Un episodio que divide al mundo
“La empresa perdona un momento de locura” resulta un sólido trabajo de interpretación de Luis Torres en la obra que expone la conciencia dormida del obrero explotado. Se podrá volver a ver hoy a las 21, en la Legislatura.
El texto del venezolano Rodolfo Santana ha atravesado décadas, crisis y discursos sin perder la fuerza ideológica que sintetiza el título. La empresa perdona un momento de locura vuelve a escena en la versión del director Omar Viale, protagonizada por Luis Torres y Cristela Falcone.
La anécdota es clásica, de manual, un ejercicio para coachs y estudiosos de legislación laboral, cada parte en tensión en el episodio que expone una situación cotidiana.
Orlando Núñez, un operario que lleva más de 20 años trabajando en la fábrica y actualmente está a cargo de las máquinas troqueladoras, ha tenido un momento de locura. A medida que se desenvuelve la conversación con la mujer que lo interpela, se infiere que pudo haber sido efectivamente locura, un arranque de ira o un acto de reivindicación por tantos actos anteriores, acumulados y muchas veces dolorosos.
El operario modelo traicionó la confianza de jefes y directivos. Ella, tan ajena al mundo de Núñez como ignorante de los motivos profundos de esa rabieta, lo interroga. Se diría que juega ostentando el poder, por el tono, el porte, la intencionalidad, la sospecha, el desprecio manifiesto. El relato ofrece datos al espectador que espía esa sesión de terapia a la fuerza.
Luis Torres en el rol de Núñez potencia y hace brillar el texto que suena demasiado desnudo en la puesta de Viale. El actor compone el obrero casi analfabeto, inmigrante del monte, sometido y con una intuición que lo vuelve un sujeto trágico. Un gran trabajo de Torres, en diálogo con Cristela Falcone, la actriz joven que realiza una labor correcta sin salir del estereotipo.
Hay en la puesta apenas algunos recursos. Viale genera interés con poco: un muñeco, una varilla metálica. No va más allá. Tampoco interviene el texto ni transfiere la supuesta locura al esquema de interpretación. Ahí están, la chica que la empresa asigna para el caso de Núñez y el hombre que va hundiéndose en su propia confusión.
Torres se para en el escenario, de gris, con la mirada que va mutando según el estímulo por el que la conversación lo lleva. Hay en el actor una postura elocuente por sí misma. El director sólo los deja hablar, decisión que hace flaquear el ritmo.
Una vez que se sabe cómo murió el hijo mayor de Núñez y la cronología que configura su mundo de carencias, no hay sorpresa.
A pesar de la austeridad y el concepto conservador con respecto a la obra de Santana, en la Sala Regino Maders de la Legislatura, sobre la tarima, el texto del explotado sonó más amargo que nunca.
La empresa perdona un momento de locuraDramaAutor: Rodolfo Santana. Dirección: Omar Viale. Intérpretes: Luis Torres y Cristela Falcone. Escenografía y vestuario: Giulia Petrucci. Viernes a las 21 en la Legislatura.

