Problemas en el living burgués
Nuestro comentario de la obra "Perros que ladran por costumbre". ¿Ver o no ver? enterate acá.
Durante muchos años el drama burgués fue un instrumento de afirmación ideológica de la clase de la que provenía y a la cual se dirigía. Por alrededor de dos siglos el teatro se volvió servil a las certezas, las axiologías y los modelos consagratorios de la burguesía. Nada de la estructura dramatúrgica podía atentar contra los núcleos sagrados del trabajo y la familia. El living, escenario predilecto de aquellos espectáculos, era atravesado por el conflicto, pero devuelto finalmente a la armonía.
Con el correr de los años la nueva clase dominante empezó a mostrar la hilacha y las fisuras de una moral menos sólida de lo que aparentaba. Los dramaturgos abandonaron entonces la dramaturgia celebratoria del aparato burgués para ahondar en sus miserias humanas. El estadounidense Edward Albee fue uno de los que se animó a mostrar los gusanos que perforan a la manzana sagrada del matrimonio en ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, inmortalizada en la adaptación cinematográfica protagonizada por Elizabeth Taylor. Eduardo Rivetto parte de ese clásico texto para escenificar el presente de dos parejas y sus vínculos enfermos.
Perros que ladran por costumbre sigue la lógica del palimpsesto, sobre el esquema original de Albee el dramaturgo cordobés reescribe el drama doméstico y contemporáneo de un dúo viciado. Elena (Eva Bianco) y Mario (Eduardo Rivetto) reciben en su casa a Nicolás (Pablo Tolosa) y Dulce (Julieta Daga), el nuevo abogado de la clínica familiar y su joven esposa. La visita de ambos se convierte en la ocasión de los anfitriones para sacar sus trapitos al sol. Junto a los primeros tragos se sirven una larga lista de reproches, el dolor y el cinismo son las partes iguales de un ácido cóctel.
Situados en una escenografía hiperrealista que reproduce con exactitud un living de clase media-alta, los cuatro actores (todos muy bien en su papel) dan rienda suelta a un juego macabro. Nada de lo que allí suceda pertenece al orden de lo socialmente pautado: confesiones, acusaciones, ofensas e insinuaciones histéricas rompen con el decoro y la pulcritud arquitectónica del escenario.
Sin rupturas espaciales ni temporales, y con recursos escénicos más bien tradicionales, la obra permanece apegada a los cánones estéticos del realismo y confía el ritmo a los matices del texto y el oficio de los actores a la hora de decirlo. Las revelaciones aberrantes se mezclan con el humor cínico generando un poderoso atractivo. Los ojos se vuelven famélicos frente al plato de morbo y mambo que ofrecen esos cuatro amantes desorbitados. Perros de una raza extraña que permanecerán juntos y seguirán ladrando hasta que el monstruo de la costumbre termine por aplacarlos.
Perros que ladran por costumbre
Con: Eduardo Rivetto, Eva Bianco, Pablo Tolosa y Julieta Daga. Dirección: Sergio Ossés. Funciones: Domingos de noviembre, 20 y 22, en la Casona Municipal (Genera Paz y La Rioja). Entrada: $ 50. Tel. (0351) 152-410633.

