Cómo novelar una película
Ariel Magnus cuenta cómo escribió “El hombre sentado” a partir de una película del director sueco Roy Andersson.
Si bien son habituales las adaptaciones de textos literarios a cinematográficos, no sucede lo mismo con el procedimiento inverso. La influencia de una película o de un director en un escritor suele reflejarse de otra manera, pero casi nunca –al menos de manera declarada– en la creación de obras literarias que trasladen o traduzcan una historia fílmica. Y esto es precisamente lo que hizo Ariel Magnus en El hombre sentado: pasó a novela la película Canciones del segundo piso, del experimental realizador sueco Roy Andersson."Hacía tiempo que quería hacer lo mismo que hace un director de cine cuando adapta un libro, pero al revés, o sea novelizar una película", dice el narrador. Y justifica la elección de esta película en que cuando la vio le gustó mucho y le pareció que "dejaba mucho lugar para una traducción narrativa". "Fue como una forma de entender y aun de adueñarme de una obra ajena que me conmovió", asegura.La historia de Andersson se desarrolla en los meses previos al comienzo del año 2000, cuando cierta atmósfera apocalíptica y milenarista se expandía por todo el mundo. La película está inspirada en un poema de César Vallejo y está armada con una serie de pequeñas historias que revelan la desesperanza y el desencanto, todas ellas atravesadas por la irrupción en las calles de una secta que proclama el fin del mundo en el año 2000 y que reclama el sacrificio de una virgen, movilización que origina un caos y un embotellamiento en el tráfico que conduce a que algunos decidan abandonar sus autos.Una de las historias es la de Kalle, dueño de una mueblería, que decide provocar un incendio en el local para cobrar el seguro, y que no dejará de sentirse perseguido por la figura de un antiguo acreedor y de angustiarse ante la figura de su hijo, del cual dice que "escribió tantos poemas que se volvió loco" y ahora está internado en un hospital psiquiátrico. Otra es la del mago Orsson, el cual una vez que falla en un truco clásico e infalible está condenado a huir de la ciudad y a errar con un serrucho manchado de sangre. También la historia que narra la caída de Pelle, contratado por su amigo para la selección de personal de una empresa pero que debe transformarse en un "despedidor profesional".Algunos de los personajes de estas historias pequeñas, inconclusas, fragmentarias, se tocan, en determinados momentos, con los de otras, lo cual produce el efecto de un mundo donde casi todos, en algún punto espacial o temporal, participan u observan la desgracia de los demás.La versión literaria de Magnus es fiel a la película, la sigue de cerca. "La cronología, los personajes, los diálogos, todo es traducción bastante fiel", señala el autor. Pero también advierte que tomó distancia de "los momentos fantásticos o incluso mágicos" de la película: "la escena del muerto que aparece en la estación de tren o la de la gente huyendo en masa en el aeropuerto, las resolví de forma más o menos realista". "Lo mágico no es lo mío, se ve, y por eso no pude adoptarlo", asegura. La pregunta que se desplaza de un personaje y de una historia a otra es qué fue lo que pasó, o bien qué fue lo que nos ha pasado. Es lo que inquieta a Lasse, quien perdió inexplicablemente su empleo: "De qué gran causa universal era una consecuencia indirecta su pequeña desgracia privada, eso era lo que le habría gustado que alguien le contestase, aun cuando eso no fuera consuelo, como no la consolaría a su mujer que él le contestara la verdad".El libro presenta un mundo y una serie de conflictos a los que se trata con una mirada irónica y desencantada, sin dejar de apelar, en ocasiones, directamente al chiste. Una serie de elementos que definen, al menos en muchas de sus novelas, el mundo de Magnus, aunque en este caso vacila en confirmar qué parte es suya y qué parte es de Roy Andersson, al cual considera como poseedor de "un gran sentido del humor". "No es casual que haya elegido esta película para novelar, evidentemente me siento identificado con ese tono irónico y desencantado que tiene", afirma.Un escritor prolíficoDesde 2005 Magnus ha escrito y publicado las novelas Sandra, La abuela, Un chino en bicicleta (premio de novela "La Otra Orilla" y traducida a varias lenguas), Muñecas, Cartas a mi vecina de arriba, Ganar es de perdedores y Doble crimen (las dos últimas de 2010 junto con El hombre sentado).–Desde tu propia mirada, más allá de las lecturas que puedan hacerse desde afuera, ¿qué lugar ocupa esta novela en tu producción y cómo se relaciona con las demás?–Es un libro raro, me parece, que se alinea con otros libros raros que tengo escritos o que pienso escribir, en paralelo a los más tradicionales, por llamarlos de alguna manera. Diría que son libros homenaje que se basan en ideas un tanto caprichosas que bien podrían estar apenas mencionadas en otros libros. Pero si las ideas persisten, me transmiten su terquedad y me obligan a plasmarlas. A veces, mientras hago este tipo de libros, pienso que preferiría que las plasmara otro, que el libro exista sin tener que haber sido yo el que lo escriba, pero bueno, cuando están hechos me siento bien.–¿Cómo te ves en relación con los escritores de tu generación?–No me veo como parte de una generación más que por la edad y las experiencias compartidas. Escribí siempre solo y sin mostrar mucho lo que hacía, por lo que no tengo muy desarrollada la cuestión grupal. Todo lo cual no quita que con algunos colegas podamos estar haciendo cosas parecidas, basadas en lecturas o gustos compartidos.

