Crónicas en penumbras: Canción de orfebrería
Los trovadores Alejandro Filio y Carlos Varela desplegaron su música y su sensiblidad en la Sala de las Américas.
Por un impreciso motivo, la luz de la sala ha quedado despierta cuando Alejandro Filio entra en el escenario. Solo, con la guitarra en su mano derecha, atraviesa el tablado en unos lentos segundos hasta llegar a la silla, sola, que lo espera. El aplauso se ha soltado frente a su presencia, sí, pero esa luz hace que todo forme parte de la escena, que parezca un ensayo. El cantautor mejicano se sienta y siguen pasando lentos segundos de silencio. Hasta que empieza a hablar la guitarra.
Canta Un milenio después, y del raro clima que dejó a su imagen casi despojada en la Sala de las Américas de la Universidad Nacional, ha quedado alguna cosa clara: Alejandro Filio hace de la palabra y la guitarra, así, desnudas y solas, sus ingredientes existenciales.Es un trovador, un cantautor en estado puro, de esos que por América latina trazan caminos que van en un mismo sentido, con una intención de dejar testimonios amorosos (con los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés como los máximos referentes).
El cantautor, en especial cuando tiene aura de trovador como Filio, es un ave muy singular en el mundo de la música popular. Acaso no es totalmente poeta ni totalmente músico, como sucede cuando confluyen en una canción dos voluntades (es decir, cuando la letra de uno va con la música de otro).
Es como que las dos cosas van fluyendo en un solo río, por eso es que quizá en la sensibilidad de los cantautores en la mayoría de los casos la música y la letra brotan juntas o, al menos, la esencia de cada una es la esencia de la totalidad de la canción.La gente no ha venido en aluvión (una pena, por el valor de la propuesta) pero hay muchos que lo acompañaron en su anterior visita a Córdoba ("Fue hace tres años", le recuerdan), y más son los que se sienten acompañados con él en lo cotidiano de sus sentimientos. "No importa que digan que está trillado hablar de amor", canta él y cantan tantos (Brazos de sol).
Y aunque el amor es el balcón por el que Filio se asoma para ver los asuntos de la vida, la realidad lo sobrecoge, sobre todo la tremenda violencia que asuela a su país. "Hay un México caído, como ángel al olvido, pero es cierto que los buenos somos más".Después, es el cubano Carlos Varela el que sube al escenario, y lo dicho sobre los cantautores también le corresponde, aunque su estilo es diferente, menos trovador y con más aires de rock. Cuando canta Una palabra, el coro que despierta cuenta lo presente que está en una buena parte de los presentes.
Hay algo más de cronista que de poeta en su manera de trabajar las letras, como cuando cuenta la historia de un vecino de su barrio en la habana, que fue campeón de boxeo y se hundió en el alcohol.
"Sin amor nada es posible, sin amor nada vendrá, sin amor no somos libres", dice en su versión de la materia prima inspiradora de canciones (Como un pez sin mar). Hay una evocación para su compañero de generación y de la trova cubana, Santiago Feliú, y un ¡Viva Cuba! que se suelta libre en la sala.
Juntos hacen el final y dejan el espíritu encendido de una canción de orfebrería que sólo los cantautores pueden tallar.
Mucho dice el color, el timbre de la voz, la afinación y la pasión de una intérprete que decide salir a la vida del arte tratando de alumbrarse y de alumbrar inspiraciones de otros, pero acaso nada resulta tan decisivo como cuando, con el suspiro final, se tiene la sensación de que la canción no sólo ha sido invitada a estar, sino que ha pasado por el cuerpo y el alma de la cantante.
Algo así sucedió el sábado por la noche en la penumbra cálida de Garamobo, frente al Paseo de las Artes: Betiana Charny sabe que hay conmoverse primero para después conmover. La santafesina de 29 años vino presentar su disco de folklore Esta Voz, que dirigió nuestro notable Juan Ilñaki, invitado a la reunión.
Para cantar, Betiana debió resistir a los augurios de frustración que le vaticinaron enfermedades en las cuerdas vocales. Quedó claro: su lucha tiene sentido.

