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Jorge Rojas abrió la temporada de festivales

Con un show de madrugada, el cantautor se presentó en la primera noche de la 47º edición de "Folklore en el agua", en Villa del Rosario.

03 de enero de 2015 a las 07:28 p. m.
Alejandro Mareco
Jorge Rojas abrió la temporada de festivales
Foto: Gentileza Ariel Ferreyra.

Detrás del escenario, se presiente el río manso y desvelado, acariciando suave las orillas con sus manos de agua. La luna está en lo alto del cielo de enero y sólo le falta una pincelada más de blanco para cubrir su redondez; todas las estrellas están desplegadas. Suenan bombos, guitarras, estribillos, palmas: el folklore palpita en ritmo de festival. Aromas de parrillas en frenesí espesan el aire; un inmenso cucharón mueve una gran olla de potaje nacional.

Agua, enero, guitarras, luna, festival, asado, locro: todo parece indicar que estamos en alguna estación del verano cordobés.

Son casi las 23.30 del viernes cuando los fuegos de artificio arañan un pedazo de las sombras. Villa del Rosario termina de darse cuenta de que, por este fin de semana, ha perdido inevitablemente su calma de ciudad pequeña: el Festival Nacional de Folklore en el Agua ha comenzado a sonar, y con él, se ha corrido el telón de la temporada festivalera en la provincia (al mismo tiempo, en Bell Ville, abre Aquarama, y en Villa de Soto el Festival de la Serenata).

El horizonte de las sensaciones de la gente que demora en llegar está muy claro: Jorge Rojas; pero habrá que esperar hasta las 3.30 del sábado para escuchar su poderosa voz.

Mientras, los acordes vienen a reunirse en esta orilla. Inesperadamente, son los chicos de la banda de rock Ciclos, los que, antes de los fuegos, rompen el hielo. Después, el ballet Esencia Joven dibuja un mapa del mundo.

Entonces, el folklore pasa revista: Los Troveros, Los Xanaes, Los Herededos, Dúo La Copla, Los Trajinantes irán trayendo los sabores clásicos que se suelen servir en estas ocasiones, desde la chacarera Dejame que me vaya, hasta el Candombe para José. Con mayor o menor acierto en las interpretaciones, la fiesta se va poniendo en situación. Es una cuestión de familia: grandes y chicos se dejan contagiar el entusiasmo por la música argentina del interior. Mientras, Adrián Gómez y su personaje Ricardo Mario Alberto ponen una robusta cuota de buena risa.

Es la 47ª edición del festival que nació como inspiración de un grupo de vecinos en enero de 1969. Ha recorrido todo un camino, y en la ocasión luce novedades en su infraestructura (la inversión fue de un millón y medio de pesos, por cuenta del municipio). El escenario, con sus patas traseras en el río Xanaes (el que se llamó Segundo), es su carné de identidad.

Facundo Toro pone al anfiteatro de pie antes de lo pensado. Más contundente que nunca (sobre todo ahora con el apoyo vocal de Carlos Toro y Diego Gatica), termina entre besos y flashes de celulares, cantando en medio de la platea. Ya es el cumpleaños de Daniel, su padre, y acaso le llegue un poco de este fervor.

Cuando Jorge Rojas toma su tiempo, la ovación (y el aullido de mujeres) deja constancia de que ya son unas ocho mil las personas reunidas: lleno total. El poder de seducción del ex Nochero parece intacto, con la misma fórmula: romanticismo melódico y folklore. Sus hermanos Alfredo y Lucio lo apuntalan, como siempre (bravos para cantar y zapatear). Y mientras lanza estribillos para coros extasiados, suma a su vez sonidos del color original de su paisaje, como a través de los tres jóvenes músicos que trajo del Chaco salteño (un bandoneonista y dos violinistas).

Faltan 15 minutos para las cinco cuando empieza el bis: todos de pie cantan con él Desde que no estás aquí. A esta hora el río ya no se presiente, se siente: su aliento húmedo y frío hace rato que cubrió de rocío las camperas.