Temas del día:

Punto de vista: el teatro cordobés, fuera de la zona de confort

Las condiciones físicas de las salas independientes requieren un cambio estructural para que el público haga honor a la oferta variada e interesante de obras estrenadas en Córdoba.

24 de agosto de 2015 a las 02:50 p. m.
Punto de vista: el teatro cordobés, fuera de la zona de confort

Cuando el placer está asociado a la comodidad, el espacio no es un tema menor a la hora de plantear qué necesita el espectador, objetivamente, para adherir al sistema de salas independientes de Córdoba.Días atrás, hablando de comunicación y artes escénicas con el periodista y crítico español Carlos Gil, apareció el tema, talón de Aquiles que muchos reconocen, junto a las falencias en torno a la comunicación y el perfil de obras programadas. Frente a la falta de salas y las carencias del circuito que se sostiene con dificultades económicas (aun subsidiado) y de gestión, parece ocioso pensar en el tamaño y alto de las gradas (¿gradas?), en almohadones, aire acondicionado o estacionamiento.Suena accesorio pero hoy las salas tienen que ampliar su público, ya que los habitués son un grupo limitado (tampoco los artistas van mucho a ver a sus colegas). La población joven toma rumbos que encuentran cauce en otras expresiones artísticas y formas de diversión, mientras los mayores se sienten excluidos por las condiciones físicas. La población adulta (y mayor) busca seguridad en sentido amplio: butacas o sillas para apoyar la espalda, instalaciones bien iluminadas, ambientes climatizados, y un largo etcétera que muchas veces determina la elección del evento donde concurrir. Los jóvenes le ponen el cuerpo al maltrato, naturalizándolo.Trepar a una grada y compartir el metro cuadrado con otro espectador que no puede extender las piernas ni moverse; sentir que los ambientes se cierran irremediablemente una vez iniciada la función y tantas otras circunstancias que el público no habituado vive como una concesión excepcional, no contribuyen a crear ese público en general que le pone el hombro y las vértebras al teatro independiente. Si bien hay salas que califican claramente por las instalaciones que ofrecen, la mayoría, de dimensiones pequeñas, exigen un esfuerzo extra del público que debe acomodarse a las condiciones concretas del lugar. Si se ha podido avanzar en el modo de reserva de entradas, paulatinamente debiera iniciarse un cambio estructural del circuito. ¿Una sala para cada grupo? ¿Qué tipo de sala? Ese anhelo de algunos sigue siendo la necesidad del equipo que sube a escena, que muchas veces deambula en busca de un hueco en la programación de salas ajenas."Hay una superoferta de obras, la tormenta perfecta", comentó Carlos Gil, y además largó la bomba de que el teatro independiente (fenómeno inexistente en Europa) carece de producción como circuito. Frente a la plaga de baratijas consideradas cultura, el teatro debe remar en aguas cada vez más turbulentas y sin perder el rumbo. Entonces el tema de las salas es clave."Algunos están cansados de tener una sala", comentó un artista, reflexionando sobre la realidad de ese trabajo que se suma, en simultáneo, a la producción, puesta y difusión de obras. Lejos de la división del trabajo, los responsables de sala deben afrontar todas las tareas.

Comodidad conceptual

Quizás la solución a los problemas de infraestructura permita entrar con más energía en otro tema, el que marca la diferencia entre los distintos tipos de teatro. Está el teatro que refuerza el confort, y el que saca al espectador de esa zona. El término de la psicología, muy usado por el coaching de superación personal, señala gráficamente, con esa metáfora, la actitud frente al riesgo, el aprendizaje y la creatividad.

Aun en salas muy incómodas, ocurre el teatro que mueve estructuras, discursos y certezas. Esto último, valorado positivamente, no justifica lo primero. ¿Cómo captar al espectador? Hay que sacarlo de su casa en la noche, para que acceda a esa zona de riesgo donde una obra lo invita a modificar hábitos, a observar, quizás por primera vez en la vida, conflictos sofocados, y experimentar nuevas sensaciones.

Si el consumo pasivo posterga y hasta elimina la capacidad para tomar iniciativas, la experiencia del teatro en vivo abre la posibilidad de recuperar la entidad de espectador que, momentáneamente fuera del ocio y el entretenimiento habituales, arriesga su sistema de creencias y la historia de sus vínculos afectivos en la penumbra compartida.