Extraño juguete: una casa llena de guiños teatrales
El elenco que dirigen Luciana Mealla y Belén Castillo presenta el clásico de Susana Torres Molina. Los domingos en María Castaña.
Como en una casa de mentiras, una estructura que se mueve a voluntad de los actores, la primera imagen de Extraño juguete capta al espectador. La obra de Susana Torres Molina se mete en la intimidad de dos mujeres que abren la puerta a un vendedor de lencería.
Son hermanas, Angélica (Jimena Ghisolfi) y Perla (Soledad Pérez), mujeres solas que se alteran con la presencia de un merodeador, el hombre que finalmente entra a la casa sin violencia. Maggi (Luis Iglesias) ofrece su mercadería y traba una relación inclasificable con ellas. Cuando entra en escena el tal Celestino Maggi, los roles se ponen en ebullición.
Sobre el tapete, la estructura de la casa da vueltas cuando la dinámica de la puesta lo requiere. El dispositivo lleva la firma de Natacha Chauderlot.
En ese cotidiano raro, en el que ellas hablan de trivialidades, Perla peina a Angélica, mientras suena la música en una radio que una de ellas acciona. La obra que dirigen Luciana Mealla y Belén Castillo incluye música de los años 1970, el toque de antaño, junto a objetos que reconstruyen esa época en algún lugar de Argentina. La casita museo, indefinida en su ubicación geográfica, se mueve en torno al teatro.
El texto de Susana Torres Molina, estrenado en 1977, instala el humor a partir de tres personajes fuera de eje, con gestos y diálogos que suenan disparatados. En la puesta que busca la precisión, se percibe, aun así, algo fuera de lugar.
Jimena Ghisolfi, con la superposición de vestidos, es la hermana soñadora y libre. También se anima a momentos dramáticos y emotivos (cuando recuerda los domingos de paseo con su padre) creando un personaje tierno y sencillo. “Son recuerdos, y los recuerdos no le importan a nadie”, dice. En tanto Soledad Pérez, como a hermana que lleva la batuta, imperativa y estricta, compone la contracara de Angélica. Su personaje mantiene el carácter, armando y desarmando los climas.
Las actrices se complementan y entablan la alianza a propósito del hombre con la valija. Iglesias es un partícipe necesario y funcional. En el rol del vendedor libera su propio humor, con la lora embalsamada, y ofrece la réplica constante a la conversación de las clientas.
Extraño juguete es un juego teatral entretenido. Aceptar las reglas del juego es clave.
La autora propone la ambigüedad de los personajes. La dinámica de la obra está por encima del conflicto. Con palabras sutiles que develan al final el misterio oculto durante una hora, el texto expone la soledad y sus condiciones. O el aburrimiento. La anécdota une a tres personajes que se desvanecen en el aire. La teatralidad que mueve la casa y el texto ofrece las preguntas dentro del espacio acotado de una fantasía bien controlada. En la versión de Mealla y Castillo no es explícito el juego de clases sociales. La dominación se ofrece en un segundo plano, detrás de los recursos y el atractivo del juego que involucra a los tres personajes, en igualdad de condiciones.
Para ver. Extraño juguete. Autora: Susana Torres Molina. Dirección: Luciana Mealla y Belén Castillo. En escena: Jimena Ghisolfi, Soledad Pérez y Luis Iglesias. Obra ganadora del Fondo Estímulo a la Actividad Teatral Cordobesa en 2016. Domingos a las 21 en Sala María Castaña, Tucumán 260, B° Centro. Entradas: ; jubilados y estudiantes, . Anticipadas en boletería del teatro.

