Nuestro comentario de la obra "Pena de fuego": Una evocación de las condenadas
Nora Sommavilla y Valentina Marello interpretan a dos mujeres presas en la cárcel de mujeres del Cabildo de Córdoba. Pena de fuego actualiza el drama de tantas mujeres recluidas en ese edificio histórico.
En el espacio casi desnudo, la imagen de dos camastros suspendidos genera desasosiego. Una mujer reza. La voz narradora en off dice que es el año 1793 y que la acción transcurre en el Cabildo Histórico de Córdoba, el mismo que se ve hoy junto a la Catedral y frente a la Plaza San Martín.
La imagen de la obra Pena de fuego corresponde a la cárcel de mujeres. Cuando entra el carcelero español con una india delgada, joven, visiblemente maltratada, Teresa detiene el rezo y parpadea como si fuera capaz de sorprenderse. Nora Sommavilla (como Teresa) y Valentina Marello (como Lorenza) interpretan a las presas que sufren violencia por partida doble: el virrey las considera peligrosas y, además, son mujeres. Joaquín Torres es el alcaide que usa el látigo. La puesta de José Luis Arce compone el cuadro de maltrato que propone la dramaturga Rosana Aramburu en una de las obras ganadoras del concurso Bancor.
La fuerza de la obra está en las actuaciones que ponen en tensión las diferencias. Lorenza es la india que conoce el sueño emancipatorio de Tupac Amaru. Valentina logra un personaje arisco, de movimientos que semejan al de un pequeño animal acorralado, y contrasta con la actitud de Teresa. Ellas expresan opuestos que, no obstante las diferencias de cuna, lenguaje e historia, sufren el mismo régimen y la misma crueldad.
Pena de fuego también marca el regreso de Nora Sommavilla a la actuación después de siete años. La actriz va moldeando las transformaciones desde la ilusión con la que Teresa borda el manto de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción, como pasaporte a la libertad, hasta la comprensión del drama que las envuelve. La señora acusada de robo calla, prefiere imaginar otro mundo posible, aunque guarda en la memoria el pasado de esa celda inhóspita. Nora Sommavilla transmite las emociones sin golpes bajos. La actriz lleva la mayor carga de la palabra, desprovista de discursos que trascienden la pobre realidad cotidiana.
El carcelero, un castizo Joaquín Torres, aviva el malestar, la amenaza y funciona como reflejo tenue de la ferocidad con que fueron tratadas las presas en esa época y, en la más reciente, la última dictadura militar, en el mismo lugar. Los diálogos van guiando al espectador hacia la comprensión de la historia en la que las mujeres se relacionan por necesidad y tristeza. La obra se potencia con la edición de sonido que amplifica el espacio y alude sin mostrar. En tanto, las palabras liberadoras llegan por boca de Lorenza, mientras Teresa vive el cambio que el espectador percibe en cada movimiento de la actriz.
La obra asume la voz silenciada de las mujeres e instala la atmósfera virreinal que engendró diferencias e injusticias. Parecen tan lejanas pero el teatro es el instrumento que actualiza el drama. La voz narradora aporta nombres que engrosan la lista que Teresa repite como en una letanía. Son mujeres con nombre y apellido que sufrieron acusaciones, que fueron arrancadas de sus hogares bajo cargos que el poder virreinal y eclesiástico avalaban. Lorenza finalmente habla, arenga en su español atropellado, hace memoria, celebra sus ritos, no olvida el asesinato de Tupac Amaru, llama a la liberación. "A mí no me van a quebrar", dice, por boca de Valentina Marello, que se agiganta en el gesto y la potencia.
Las mujeres se encuentran más allá del dolor y del efímero tiempo de sus existencias. La obra plantea esa estampa en la que ellas son el presente de tantas otras a las que Pena de fuego evoca y recupera. El fuego de la culpa de Teresa se transforma en otra llama que involucra emocionalmente al espectador. Suenan los nombres mientras baja la luz en el silencio incómodo de la sala. Ellas son las señaladas y condenadas, por bruja, ladrona y prostituta, la trinidad infame con que el poder se ocupa de las mujeres caídas en desgracia.
Para ver. Pena de fuego. Drama. De Rosana Aramburu. Dirección: José Luis Arce. Con Nora Sommavilla, Joaquín Torres y Valentina Marello. Diseños de vestuario, utilería e iluminación: Estefanía de Gennaro. Compaginación y diseño sonoro: Simón Garita-Onandía. Viernes a las 21 en La Cochera (Fructuoso Rivera 541, barrio Güemes). Reservas al 153-161117.

