

Cuando pasó por Córdoba a comienzos de los '90, nos sorprendimos al ver que David Byrne se desplazaba en bicicleta. Inconcebible para nosotros que una estrella de rock fuera del hotel a la sala de conciertos, y de la sala de conciertos al lugar que el azar disponga, montando en una "bici" cualunque. Si bien teníamos plena conciencia de que estábamos ante un artista singular, por eso de que no comulgaba con la tiranía del rock business, desconocíamos que tenía ese saludable hábito para surfear su ciudad de residencia, Nueva York.Ya por entonces Byrne transportaba su conciencia ecológica "antidesplazamiento en autos que consumen una barbaridad de gasolina" a las ciudades por las que giraba en la era post Talking Heads. La estrategia se fundaba en una "bici" plegable, sobre cuyo asiento empezó a tomarles el pulso a esas grandes urbes.Empezar a escribir sobre sus sensaciones era cuestión de tiempo. Así fue que llegó a la compilación de Diarios de bicicleta, donde el músico y filántropo alterna crónicas vivas, a partir de observaciones sobre pautas culturales, con alegatos contra un urbanismo despersonalizado que gusta de grandes torres de cemento y cristal, un desarrollismo también propenso a las grandes circunvalaciones que termina por homologar a todas las superficies. Es decir, una contraofensiva contra la globalización arquitectónica.Byrne no siempre se expresa sobre lo vivido arriba de la "bici" sino que, cada tanto, se permite narrar diálogos en su carácter de pasajero en trance por Estambul, Londres, Manila (extasiado con reservas por el hedonismo de Imelda Marcos) y Buenos Aires. Diálogos y filosofadas, a decir verdad, sin pretensiones de profundidad. Como sea, a Byrne se lo lee como receloso de las movidas imperialistas y como a un sujeto que, a cada pedaleada, mira los grandes embotellamientos de tránsito para luego reflexionar "¿autos para no ir a ningún lado?".Diarios de bicicletaDavid ByrneMondadoriPrecio: $ 79