Temas del día:

Cipriano Reynoso dice no

Una nueva entrega de la serie de microficciones. En esta oportunidad, un relato de Patricio Cox.

25 de septiembre de 2010 a las 06:17 p. m.
Patricio Cox
Cipriano Reynoso dice no
Pintura de Carlos Gorriarena.

El gerente de la empresa textil Imperiums, un hombre esbelto, de aspecto cordial y pragmático, pregunta a uno de sus empleados altamente calificados, cuál es el motivo que lo impulsó a dejar una renuncia sobre su escritorio. El gerente, un hombre del mundo financiero que lee periódicamente todos los suplementos de economía de todo diario que esté a su alcance, parece confundido por la determinación que ha tomado uno de sus mejores empleados, Cipriano Reynoso, más de veinte años de servicio aportando su lucidez y conocimiento altamente valuados. Cipriano Reynoso, de pie frente al escritorio del gerente, un poco desconcertado y salido de contexto, comienza a fundamentar su renuncia con profundas preguntas y hondas reflexiones. Se pregunta Cipriano Reynoso, casado, tres hijos, ¿qué debe hacer un hombre cuando descubre que conceptos supuestamente incuestionables como globalización, libre competencia, libertad de mercado, etc., son completamente falaces? Se interroga Cipriano Reynoso, profesional universitario, posgrado realizado en Alemania, ¿cuál es el sentido de pasar más de 14 horas en una oficina de seis por seis, sin ver la luz del sol, observando miles de gráficos con barras de colores que van del cero al cien? Continúa indagando Cipriano Reynoso, profesional conspicuo, que en su billetera tiene una estampita de San Cayetano, ¿cómo es posible que una baja en el mercado de valores me signifique más preocupación que un golpe de Estado, que la tala desenfrenada de bosques o la desnutrición infantil en el Chaco? ¿Cuáles son los pasos a seguir al descubrir que la mayor parte de mi vida se está consumiendo dentro de esta empresa, mientras mis hijos son consumidos por la televisión durante mis horas de ausencia? Tengo la respuesta a todas estas preguntas, afirma Cipriano Reynoso, economista brillante y sagaz: nunca es tarde para decir no. El gerente lo observa atónito, aún no ha pronunciado una palabra, sólo se limita a escuchar el exordio de uno de los mejores empleados de la empresa textil. Cipriano Reynoso pide al gerente que lo comprenda, no pide nada más, sólo comprensión. Al gerente, con el rostro un tanto desencajado, le parece irreal que el mismo empleado correcto, moderado, que nunca había incurrido en algún reclamo desatinado o fuera de lugar, se encontrara ahora en esta absurda posición. Dijo Cipriano Reynoso antes de estrechar la mano trémula y fría del gerente: mi futuro es incierto, pero la incertidumbre tal vez sea el precio de la libertad, de la verdadera libertad.Cipriano Reynoso, aquel que muchas veces había sido elegido empleado del mes, dejó las llaves de su oficina sobre el escritorio del gerente, observó por última vez los cuadros descoloridos y de mal gusto, la alfombra sintética, el sillón de cuero con respaldo, los peces de colores en el agua sucia de la pecera, luego, miró hacia el techo y dijo por segunda vez, nunca es tarde para decir no. Una vez en la calle, Cipriano Reynoso se libera de su corbata. Y de muchas cosas más.El autorPatricio Cox nació en la provincia de Buenos Aires y actualmente vive en Córdoba. Es bibliotecólogo y cursa el profesorado en Ciencias de la Educación.