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Después de la lluvia, el Chaqueño

En una jornada de variada actividad, Palavecino volvió a adueñarse de una velada de Jesús María. Los martes son suyos.

11 de enero de 2011 a las 11:23 p. m.
Santiago Giordano y Claudio Minoldo
Después de la lluvia, el Chaqueño

Como se repite desde hace ya una década, anoche, Jesús María vivió otro martes multitudinario, otra noche de Oscar "Chaqueño" Palavecino, el cantor más taquillero, el más imitado, el más seguido. El Midas del folklore. A pesar de la lluvia que cortó el sol intenso de la tarde en el bajo del departamento Colón –cuando cerquita nomás, entre Barranca Yaco y Totoral un tornado produjo ingentes daños materiales–, la postal multitudinaria se repitió con la puntualidad de lo que ya está arraigado. Hablando de tradiciones, Palavecino llegó anteanoche con su familia a Colonia Caroya, para reeditar el ritual del encuentro y la amistad. Por la mañana, hizo footing y alistó su caballada en el predio de la Sociedad Rural de Jesús María, en el barrio de Malabrigo. Cerca del mediodía, el cantor se calzó la número "cinco" para un partidito de fútbol contra los empleados municipales de Caroya y se protegió del sol con una gorrita que tenía el logo de la Sociedad Rural local. Con un 4 a 4 que los especialistas de la zona definieron "discreto", el partido terminó cuando comenzaban a llegar noticias de que en Sinsacate el asado estaba a punto. No obstante las tentaciones, Palavecino se limitó a un frugal caldito de gallina, antes de llegarse hasta el anfiteatro José Hernández para controlar la prueba de sonido de sus músicos. En tanto, en los alrededores del escenario el movimiento era el de las jornadas ajetreadas. Sólidos y líquidos se acomodaban para satisfacer lo que se esperaba como una jornada de gran consumo. Al mediodía, cuando el termómetro sentenciaba que la temperatura había superado los 30 grados, ya había cerca de 100 metros de cola para ingresar al anfiteatro. Puro fanatismoSombrillas, sombreros, reposera, heladeritas bien fornidas, remeras y vinchas, entre otras señales de adhesión "chaqueñista", servían para mitigar la espera. La gente llama a la gente y cerca de las 17 la cola para ingresar daba vueltas al anfiteatro, que abrió sus puertas cerca de las 18, poco antes de que llegara la lluvia.  Para esa hora, Palavecino tenía agendada su siesta reparadora. Antes, se prestó para una serie de fotos con La Voz del Interior. Primero posó junto a la Virgen de Luján, en la zona de ingreso al predio y luego en la zona de los corrales, para apreciar a los caballos. "No los veo nunca, siempre llego, canto y me voy", dijo, mientras halagaba un alazán. El anochecer había alejado definitivamente las amenazas de lluvia y la primera vuelta de jineteadas sufrió un poco el campo pesado. A las 22.30, el clarín y el retumbo de los fuegos artificiales anunciaron el inicio de la noche y la llegada de Nombradores del Alba. La programación contemplaba también a otros artistas, como Jésica Benavídez, Murmullos, Maite y Los Cuatro de Córdoba, además de otras montas. A esa hora la multitud –que hasta las 22 tenía 15 mil entradas vendidas– esperaba otra criolla entrada de Oscar "Chaqueño" Palavecino al Anfiteatro –programada para cerca de la una y media de la madrugada– montado en su dilecto Poncho Negro, su padrillo peruano.